Fernando Alonso y el puto motor Honda

04 de Marzo de 2026
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Fernando Alonso

La segunda etapa de Fernando Alonso en McLaren quedó marcada por un proyecto que nació con ambición de campeonato y terminó convertido en un fiasco intolerable. La alianza con Honda entre 2015 y 2017 prometía revivir una era legendaria. En la práctica, se tradujo en falta de potencia, problemas crónicos de fiabilidad y una integración deficiente en plena revolución híbrida.

Honda regresó tarde a una normativa extremadamente compleja. Su concepto inicial de unidad de potencia priorizaba la compacidad, pero el rendimiento no acompañó. McLaren acumuló penalizaciones por cambios de componentes, sufrió abandonos en cadena y quedó relegado a la parte media y baja de la parrilla. Alonso, fichado para liderar el renacimiento, pasó más tiempo gestionando daños que peleando por podios.

La escena de Suzuka 2015, con su célebre mensaje por radio comparando el motor con uno de GP2, simbolizó el desencuentro. No fue un exabrupto aislado, sino la expresión pública de una frustración sostenida durante tres temporadas. A finales de 2017, la relación se rompió. McLaren buscó otro proveedor y Honda reorientó su camino.

Lo que sucedió después cambió el relato. Honda encontró estabilidad junto a Red Bull Racing. El resultado fueron campeonatos del mundo con Max Verstappen y el regreso de la marca japonesa a la cima de la Fórmula 1 moderna. El mismo fabricante que había sido cuestionado demostró que, con la estructura adecuada, podía construir una unidad ganadora.

Ahora el foco vuelve a situarse en Alonso. Aston Martin compite actualmente con unidad de potencia Honda, y el rendimiento no está siendo el esperado. Los problemas de entrega de potencia, eficiencia energética y fiabilidad han condicionado el inicio de proyecto. El equipo ha mostrado destellos en determinadas sesiones, pero la consistencia en carrera y la comparación directa con los equipos punteros evidencian que el paquete aún está lejos del estándar necesario para luchar por victorias.

En este contexto, la figura de Adrian Newey adquiere un peso estratégico. Considerado el diseñador más influyente de la era moderna, su capacidad para integrar aerodinámica y concepto global de coche será determinante. Newey no es responsable del desarrollo interno del motor, pero sí del entorno técnico que permite maximizarlo. Su historial demuestra que sabe construir plataformas campeonas cuando dispone de tiempo y coordinación entre departamentos.

La diferencia respecto al pasado es clara: Honda ya ha probado que puede ganar en esta era. Y el desarrollo del motor estuvo controlado por Adrián Newey. 

Pero a Fernando Alonso quizá le queden pocos meses en la Fórmula 1, quizás sea esta su última temporada. Es una auténtica tocada de pelotas que el motor Honda  pueda volver a dejarle otra vez en la estacada. 

Todos recordamos aquel accidente  terrorífico en 2016 de Fernando Alonso. Con un motor Honda que no funcionaba. Y fue exactamente en Melbourne, Albert Park, en el Gran Premio de Australia. 

A la afición le toca bailar la danza de la lluvia y encomendarse a la fortuna y a los dioses para que algún tipo de milagro salve al piloto más veterano de la parrilla, a Maravilla Alonso. 
¡Queremos verle luchar por el Mundial!


Tigre Tigre.

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