Durante los últimos tiempos, para los españoles, la República Dominicana se percibe como meca -impune- de corruptos y millonarios. O paraíso fiscal donde defraudadores y clientes del turismo sexual en una isla caribeña cuya territorialidad comparte con el olvidado Haití.
La antigua Española es mucho más. Es tierra de talento, de luz, de arte con mayúsculas, de naturaleza exuberante, de gentes, comida y bebida geniales. Es lugar donde ningún español percibe que está fuera de su hogar gracias a la hospitalidad de sus sonrientes pobladores. Son los habitantes de Quisqueya, como llamaban los taínos a su ‘madre tierra’.
En cuestión de música, instrumentistas, compositores y ritmos maridados la República Dominicana es una potencia mundial. El inolvidable Johnny Pacheco (1935-2021) fue el alma de la Fania Records & All Stars, sello y elenco que universalizó la música latina y caribeña desde finales de los sesenta del pasado siglo hasta principios del presente.
De aquella factoría neoyorquina salieron estrellas como Héctor Lavoe, Willy & Santos Colón, El Conde, Rubén Blades, R. Barretto, I. Quintana, B. Valentín o Cheo Feliciano. Y resucitó a los irrepetibles Mongo Santamaría, Celia Cruz y Tito Puente hasta llenar estadios y vender millones de discos.
Otro dominicano, Michel Camillo, reina en el Village con el virtuosismo de su piano en el cosmos del mejor Jazz. Un baile genuino, el merengue, nos alegran la vida con Johnny Ventura y Wilfrido Vargas. Juan Luis Guerra (1957) es un aparte. Tiene marca personal; marida merengue, bachata e integra, con voz sutil, el perico ripiao, danzón con son que invita a todo.

Nuevo tour español
Juan Luis Guerra es alto, afable, cercano. En el escenario no se mueve mucho, ni baila o corre para añadir movimiento a su música. No es plano, ni serio, pero trasmite un suave carisma que atrapa; es patrimonio sentimental de generaciones. Con barba, chándal, gorra de plato, pañuelo scout al cuello e índice izquierdo pegado al oído, despliega todo su talento tal cual al público. Ese cómplice que corea sus letras con las mejores sonrisas felices. El respetable baila, canta y grita en modo carpe diem. Olé.
La gira estival de 2026 de Juan Luis Guerra es ubicua. Agota entradas allá donde recala. El pasado 3 de julio aterrizó, con sumo éxito, en Las Palmas (Gran Canaria) en el Live Fest. La noche de calorazo del 5 de julio en Sevilla (Icónica Sevilla Fest). Proseguirá el 10 de julio en Mallorca (Trui Son Fusteret), el 12 en Sanxenxo (Plaza de Toros); el miércoles 15 irá a Marbella (Starlite Occident). El 18 de julio estará en Murcia (Plaza de Toros). El miércoles 22 en Tarragona (Caixabank Tarraco Arena). Concluye en Lanzarote, donde más canarios y latinos allí afincados gozarán a tope.

Talento y éxito pausado
Las letras del dominicano rebosan poesía, mensaje, reivindican lo justo. Desde que creó el grupo 4.40 hizo del merengue y la bachata, ritmos locales dominicanos, fenómenos mundiales. Añadió valor a la música latina que luchó, desde la Fania, el irrepetible Pacheco. Guerra es el mejor embajador de su país por el mundo. Congrega con su voz, letras y música a tantos latinos como Rubén Blades o Bad Bunny en multitudinarias galas.
Ojalá que Llueva Café (1989) es álbum que sincretiza lo social y romántico. Ahí se consagra junto a piezas como Visa para un Sueño y un homenaje a Venezuela (Woman del Callao). En 1990 forja el éxito con Bachata Rosa. Lo corrobora con Areíto (1992), que incluye El Costo de la Vida, grito de justicia musical contra la pobreza de dominicanos y latinoamericanos.
