El título de la última novela gráfica de Furillo, Yo le hice una paja a Franco (Autsaider Cómics) es de lo más explícito, si bien no es una sino varias, varias docenas, eso sí, siempre con fines científicos, con bula papal y por el bien de España. Un tebeo de aventuras, espionaje y humor que presenta una disparatada historia sobre la sucesión del dictador.
Furillo es uno de esos autores que, lejos de amilanarse frente a las presuntas censuras y el incuestionable puritanismo que nos llega desde todos los frentes ideológicos, sigue con rumbo firme hacia las costas de la diversión desinhibida, llevando a sus lectores al entretenimiento y al disfrute del tebeo por el tebeo, a la carcajada “culpable” y, dentro del vacile, la coña y lo irreverente, a una visión sobre la España reciente muy poco transitada en la ficción.

Yo le hice una paja a Franco se sitúa a finales de los años 60 del pasado siglo, el tradofranquismo, en el que Manuel Fraga por un lado, y Carrero Blanco por otro, tratan de dirigir el destino del país, interviniendo en todo lo que está a su alcance… y lo que no. Preocupados por la ausencia de descendiente varón en la rama borbónica designada por Franco para continuar con su legado, buscan la mejor solución. ¿Quién mejor que Franco para suceder al propio Franco? Parte de aquí una historia entre verosímil y desquiciada en la que se cruzan espías estadounidenses, la familia real, el Vaticano, las altas esferas del régimen anterior y por supuesto, el Generalísimo.
La historia conecta con Nosotros llegamos primero, novela gráfica publicada en 2016 y que recibió reconocimientos en el Salón del Cómic de Barcelona y Zaragoza de ese mismo año. En ella, se trataba de alcanzar la luna antes que rusos y americanos, auxiliados por exiliados científicos alemanes y valerosos ex combatientes nacionales. Un episodio de historia ficción que sirve de base para este universo de tardofranquismo furilliano, que parece que pueda tener continuidad, según anuncia el autor.
