Tiesos, la mayoría invisible

Estos personajes, los tiesos, están sin blanca, pero no lo parecen. Visten, viven y comen más allá de su microeconomía. Llegados a este punto mejor diferenciar el ser al estar tieso: serlo es una constancia, algo adquirido, un estatus

11 de Mayo de 2026
Actualizado a las 10:17h
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JC ARIAS TIESOS (002)

Nuestros políticos y autoridades tienden a presentarnos un panorama constante de bonanza económica, seguridad ciudadana y armonía social. Pero ese prado, donde pastan discursos con sesgo, consignas de partido o dogmas del buenismo, no se riega lo suficiente. La hierba se seca. Cualquier ciudadano aguanta lo que sea (corrupción, mediocridad de líderes, polarización política, desinformación) hasta que le tocan el bolsillo. Nuestros gestores cansan con bondades de la macroeconomía. Pero la cartera de la ciudadanía es cortita, no da ya ni para ahorrar.

Eurostat (el INE europeo) reitera, desde principios de esta década que España es el tercer país con mayor tasa de pobreza laboral. Afecta al 11,2% de quienes trabajan. Precisan, demasiados currantes, de ayuda social, el socorrido apoyo familiar o el recurrente pluriempleo. Las estadísticas del CIS confunden cualitativo con cuantitativo sobre el desempleo, la subsistencia del mileurista, intenciones de voto o tendencias de la opinión pública. Estudios foráneos o privados son más fiables. Calcan más los propósitos del algoritmo gubernamental, las brechas de género, población vulnerable, respeto medioambiental, sostenibilidad y el ya deteriorado estado del bienestar, por ejemplo.       

Cáritas-FOESSA, en 2025, desveló que un 25,7% de españoles (más de 14 millones) están en riesgo de pobreza o exclusión social. Las tasas infantiles de carencias básicas se acercan al 30%. Se supera el 40% en comunidades del sur español. Políticos y autoridades callan ante tan cruda realidad. Sin embargo, el 10% de nuestros adinerados posee el 54% de la riqueza patria según Capgemini-UBS. Tal segmento social crece al año un 13,6%. Integra una plantilla que según expertos oscilas entre los 250.000 y 945.000 españoles, siendo sólo 33 los milmillonarios. El parámetro usado para considerarse rico es poseer más de 1 millón de euros.

Señoras, señores; así está el patio. La minoría potentada española creció mucho en poco tiempo, especialmente desde la pandemia de 2020, la subida de precios de lo esencial para sobrevivir (alimentos, combustibles, suministros), los tributos, el transporte o la vivienda. Los pobres son millones infinitos y la antigua clase media baja más de lo deseable. Se convirtió en superviviente.

¿Adiós a la clase media?

Para no perder referentes objetivos, analicemos a la clase media. La OCDE la pauta entre hogares que ingresa entre el 75% y el 200% de la renta media española. En 2025 y 2026 se calcula, en bruto, entre 1.145€ y 3.052€. Eso es teoría; la práctica chirría sobre las alzas del coste de la vida.

Franco, antes de expirar, repetía que la clase media era su legado. Creyó dejarla ‘atada y bien atada’. Pero fue la que votó, como ‘mayoría silenciosa’, a Suárez (UCD) en la transición para evitar sobresaltos fratricidas. De igual modo, confió a ciegas en el cambio, que arrasó las urnas, con el carisma de Felipe González (PSOE).

Esa clase media silente poco a poco cayó en el consumismo. Votó después al bipartidismo PSOE-PP, que pactó con quien fuera por la poltrona. Y quiso prosperar. Más, si cabe, que generaciones precedentes de la posguerra.

Como es difícil remediar el vivir por encima de los ingresos, nos cercaron la cartera -o el bolso- hipotecas, conflictos, herencias, divorcios, despidos o deudas. Gastamos, más allá de lo imaginable, por encima de lo debido e ingresado. Y llegan las rebajas. En ese territorio social empezaron a cocinarse los tiesos. Maridaban la clase alta venida a menos o la media superviviente en trance de extinción. 

Estos personajes –los tiesos-  están sin blanca, pero no lo parecen. Visten, viven y comen más allá de su microeconomía. Llegados a este punto mejor diferenciar el ser al estar tieso: serlo es una constancia, algo adquirido, un estatus. Estarlo es circunstancial. Llamémosle es atravesar mala racha.

La perspectiva vital indica que cuando éramos más jóvenes andábamos cortitos. Dependía la cartera personal de los padres, familiares o empleos mal pagados. Después, el tesón y el talento o el conformismo hace de las suyas: se fracasa, no se llega, se mantiene, se prospera o se triunfa rápido de lo que proyectábamos. 

Quienes se quedan por el camino de la supervivencia engrosan la tiesura (perdonen el palabro), no nos engañemos. Esta clase social ya es mayoritaria, ni lo duden. Sólo falta ratificarlo alguna universidad foránea para enfrentar la incredulidad española a los que no queremos constatar. Como vemos los estudios oficiales (INE, CIS) no suman verdades populares.

La tiesura tal cual

Quien suscribe lleva lustros, décadas observando a los tiesos en su salsa. Una herramienta fue investigar lo privado, que no íntimo. Sevilla además es buen cuartel para diseccionar a quien está cortito, faltito, pato, pelado o a dos velas. La capital de la Giralda inventó la picaresca y alojó al preso Miguel de Cervantes tras apropiarse de tributos: ¿Les suena, en 2026?

