“No me iría con el protagonista de mi novela ni a tomar café al bar de la esquina”

Fernando Repiso ensambla un intenso thriller en ‘Manual para construir un infierno’, donde el antihéroe protagonista debe deshacer un complejo enigma donde se dan la mano la mentira, el odio y el deseo

27 de Julio de 2026
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El novelista Fernando Repiso. Foto: Javier Caró.
El novelista Fernando Repiso. Foto: Javier Caró.

Aún más difícil que construir un protagonista que empatice desde la primera página con el lector lo es ensamblar un antihéroe de campeonato, como el que el escritor sevillano Fernando Repiso ha construido en Manual para construir un infierno. Iván de Pablos, inspector de policía, es mucho más que un simple madero. Lo marcan también su adicción al sexo, al alcohol, las drogas, las mentiras… Un ser, en definitiva, nada ejemplar. Pero que atrapa al lector como la miel a las moscas. Mérito de un novelista que ha sabido imprimir a su obra la garra necesaria para no soltarla en ningún momento.

Su carrera se ha desarrollado en el ámbito de la comunicación política e institucional. ¿De ahí le viene la inspiración o las ganas de embarcarse en un thriller puro y ambicioso como es Manual para construir un infierno?

¡En absoluto! Soy un apasionado de la política, pero mantengo muy separadas la realidad de la ficción. De hecho, ya estoy planificando mi próximo proyecto literario y, en principio, no tendrá nada que ver con el género negro. Ni siquiera he decidido aún si será otra novela. Son muchos los temas, géneros y formatos que me interesan como autor.

¿Quién es realmente Iván de Pablos, el antihéroe que protagoniza su novela?

Básicamente es un tipo que hace lo que puede con su vida, es decir, un ser humano. Eso sí, es un hombre bisexual, promiscuo, politoxicómano, cínico, malencarado y malhablado que, a priori, cae mal. No me iría con él ni a tomar café al bar de la esquina. Sin embargo, tanto en mi anterior novela, Las agujas de la noche, como en esta, Manual para construir un infierno, el lector irá descubriendo que, bajo tamaño despropósito de persona, hay un ser humano que hace lo que puede por encontrar su lugar en el mundo, aun cuando ni siquiera sabe si tal cosa existe. 

¿Por qué aún decidimos guardar demasiados fantasmas en nuestros armarios y no permitirles airearse y salir de ahí?

El miedo. El miedo al rechazo, al qué dirán, a no estar a la altura, a defraudar a los seres queridos, a la soledad… No soy nada espiritual ni religioso, no creo en nada que no perciba a través de mis sentidos. Por eso mismo no creo en los fantasmas. En mi opinión, los fantasmas no son más que nuestras propias carencias, traumas o asuntos pendientes. Por eso mismo siempre se manifiestan de noche, cuando estamos solos y nadie más que nosotros podemos verlos.

No me refiero solo a nuestros miedos individuales, sino también a los temores que afligen a nuestra sociedad. Por ejemplo, en mi novela hay una trama secundaria sobre la homofobia en el fútbol. Nadie puede negar que hemos avanzado mucho en los últimos 30 años en derechos y en igualdad para el colectivo LGTBIQ+. Sin embargo, hay aún ámbitos y sectores donde las puertas de los armarios siguen cerradas y blindadas, uno de ellos es el fútbol profesional, el deporte rey, una pasión masiva. Son 522 los jugadores masculinos de Primera División. Y no hay ni uno solo que se haya declarado abiertamente gay o bisexual. Cuidado, no estoy a favor del outing, cada uno es libre de decir o no decir con quién se acuesta. Sin embargo, ninguno ha sido visto paseando de la mano con otro hombre con normalidad. Y creo que se debe al miedo. Miedo al vestuario, miedo a los insultos en el campo, miedo al escarnio en las redes. El miedo del propio futbolista y el miedo de los aficionados y seguidores (masculinos) a que sus referentes, sus gladiadores, sus macho-men no lo sean tanto.

Ritmo, tensión, dinamismo narrativo… Son algunas de las cualidades de un thriller que se precie mínimamente de serlo. ¿Qué otras características cree que aporta su estilo novelístico?

Esta pregunta me parece de las más difíciles de responder. Me cuesta mucho hablar de “mi estilo”, porque, sinceramente, no tengo ni idea de cuál es mi estilo. Ni siquiera sé si tengo un estilo determinado. Eso lo dirán los lectores (o los críticos). Por dar una respuesta aproximada, señalaría tres aspectos a los que les presto una especial atención: que la trama enganche, pero no porque haya mucha sangre, vísceras, gore y situaciones rocambolescas. Que los personajes, tanto los protagonistas como los secundarios, tengan profundidad, que partan del arquetipo, pero que no duden en sorprender al lector por sus decisiones y su comportamiento, tal y como nos sorprendemos los unos a los otros en nuestro día a día. Y que los diálogos suenen a calle, sin dejar de ser literatura. En resumen: intento que mis novelas sean verosímiles, que suenen a verdad y que el lector las sienta cercanas. Aunque no dejen de ser ficción.