Fogaraté (1994) es un trabajo que marida merengue rápido (perico ripiao) con soukous sudafricano (El beso de la ciguatera) bajo la guitarra del congoleño Diblo Dibalá. Ni Es Lo Mismo Ni Es Igual (1998) logra 3 Latin Grammy. Para ti (2004) plasma su identidad cristiana. Desde entonces no para (La llave de mi corazón-2007, A son de Guerra-2010, Colección Cristiana-2012, Todo Tiene Su Hora-2014, Literal-2019, Privé-2020, Entre Mar Y Palmeras-2021, Radio Güira-2023, Capitán Avispa-2024)
Tras doctorarse con honores en el Berklee su solidaridad la unió a causas justas donde añade astros en los escenarios: Tony Bennet, Alejandro Sanz, Luis Fonsi, Milly Quezada, Enrique Iglesias, Emmanuel, Juanes, Miguel Bosé, Maná, Diego Torres, Ricardo Montaner, Nelly Furtado.
El ‘color especial’ sevillano
La universal canción de Los del Río no engaña. La capital de La Giralda tiene un color especial. Guerra, antes de actuar frente a un público que no aplaude a cualquiera, palpó la ciudad como anónimo visitante. Está formado en el Conservatorio Nacional dominicano y licenciado en Berklee College of Music (Composición de Jazz) de Boston (EEUU) tras estudiar humanidades. Es alma inquieta que quiere conocer, ahondar en sus objetivos compositores. Y Sevilla le dio tema para tan nobles empeños.
La presente crónica es desde el más emblemático lugar donde escala Guerra. Hablamos de la Plaza de España hispalense. Icónica Santa Lucía Sevilla Fest agendó a Guerra sabedores que llenaría el recinto. Casi 20.000 personas se citaron lejos del desánimo, motivadas y que desafiaban la noche del sudor. La tropa desmontó gradas para que bailara entregada y quedaran en sus móviles emociones de la noche más plena. Difícil olvidar
El duende de Guerra congregó a un público intergeneracional. La Plaza que concibió Aníbasl González se llenó de familias (padres, hijos, abuelos), parejas y amistades más una nutrida embajada latina afincada en tierras andaluzas. La encabezó, bendecida, el exilio venezolano. Peruanos, ecuatorianos, salvadoreños, colombianos, nicaragüenses, chilenos, argentinos…. Sus compatriotas dominicanos no faltaron. Traían banderas a su líder musical. Las lágrimas de emoción por disfrutarlo no faltaron.
Arrancó el concierto con Rosalía. Fue un misil que derritió al personal. No defraudaba un Guerra firme, rotundo, pletórico y empático. Dio amor y vida. Sedujo con su voz y potente música hasta al o la más insensible. La descarga del dominicano siguió con La Travesía, Niágara, Para ti, La llave, Vale la pena, Como yo, DJ Bachata, La Bilirrubina, Ojalá llueva café, Una visa para un sueño, Costo de la vida, El Farolillo, Las Avispas y A pedir su mano …. El repertorio mezclaba lo último y clásicos de Juan Luis Guerra cuya dilatada carrera se acerca a las cinco décadas.
El concierto sevillano del quisqueyano tuvo puesta en escena excelente. Una banda le acompañaba con la sincronía que sólo otorgan muchos ensayos. El coro, que demostró excelencia y protagonismo en ausencias de Guerra, acompañaba. No obstante, echamos de menos a Maridalia Hernández y Mariela Mercado cuyos registros tímbricos sinuosos, sensibles y pausados estuvieron al iniciarse Guerra y esas 4.40.
La banda que acompaña a Juan Luis Guerra comparte excelencia y rigor musical. La lideró una pianista, arreglista y corista llamada Janina Rosado, también entregada directora musical. Roger Zayas-Bazán, presentador del grupo y superviviente de los 4.40 originales, coordinó los coros.
Adalgisa Pantaleón (vocalista), Otoniel Nicolás (Percusión y batería), Abtony De La Paz (Percusión y timbales), Isidro Bobadilla (Güiro y percusión) Eddy Marmolejos y Luis Mojica (Trombón), Francisco "Junior" Lapaix (Saxo), Rafael "Raffy" Díaz (Trompeta), Johnny "Chocolate" De La Cruz (Congas y percusión) y David Vásquez (Bajo) completaban la banda.
El concierto cerró con dos bises. Uno de ellos lo dedicó el dominicano, con el tema A pedir su mano, al músico portuense Javier Ruibal. Algo se traerán entre manos. Y lo que salga de ese dúo será tanto o más genial que la icónica e inolvidable huella que dejó Juan Luis Guerra en la capital hispalense. En una Sevilla que le brindó, con retorno, su color más especial. Repetidos y sinceros aplausos. Guerra dio la batalla, y la ganó.
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