Fue una tarde deliciosa. Excepcional. El primer martes de esta primavera. A las siete de la tarde y en la Casa de Castilla-La Mancha sita en la calle de la Paz. Pascual Izquierdo presentaba VIAJE A LA MANCHA: En busca de una nueva Dulcinea. Lleno total.
Conseguí sentarme en una de las primeras filas, junto al “matemático” y “luminoso” no sólo por su apellido, Ezequías y el gran poeta Morales, José Luis Morales. Una fila más adelante estaban Ángel Aguado y Emilio Pascual. De nombre no conocía a prácticamente nadie más, pero de alma, sí. De alma los conocía a todos, porque todos los asistentes o eran Caballeros de la Orden o amigos o familiares de los quijotes del pedal.
En un mundo abonado a la gratificación instantánea y las pantallas, el libro del escritor burgalés nos propone un retorno a lo esencial: el camino, el polvo y la palabra. Libro de viajes, pero también de reivindicación personal.
Contó Pascual Izquierdo desde el estrado que se subían a las pérgolas de los pueblos de Castilla para gritar:
-¡Muera Google! ¡Muera Youtube!
Al escucharlo sonreí con alegría y fiereza animal. Estoy de acuerdo. ¡Muera Instagram!
Unos días después me llamó Andrés Sánchez Magro para invitarme a recomendar en su programa El Club de los Negocios Raros, algún libro y hablar sobre la pérdida de la capacidad de los lectores: las frases de los bestsellers, alias los más “vendidos”, han pasado de contener una media de veinte palabras, a solamente doce.
Como es natural, y después de añorar los tiempos en que todos los escritores teníamos el María Moliner a nuestra diestra, y el Casares al alcance de la siniestra, hablé del nuevo libro de Izquierdo, y también, claro, de la Orden de los Caballeros del Pedal, ciclistas eruditos que redibujan el mundo de Sancho y del Caballero de la Triste Figura, con la sesera protegida por cascos, homologados, y preparados para luchar, a golpe mágico de pedal, contra molinos de todo tipo, y beber los vientos -siempre que se les presenta la ocasión- por la magia de la feminidad.
Casi una hora de felicidad y muchos aplausos al final. En la Casa de Castilla-La Mancha. El primer martes de la primavera de 2026. Sin algoritmos ni nada similar.
¡Viva la literatura! ¡Viva Cervantes! Eternamente, pues su gran libro le ha convertido en personaje, y por lo tanto, en inmortal.
VIAJE A LA MANCHA: En busca de una nueva Dulcinea. Mucho más que una guía de viajes convencional. Un canto a la vida y al paisaje, que invita al lector a abandonar el sedentarismo digital para “pedalear bajo el sol" en busca de su propia utopía personal.
Excelsior

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