Existen empeños literarios descomunales que merecen todo el aplauso tanto editorial como de los lectores, por lo desmesurado de la empresa y sobre todo por las dificultades que el camino le ha ido deparando al protagonista del desafío. En este caso el foco lo ponemos sobre el editor, traductor y biógrafo estadounidense Richard Zenith (Washington D.C., 1956), que se ha sumergido de lleno en la vida y obra de su gran obsesión literaria: el poeta portugués Fernando Pessoa (1888-1935), un autor inclasificable, un volcán creativo siempre latente, casi como sus incontables heterónimos, casi como sus miles y miles de papeles dispersos y sin catalogar en el fondo de su famoso baúl. En definitiva, una biografía deslumbrante, como la propia vida y obra de un narrador y poeta mayúsculo, que a día de hoy no ha encontrado ni de lejos un heredero literario que le haga la más mínima sombra. Pessoa solo ha habido uno, y lo habrá, aunque él mismo nos haya intentado engañar haciéndonos creer que eran decenas los que se desdoblaban de forma incesante en otras tantas personalidades propias. Espejismo de un trilero del arte literario con mayúsculas.
Zenith, traductor al inglés de la obra del poeta portugués, que falleció alcoholizado de forma prematura por una cirrosis hepática, vive de manera temporal varios meses al año en la costa del Algarve portugués. Qué duda cabe que quiere sentirse cerca del famoso y desafiante arcón que dejó el autor del Libro del desasosiego cuando falleció en el lisboeta hospital San Luis de los Franceses en 1935. Allí había amontonados miles de papeles y legajos escritos sin el más mínimo orden, protagonistas de una anarquía semejante a buena parte de la trayectoria vital de un hombre que quiso desbordarse siempre en otros para no sentir la presión de vivir bajo un único ser, una limitación indeseable que él solventó magistralmente con sus famosos heterónimas. Los tiene de todas las edades, procedencias, sentires y lugares. Álvaro de Campos, Bernardo Soares, Ricardo Reis, Alberto Caeiro… Una lista casi interminable de vidas inexistentes que él se encargó de dotarlas de corazón, alma y pensamiento.
Estamos ante una biografía deslumbrante, como la propia vida y obra de un narrador y poeta mayúsculo, que a día de hoy no ha encontrado ni de lejos un heredero literario que le haga la más mínima sombra
Inventaba tanto Pessoa, era tan desbordante su capacidad creativa, que hasta él mismo se convertía en un personaje más de sus obras, se diluía entre seres inexistentes, siempre con el halo del misterio en todos ellos. Y obligaba al lector a ir en todo momento más allá, a un lugar del pensamiento que nadie había osado penetrar. De ahí esa capacidad única del poeta de entrar en el corazón de los receptores de sus obras de forma directa y sin contemplaciones.
Relata Zenith, en el excelente prólogo a esta exquisita edición de Acantilado, que todos los heterónimas del poeta portugués, ya escribieran en inglés, francés o portugués, eran “proyecciones, derivaciones o metamorfosis del propio Fernando Pessoa”. Y se pregunta de manera inquietante a continuación el biógrafo: “¿O lo controlaban y definían? ¿Deberíamos tomarnos en serio su afirmación de que no tenía personalidad propia, de que era solo un “médium” para los muchos escritores que brotaban en él y a quienes servía como “albacea literario”?”.
Deberán ser los lectores de esta monumental biografía los que comprueben, guiados de forma magistral por Zenith, las diferentes posibilidades y respondan a estos interrogantes a través de la lectura de las casi 1.500 páginas de esta obra, aunque viniendo todo de un ser tan impenetrable como Pessoa, cualquier cosa es posible.
