Hay mucha gente afortunada en el mundo, debido a Rafal Soler. Y lo explico a continuación con la máxima objetividad a la que alcanzo. Porque conocerlo es un regalo, sentirse acogido en su universo, en su isla cuyos límites aún nunca he visto. Y Soler conoce a mucha gente. Ergo…
En la distracción en la que vivo, en la que habito, fui capaz de no enterarme que presentaba en el Ateneo de Madrid, en la Cátedra Mayor, nada menos que en la Cátedra Mayor, LAS RAZONES DEL HOMBRE DELGADO. Con Jaime Siles y Joaquín Pérez Azaústre, como embajadores y padrinos.
LAS RAZONES DEL HOMBRE DELGADO. Un libro que ya se había publicado en Nueva York y que ahora publica en España la editorial Huerga y Fierro (Charo Fierro, me quito el sombrero). El amor, la muerte y la relación con uno mismo; en diálogo; en verso. Impresiona. Da miedo.
Tengo marcado un poema que intentaré aprenderme de memoria, y digo “intentaré” porque no siempre lo consigo. Iba a copiarlo aquí, pero mejor no. Que lo busque quien lo quiera leer, está en la página 45 del libro. “de buena gana despeinaba” es el primer verso que, para el índice, también le sirve de título.
Fui capaz de no enterarme, insisto, a pesar de los guasaps. Y añado que, aunque sentí una urgencia en él, en Rafael, en Isla Grande, uno de mis escritores favoritos, la atribuí a una obra de teatro, inspirada en sus textos y que se presentaba casi al mismo tiempo. Eran dos bocadillos de guasap seguidos. El primero, el que anunciaba LAS RAZONES DEL HOMBRE DELGADO, era un enlace a un periódico (y no lo abrí), el segundo era una imagen en la que aparecía un título y se explicaba todo. Tampoco llegué, sin embargo, a la obra de teatro, a la escenificación de su texto, se me cruzó en el camino un “agujero negro”, una persona a la que era imposible colgar el teléfono; y una vez empezada la representación no se podía entrar en el teatro.
Entonces…, no te merezco, diría que casi ninguno, como mucho sí unos pocos, te merecemos.
Entonces, repito, Rafael Soler, el que habla con la muerte y la seduce, apoyándose en la historia de amor infinita que ilumina -luce con luz propia- toda su vida, me preguntó dónde y cuándo.
-En tu café, el lunes uno y a las cinco.
Y el lunes uno y a las cinco, en su café, Rafael Soler me hizo una presentación de LAS RAZONES DEL HOMBRE DELGADO para mí solo. No disparé ni una sola foto, no intenté congelar nada en ningún video.
El hombre Delgado. Él no lo sabe, pero yo soy Delgado cuando escribo poesía, Alberto Delgado, y también lo soy cuando me voy a vivir a las novelas donde habita mi asesino: Frederic Traum (o Federico Sueño), para servirle de máscara y anclaje entre los hombres buenos.

LAS RAZONES DEL HOMBRE DELGADO.
Eran las siete y media, más de dos horas habíamos estado juntos. Conversando. Le acompañé hasta el autobús, y le habría acompañado a su casa (menos mal que ya tenía un compromiso) y me habría quedado a vivir un tiempo largo en esa isla que es su alma -Isla Grande le llamo ya hace un tiempo- porque me hace sentir bien, siempre. Bien y afortunado, como sé le sucede a todas las personas que le conocen y tratan. Conoce a muchas, a muchas PERSONAS, ya lo he dicho más arriba. Afortunados todos. Nunca morirá. El ingeniero, sí, claro, y para él, intuyo, está escrito este libro: siete novelas, siete poemarios, todos los lunes poéticos…, orden, racionalidad, pensamiento. Pero el poeta, no. Es eterno, su huella: en todos los corazones; pero también en el viento, en el semillero de sus versos. Rafael Soler es -en verdad lo somos todos y es para mí el gran consuelo- parte del viento.
Le miro mientras sube al autobús. Antes andaba mucho, me ha dicho hace un momento. Lo cuenta cada vez que puede. El desgaste, la “delgadez” que impone el paso del tiempo. Si sucede que no le conoces, que nunca le has visto, puedes asomarte a la mirilla que es el vídeo cuyo enlace aquí dejo. Pero mejor que lo busques, que lo leas. Dejo dos recomendaciones, garantizadas. La novela NECESITO UNA ISLA GRANDE, y un poemario (no voy a repetir el título, porque está por todas partes en este escrito).
Incondicionalidad y afecto.
Añado: Elegido como “Libro favorito del año”, con motivo de la Feria del Libro de Madrid, por Luis Landero.
Excelsior.