Servidor puso en la lupa a estos tipos. Los desmenuzó en el volumen Tiesos. Cómo identificarlos, desmontarlos y lucharlos (Samarcanda, 2026). Está feo que un autor, como aquel Francisco Umbral insistiendo en un plató televisivo, hable de su libro tras aburrirse esperando turno. Pero con el exigible humor se perdona todo. Además, documentar este trabajo hizo divertido tal proceso. Se suma el interés de las fuentes más los datos logrados. La temática ya tiene ensayo pionero. Hablamos que cualquier es, fue o será tieso. Es algo invisible, aunque está ahí este discreto fenómeno social, que no popular. 

Vayamos al grano. En la tiesez (nuevo palabro) encontramos ciertos personajes-tipo. Adolescentes y jóvenes con la caradura del quedarse, no devolver, hacerse el sueco ante el pago o excusar lo que haga falta. También hay parejas cómplices que en almuerzo o cena de amigos pillan más tajada, beben más o piden lo más caro. O jubilados supervivientes cuya tiesez les cuela en filas de las ofertas. También hay jetas de todas las edades que se aprovechan de la buena fe ajena. Este pastel quien carece o no puede se reparte entre hombre y mujeres, no hay brecha.        

Hay tanta tiesura que admite más clasificación por sus pautas. Están los   Clásicos (los más dignos), Prácticos (Activos y pasivos), Invisibles y digitales (Anónimos y discretos). Inclusivo se vienen arriba con Orgullo Tiesy, añadiéndose los Palmeros, aduladores y serviles (pelotas de-toda-la-vida). Otros están avergonzados (No lo asumen) o dan bochorno con su jeta (emulan al film de Woody Allen ‘Coge el dinero y corre’).

Mucha tiesura es discreta. Se difuminan actuando como parte de grupos. Sus escenarios son grupos de WhatsApp, comunidades vecinales, sindicatos y partidos, trabajo, aulas, viajes, barras, terrazas, restaurantes, supermercados, eventos u hoteles.

No podemos obviar al agresivo o filo delincuente, quienes sólo pretenden el sexo gratis (¿en tu cama o en la mía?) o trasgreden las entendederas humanas: son rácanos sin tasa, miserables, resentidos o codiciosos natos.

¿Qué prefieren? Aplazar, dudar, preguntar, sopesar, comparar o deber. Les encanta el anglicismo: sale, outlet, low cost, black friday, happy hour… Y lo gratis, las rebajas, 2x1, 3x2, gangas u ofertas o comprar modo yate (ya-te-pagaré).

¿Qué detestan? Comprar, pagar, proyectar, invitar... Algunos anglicismos: specials, not included, cash, now…. Les dan alergia términos que entrañan sobreprecio: gastro, bio, eco y se alejan del bizum porque entraña pagar, un verbo que mejor no conjugar en este mundillo. 

Cáritas, en 2025, desveló que un 25,7% de españoles (más de 14 millones) están en riesgo de pobreza o exclusión social. Las tasas infantiles de carencias básicas se acercan al 30%. Se supera el 40% en comunidades del sur español

¿Son invisibles?

Sobre estos personajes, la plantilla de la tiesura, que parecen no existir añadimos que son difíciles de ubicar y de identificar. Digamos que se esconden detrás de etiquetas que ellos mismos refuerzan o que otros les asignan. Sobreviven, nuestros tiesos y tiesas, cortos de recursos, asfixiados por hipotecas, deudas o alquileres o fingen un estatus social muy alejado de sus ingresos. Algo muy común entre españoles. No olvidemos de paso que, con frecuencia, se presentan como víctimas. Son incansables para buscar alguien a quien culpar de sus despropósitos.

¿Coleccionan demonios privados?

Nunca, además, admiten las carencias que sufren. Logran, de igual modo, sacar ventaja de todo. Inclusive, parte de estos tiesos son hábiles con el teclado del ordenador, manejan herramientas digitales y usan la socorrida inteligencia artificial.  en internet. Otros gastan más de lo que tienen para aparentar, sin asumir las consecuencias: ¿Les suena?

Esta radiografía de la tiesura es la que nos hace dudar de si son invisibles a nuestras entendedoras o los tenemos demasiado vistos. Si los hallamos muy cerca, gracias al subconsciente personal que los detecta y aparta con talento, aclaramos que no desfallecen, siempre están ahí.

Son quienes chafan conocer un nuevo restaurante, por ejemplo. Parapetados en grupos de mensajería sueltan tras proponerse algún descubrimiento que su cuñada o amiga fue antes y es caro y malo. La razón: vieron la carta a priori y es incompatibles su economía con los precios que escandalizan su bolsillo.

Tal tiesez (perdonen, de nuevo, otro palabro) dice disfrutar de lo ‘vintage’, lo enmarcan como tendencia. Es decir, usan muebles de herencias, regalos o rapiñas. Dicen descartar el renovar mobiliario porque ‘no toca’. La verdad es que no hay dinero para actualizar mueble en el hogar.

Nuestros tiesos lo que ansían y no pueden permitírselo lo descalifican. La conclusión es que los tiesos no son invisibles. Son tropa de amplia plantilla que, además, tienen la piel muy fina. Están siempre a la defensiva, replican con reproches y no se cansan de maquillar su cotidiano de cortitos con ocurrencias de escaso recorrido o proyectar sus carencias.

Las candidaturas perfectas de la tiesura nos sobran, si consideramos el texto previo. Pueden identificar a parte del vecindario, amistades, compañeros/as laborales, superiores, familiares o esos cuñados/as que no soportamos. De los suegros, ex parejas o antiguos amigos/as mejor no hablar. ¡Es otra historia!

 

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