La carismática presencia de Jordan se come la pantalla en el documental de John Samson. Cuenta sin complejos frente al objetivo cómo, con total naturalidad, no podía parar de provocar y marcar tendencia vistiéndose de zorra futurista, cosa que hacía ya fuera a una fiesta de modernos o a comprar el pan. Una de sus señas de identidad era una exagerada sombra de ojos prolongada transversalmente hasta las sienes, en forma de antifaz de mapache. Este maquillaje se convertiría en emblemático para la estética cyberpunk cuando, años después, el estilista Michael Kaplan lo aplicara sobre el rostro de Daryl Hannah como la replicante Priscilla Stratton, “Pris”, en Blade Runner (Ridley Scott, 1982). Toda la imagen de Pris guarda un parecido más que sospechoso con el vestuario kinky de Jordan: collar de perro, botas altas, cardado oxigenado y un catsuit de lycra semitransparente, desgarrado a carrerones, que le ciñe todo el cuerpo. He encontrado una foto de Jordan en los setenta que la muestra acurrucada entre maniquíes en el escaparate de Sex. ¿No es una anticipación visionaria de la escena que presenta a la mortífera Pris de Ridley Scott entre los muñecos de J. F. Sebastian? El imaginario de la ciencia-ficción contemporánea quiso ver a los replicantes rebeldes de un futuro distópico como punks pasados de rosca. La Pris de Blade Runner es una prostituta cyborg (“basic pleasure model”) de instintos asesinos, una fantasía peligrosa que domesticamos conjurándola sobre el celuloide. No es casual que su aspecto tan heterodoxamente hipersexualizado provenga directamente de las mismas catacumbas fetish de las que salieron iconos como Siouxsie o Adam Ant.Esta no es la única forma en que la escena fetichista de los setenta influenció la estética de la ciencia-ficción contemporánea. En los planos de Dressing for Pleasure desfilan también amantes del látex enfundados en trajes-armadura de reluciente plástico negro, combinados con capas de amplio vuelo inspiradas en los clásicos impermeables Mackintosh, y con la cabeza enclaustrada en herméticas máscaras de breathplay, a medio camino entre caretas antigás y rostros de robot de serie B. Estos conjuntos tan peculiares son obra de John Sutcliffe, diseñador de moda en plástico y factótum de la revista de culto AtomAge. Frente a tal estampa, un espectador poco avisado se preguntará qué hacen esos tipos disfrazados de Darth Vader. Seguramente le sorprenderá saber que Star Wars aún no se había estrenado.Añadir DiarioSabemos como fuente preferida de Google de forma gratuita
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