“No soy nada espiritual ni religioso, no creo en nada que no perciba a través de mis sentidos. Por eso mismo no creo en los fantasmas, no son más que nuestras propias carencias”

La Sevilla multicultural y diversa que se postra cada año al encanto de las procesiones de Semana Santa se abrasa por el calor y la corrupción moral, y es aquí donde decide ambientar su novela. ¿Por qué? Que dios le coja confesado…

¡JA JA JA! Pierda cuidado: soy ateo. No obstante, le agradezco la advertencia. En cualquier caso, lo que ocurre con Sevilla es que es mucha Sevilla y son muchas Sevillas. Una, la más potente, tiene una imagen tan apabullante que eclipsa a las demás, pero eso no quiere decir que no existan. Con esta y con la anterior novela he tratado de sacarlas un poco a la luz. Descubrir tanto a los de aquí como a los de fuera que esas otras Sevillas están ahí y que, para más inri, por usar una expresión religiosa que me viene al pelo, conviven con esa Sevilla más conocida. Creo que, en general, una y otras se miran de reojo y se respetan. Aunque a veces colisionan. Y eso es, precisamente, el detonante de toda historia.

Aborda sin complejos y con valentía dos temas que aún queman en muchas mentes: la homofobia y el fanatismo religioso. ¿Es hora de ser valientes también en el mundo de la ficción literaria?

Más que valiente, que no creo serlo, lo que sucede es que solo me interesa la literatura que incomoda, la que, de un modo u otro, saca los pies del plato. De hecho, en mi opinión, la que no lo hace no creo que deba siquiera llamarse literatura. Dicho esto, la novela aborda muchos temas sociales y de actualidad. Efectivamente, están la homofobia -y específicamente la homofobia en el fútbol- y el fanatismo religioso, pero también la turistificación, la pérdida de identidad de las ciudades, la gentrificación, los nuevos modos de relaciones sexuales, sentimentales y familiares, las adicciones, la soledad del individuo, etc… Es decir, me valgo de la trama delictiva para hablar de los asuntos del día a día que me interesan y me preocupan. Y viceversa: los temas que me preocupan y me interesan dotan de verosimilitud y credibilidad a la trama delictiva que sustenta la novela.

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Fernando Repiso by Javier Caró

A la hora de abordar la escritura de su novela, ¿qué desafíos específicos encontró al escribirla y en qué se diferencia esta de otros trabajos suyos anteriores?

Dado que esta novela es un nuevo caso del inspector Iván de Pablos, que introduje en la anterior, Las agujas de la noche (Planeta), por supuesto lo primero que quise a toda costa fue evitar repetirme. Pero en estos más de tres años que han pasado entre una y otra, yo no soy la misma persona. Aquello de Heráclito y de las aguas del río. Y esto creo que se trasluce en la novela. Creo que el caso a investigar es más clásico, tira menos, por así decirlo, de fuegos artificiales. Por eso las menciones a Patricia Highsmith no son gratuitas. Y, por contra, he querido abundar más en la psicología de los personajes y en sus interrelaciones. Teniendo presente en todo momento, obviamente, que estaba escribiendo una novela negra y que las novelas de este género que a mí me gustan tienen un ritmo vertiginoso. En este sentido, además de volver a numerar los capítulos en sentido descendente, he introducido 3 capítulos singulares, en primera persona, en los que no hay ni un solo punto. Son una especie de flujo de conciencia que genera tensión y angustia al lector, donde lo que se cuenta en esos capítulos como la forma en que se cuenta van de la mano. La asfixia que se describe la siente el lector. Que conste que no he inventado nada, hay muchos antecedentes, pero para mí suponía un reto del que, creo, he salido airoso. Y es un reto que también le propongo al lector. Si este supera las primeras ocho páginas del Posludio, es decir, del primer capítulo, donde no hay ni un solo punto, creo que me lo he metido en el bolsillo.

¿La política ha perdido ya definitivamente un comunicador institucional y la literatura ha ganado un autor de novela negra, o todo a su debido tiempo? ¿O mejor ambas cosas a la vez, más emocionante si cabe?

JAJAJA. Nunca digo nunca jamás, pero hace años que dejé de dedicarme a trabajar para políticos y para la política. Es algo que me encanta. Disfruté mucho en su día y soy de los que siguen defendiendo la política como herramienta para mejorar el mundo. Pero también es cierto que es una tarea agotadora, que no entiende de horarios ni de calendarios. La literatura tampoco, pero no la considero un trabajo. Puedo pasarme horas delante del ordenador, peleándome con una frase que me suena rara, un adjetivo que no me cuadra o una coma mal colocada, pero no me pesan, al contrario, celebro íntimamente cada una de las victorias, por pequeña que sea, frente a esa labor de orfebrería que es para mí la escritura. Es una sensación indescriptible. Por lo tanto, y de momento, seguiré escribiendo.

Manual para construir un infiernoFernando RepisoNdeNovela432 páginas21,90 €
Manual para construir un infierno.  Fernando Repiso.  NdeNovela 432 páginas 21,90 €

 

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