“No, el pasado no fue mejor; sencillamente fue nuestro, y eso ya lo vuelve devastadoramente poético”

Manuel Vilas recupera en la inclasificable ‘Zeta’, publicada originariamente hace más de dos décadas, a aquel escritor en ciernes que era otro bien distinto al actual y ya rezumaba lirismo en su prosa cortante y sin ambages

31 de Octubre de 2026
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Pie de foto: El escritor Manuel Vilas. Fotos: Isabel Wagemann.

El lirismo de la narrativa de Manuel Vilas (Barbastro, Huesca, 1962) es una veta que nunca descansa en la prosa del autor de obras ya imprescindibles de la literatura en español de los últimos años como Ordesa, Los besos o Nosotros, entre otras. Ahora, decide rescatar para Páginas de Espuma sus dos primeros libros de relatos totalmente corregidos y reescritos, reunidos en un solo volumen para crear un libro nuevo en homenaje a aquella primera escritura de la que surgió el Gran Vilas actual de Islandia. El propio autor explica en el prólogo quién escribió Zeta hace ya más de un cuarto de siglo: “Zeta se escribió en torno al año 2000. Vilas en Zeta era otro tipo de escritor, y Zeta es un libro singular que tiene su propia veta literaria, es decir, que no se trata de un anticipo o de un embrión de mis libros posteriores, sino un libro de un Vilas completamente distinto y con personalidad propia”.

¿Cualquier tiempo pasado siempre fue mejor? ¿Por eso Zeta ahora de nuevo?

No, el pasado no fue mejor; sencillamente fue nuestro, y eso ya lo vuelve devastadoramente poético. El pasado tiene la ventaja de que sobrevivimos a él. Zeta vuelve ahora porque el tiempo no es una línea recta, sino una espiral. Ese libro no pertenece al pasado, pertenece a una necesidad. Rescatarlo hoy es decirle al presente que las heridas y la belleza de hace veinticinco años siguen teniendo exactamente la misma temperatura.

“Entre Zeta e Islandia hay una mutación: la voz aprendió a sostenerse sin tanta armadura, se volvió más transparente”

¿Qué ha ocurrido entre el Manuel Vilas de Zeta y el de Islandia, literariamente hablando?

Ha ocurrido la vida, que es la mayor operación estética a la que un escritor puede someterse. Entre Zeta e Islandia hay una mutación: la voz aprendió a sostenerse sin tanta armadura, se volvió más transparente. En Zeta había un escritor incendiándolo todo para ver cómo ardía el mundo; en Islandia y en mis libros posteriores, el fuego sigue estando, pero me interesa ver qué queda después entre las cenizas.

Asegura que Zeta dejará “ojiplático” a muchos. ¿Por qué?

Porque no tiene piedad ni filtros. Quien me haya descubierto con Ordesa o Alegría se va a encontrar con un Vilas juvenil, libérrimo, casi salvaje. Zeta es un artefacto desobediente que no pide permiso para existir ni busca complacer a nadie. Quien entre ahí se va a encontrar con una energía verbal incandescente que hoy, en estos tiempos tan políticamente correctos y medidos, resulta casi insolente.

“Quien me haya descubierto con Ordesa o Alegría se va a encontrar con un Vilas juvenil, libérrimo, casi salvaje. Zeta es un artefacto desobediente que no pide permiso para existir ni busca complacer a nadie”

En no pocas de estas ‘píldoras’ se puede apreciar claramente un estado de excitación alucinatorio. ¿Sentía que se le iba de las manos la narración cuando estaba en pleno proceso de escritura?

Escribir Zeta fue como conducir un coche sin frenos de noche y por una carretera de montaña: si no sientes que la narración se te va de las manos, es que no estás arriesgando nada. La literatura real ocurre justo en ese borde donde pierdes el control y la intuición toma el mando. Sí, había un estado de ebriedad expresiva, un lirismo rabioso que me dictaba las páginas a una velocidad casi física.

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Manuel Vilas ©Isabel WAgemann.

Zeta, ¿homenajea o más bien salda cuentas con Zaragoza, la ciudad en la que vive?

Es un amor que buscaba transformar la ciudad. Zaragoza en Zeta no es un mero escenario cartográfico, es un territorio sentimental, un monstruo fascinante y melancólico al que amo y combato a partes iguales. Uno solo puede saldar cuentas con los lugares que se le han quedado a vivir dentro para siempre.

¿Qué ha visto ahora en esta obra suya después de más de un cuarto de siglo escrita de lo que no fuera consciente cuando la publicó originariamente?

He visto a un joven que tenía una fe ciega y desesperada en la literatura. Cuando la escribí, creía que estaba inventando un lenguaje; hoy la leo y descubro con asombro que lo que estaba haciendo era salvarme a mí mismo. También he visto una inocencia tremenda detrás de la violencia verbal: la inocencia de quien cree que la belleza puede redimir el dolor del mundo.

Altas dosis de corrosión, humor, sarcasmo marca de la casa, mucho lirismo… ¿Se reconoce en aquel Vilas tan lejano al Gran Vilas de hoy?

Me reconozco plenamente, pero como se reconoce uno en una fotografía de infancia: reconozco la mirada, aunque el rostro haya cambiado. El sarcasmo y el humor negro de aquel Vilas no eran más que mecanismos de defensa contra el espanto de existir. El Vilas de hoy busca la ternura con más desesperación, pero los cimientos de la casa son exactamente los mismos.

“Cuando la escribí, creía que estaba inventando un lenguaje; hoy la leo y descubro con asombro que lo que estaba haciendo era salvarme a mí mismo”

Ha querido rescatar este libro para que sus lectores lo conozcan, (¿al libro o a usted?) y se sorprendan. ¿Continúa en ese proceso de desnudo íntegro que ya iniciara con otras obras suyas como Ordesa o Islandia?

A los dos, porque libro y escritor son la misma sustancia. Escribir siempre es un acto de desnudamiento; si no hay carne en la página, no hay nada. La diferencia es que Zeta muestra las entrañas con una crudeza juvenil, mientras que Ordesa lo hace con la madurez del duelo. Pero el compromiso con la verdad radical y con mostrar la propia vulnerabilidad sin imposturas es la misma línea roja que crucé hace veinticinco años y que nunca he querido volver a cruzar hacia atrás.

Pese a todo, asegura que la publicación ahora de Zeta no es una reedición sino una recuperación. ¿Así quiere darle la importancia que merece en la cronología de su carrera literaria?

Exacto. Una reedición es un trámite comercial; una recuperación es un acto de justicia poética. Zeta estuvo sepultada bajo el polvo del tiempo y necesitaba volver a respirar. Para entender el mapa completo de lo que he escrito después, era imprescindible desenterrar esta piedra angular. Sin la furia y la libertad de Zeta, todo lo demás sencillamente no habría sido posible.

ZetaManuel VilasPáginas de Espuma376 páginas23 €
Zeta Manuel Vilas Páginas de Espuma 376 páginas 23 €

 

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