Alonso, Ferrari, Verstappen y los MacLaren

27 de Julio de 2026
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Alonso, Ferrari, Verstappen y los MacLaren 

De Kimi Antonelli confieso se me atraganta un "poco bastante"  que sea el favorito de su jefe, Toto Wolff, de modo tan evidente y descarado. 

Está claro que es un piloto magnífico y que si el dueño de Mercedes F1 le ha elegido como favorito debe ser ante todo por su maestría como piloto. 

Pero aún así... A mí me caía bien, George Russell, el chaval que arrasó en f3 y en f2 y cuando tuvo la oportunidad de subirse a un Mercedes sustituyendo a Hamilton se comió a Bottas y tuvieron que hacer una triquiñuela para que no quedase primero. Y a continuación batió a Lewis Hamilton en su propio terreno. 

Había sufrido, había luchado, y se lo merecía poder luchar por el título este año. Aunque el merecimiento, ya lo sabemos todos porque lo aprendemos en un momento u otro de la vida, es algo muy relativo. 

Después del Gran Premio de Hungría el Niño Antonelli lleva ya más de dos carreras de ventaja sobre su inmediato seguidor, Lewis Hamilton. Aunque tengo la casi absoluta certeza de que Liberty Media  sabrá barajar las cartas con su inteligencia habitual y casi seguro que llegaremos a la última carrera sin saber quién es el campeón. De eso se trata ahora mismo, de mantener el espectáculo. 

De la F1 de Stirling Moss o de Stewart o de Senna o incluso de los primeros tiempos de Alonso, ya no queda prácticamente nada. Es casi más peligroso, y sin casi si lo valoramos en lesiones, dedicarse al tenis que a la F1 en estos tiempos. 

Por eso es tan bonito y esperanzador que Fernando Alonso que ha conocido la evolución, decadencias incluidas, de la Máxima, siga el volante de su propia carrera y siga confiando en Adrián Newey. Los aficionados pueden seguir soñando con que será campeón el año que viene. Que toquen madera, por si acaso. 

Al borde de un abismo, casi parece una película de risa, es lo de Ferrari. Tenía los dos coches a punto de podio y como suele ser habitual en ellos finalmente consiguió boicotearse a sí misma y a sus dos corredores. Cuarto y quinto.

Es por ello lo más natural que Verstappen siga despreciando la oferta del Cavallino Rojo y prefiera escuchar los cantos de sirena de McLaren, que en el Gran Premio de Hungría han demostrado que vuelven a funcionar. Lando Norris se subió al cajón más alto, a pesar de su ansiedad, evidente incluso desde el otro lado de la pantalla, que le hacía excederse en su forma de conducir ycometer errores todo él tiempo. 

La Fórmula 1, el Gran Circo... Si los espectadores actuales pudiesen ver alguna de las carreras completas de los primeros tiempos...  Se les caerían los palos del sombrajo, como diría el abuelo del gran Carlos Alcaraz.

Mientras tanto les recomiendo la novela de Javier Puebla EL SABOR DEL ÚLTIMO BESO inspirada en la vida del marqués de Portago y el primer piloto español en conducir un Ferrari de F1 y subirse al podium. 

El último beso, sí..., en aquella época cuando bajaba la bandera de salida había más de un 5% de posibilidades de que no se llegara a ver la de llegada. 

Esas cosas ahora solo suceden en las novelas que devoran, por algo será, los adolescentes y los niños. 

Tigre Libre

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