Deseo Mara en la EVEN

26 de Febrero de 2026
Actualizado a las 11:58h
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Deseo Mara en la EVEN

Cuando salió el disco de Deseo Mara, Lágrimas, proyecto rock de Frank Escuálido, prestigioso luthier de instrumentos eléctricos (SonarQ) y músico de trayectoria larga en Sevilla, escribí:

“Sin desmerecer al resto, “Caída libre”, “El Despertar”, “Amanecer vacío”, “Atrapado” o especialmente “Shangri-La” son himnos que con una mínima promoción podrían de ser coreados por el público en cualquier festival americohispano, porque Deseo Mara parece exportable sin problema a nuestros colegas de lo latino, y estamos hablando nada menos que de la mitad del disco... es difícil encontrar algo así en un LP”.

El sábado 21 de febrero en la Sala EVEN se estrenó en la hispalense el directo de la formación de Frank (guitarra y voz), Luis Aranda (bajo y coros), Aníbal Ceballos (guitarra y coros) y Javier Tovar (batería). Y se cumplió esa descripción que hacía ahí atrás, lleno absoluto, público entregado y cantando al unísono las poderosas letras del disco.

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Deseo Mara 1 Foto Despeina Dos

Cuando comenzó, en el primer acorde y la entrada del resto de la banda: ya supimos, con una sonrisa de felicidad, que los músicos harían lo que debían hacer. El rock no es música fina. Es control del ruido e intensidad. Adoro la música: Brahms, Bruckner, Bach... tengo amigos queridísimos que han dedicado su vida a estos estudios, jamás se me ocurriría decir delante de ellos que soy músico, eso es otra cosa, pero cuando usas una guitarra eléctrica saturando el amplificador debemos manejar sabiendo que hay que ser un mago de la estridencia, el porrazo, la provocación, hay más de percusión que de melodía en el rock... por eso es ritual, es música de trance y no una elaboración intelectual.

Cuando Deseo Mara comenzó su secuencia de danzas místicas ya estábamos todos entregados de principio a fin. Insisto: los músicos con el nivel necesario para funcionar a la perfección, Ceballos es un guitarrista seguro y fiable, limpio, en un grupo eso es un pilar; la rítmica de Aranda y Tovar funcionó como una apisonadora necesaria, el soporte vital; la energía, la voz enérgica de Frank y su instrumento Black Wolf (que envidio profundamente) pusieron la guinda a una máquina ensayada y honesta. Si se puede decir algo de Frank Escuálido, sin la menor duda, es que es auténtico en todo lo que hace, y que el concierto fue una descarga verdadera, potente, bien construida, la resurrección de la esperanza... cabe el Rock and Roll.

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Casi tan importante como lo música fue el ambiente, de cariño, de emoción, de comunidad, ahora que la música popular se dirime entre el negocio burdo y la IA (quizá sean lo mismo), los guitarrazos, los saltos, los golpes, las risas y los gritos atávicos nos devuelven a algo primario, original. El artista ha de creérselo, nuestro Frank estaba feliz como un niño, en su medio natural, puro nervio bien acabado, se le notaba al hablar y, frente a toda teoría según la cual la música en el escenario no debe parar: habló, explicó, dedicó, paró entre tema y tema para construir esa comunión... ¿anticlimático?: efectivo, quizá en otro lugar y en otro tiempo eso no habría funcionado pero aquí sí lo hizo, si te dan papel pautado: escribe por el otro lado, decía el clásico. El artista ha de creérselo he afirmado, y el público también se lo creía y entonaba, y pudieron darse el gusto los Deseo Mara de tocar y dejar cantar al pleno de seguidores como quienes ya han compuesto esos himnos de los que hablábamos.

En palabras de nuestro héroe en sus redes: “Lo que vivimos esa noche fue comunidad. Fue respeto. Fue música sin filtros. Fue recordar por qué empezamos en esto. Gracias a todos por estar. Gracias por creer. Gracias por sentir. Seguimos caminando juntos”. Una felicidad, enhorabuena a Frank y su banda, eso es rock, ojalá lo puedan interpretar mil veces más por todo el mundo, ya suenan por Latinoamérica...

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