“Mi libro es un recorrido vital que conversa y reflexiona sobre cuestiones que nos atraviesan a todas las personas”

Carmen Colodrón Palomino, autora del libro ‘Una vida cualquiera’, donde ahonda en ese mal que atraviesa a la actual sociedad, cansada, insatisfecha y sometida a una hiperestimulación constante y a una polarización que toma presencia en el debate público

30 de Octubre de 2026
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“Mi libro es un recorrido vital que conversa y reflexiona sobre cuestiones que nos atraviesan a todas las personas”

A Carmen Colodrón Palomino (Madrid, 1967), graduada en Educación Social, especializada en Educación Social en el ámbito sanitario por la Fundació Universitat de Girona y experta en peritaje judicial y en educación emocional, el interés por lo humano le viene de lejos, como algo inherente a su propia existencia. De sus vivencias, de su necesidad de contemplar, surge su libro “Una vida cualquiera”, una obra que atraviesa el mundo exterior desde su mirada, desde su recorrido.

Colodrón Palomino no divorcia lo íntimo de lo colectivo, se sabe parte de un mundo en constante contradicción. “He sufrido en primera persona los efectos del ultracapitalismo, la cesión de servicios sociales a fondos de inversión o fondos buitre que priorizan la hiperrentabilidad muy por encima de la calidad en la atención”, advierte.

Tras tres décadas inmersa en el estudio del ser humano, ¿qué podrías decir sobre nuestra naturaleza?

Es una pregunta muy amplia que me transporta a la reflexión socrática sobre la propia ignorancia. Me he acercado al conocimiento del ser humano a través de mi propia experiencia, de la experiencia de otras personas y de aportaciones procedentes de la filosofía, la biología, la educación, la psicología, la neurociencia, la religión y otras disciplinas. Sin embargo, nuestra naturaleza sigue siendo un misterio en muchos aspectos y probablemente siempre lo será. La ciencia, como la aproximación más objetiva posible del conocimiento, está construida por seres humanos y, por tanto, no puede desprenderse por completo de cierta subjetividad.

Este ser, pensante e inteligente, convive en una constante de pregunta e inconformismo; es un ser contradictorio en tensión permanente entre opuestos: muestra capacidad para el amor y para la destrucción, para el cuidado y para el abandono, para la belleza y para el sufrimiento.

Y también es un ser de preguntas y hoy una de estas preguntas es si estamos haciendo aquello que nos es propio, aquello que nuestra naturaleza humana nos pide y necesita, porque a pesar de que el conocimiento crece, el bienestar disminuye y este hecho apunta a una incoherencia que nos aleja de nuestra condición más esencial.

“El ser humano ha atravesado y seguirá atravesando diferentes etapas.  Podemos mirarnos como colectivo humano y compararnos, de manera figurada, con una vida individual”

Todo parece indicar que estamos en una etapa de mucha confusión global. ¿Le encuentras una explicación?

El ser humano ha atravesado y seguirá atravesando diferentes etapas.  Podemos mirarnos como colectivo humano y compararnos, de manera figurada, con una vida individual. En ambos casos nos topamos con una realidad común: la alternancia de momentos satisfactorios, agradables y de creación con otros de aniquilación, pérdida y duelo; otros de caos o renovación.

En el presente, estamos inmersos en un periodo de confusión. Los avances tecnológicos, la velocidad con la que se producen los cambios y la expansión de la inteligencia artificial están transformando profundamente nuestra forma de vivir, relacionarnos y percibir el mundo.  

Con frecuencia vivimos cansados, insatisfechos y sometidos a una hiperestimulación constante y a una polarización que toma presencia en el debate público y en el íntimo, que dificulta la observación, la reflexión y el pensamiento crítico.

A ello se suman las dificultades derivadas de la precariedad en los ámbitos fundamentales para el bienestar como son la educación, la salud y la economía doméstica. Todo ello repercute directamente en la calidad de vida de las personas, tanto en su dimensión física como mental, emocional y espiritual.

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Eres una persona observadora, contemplativa. ¿Cómo llevas la velocidad de la sociedad actual, la automatización de las conductas?

Precisamente porque soy una persona observadora y contemplativa, percibo con una intensidad especial la aceleración que caracteriza esta época. He sufrido en primera persona los efectos del ultracapitalismo, la cesión de servicios sociales a fondos de inversión o fondos buitre que priorizan la hiperrentabilidad muy por encima de la calidad en la atención. Esto está provocando un deterioro palpable en la atención a personas en situación de extrema vulnerabilidad, entre ellas muchas personas en situación sin hogar atendidas en centros de acogida y personas mayores que viven en residencias, la desarticulación de equipos profesionales de excelencia y un agotamiento laboral generalizado.

La automatización de las conductas se ha instalado tanto en el trabajo, con una burocracia desconsiderada y una multitarea sostenida por herramientas lentas y frustrantes, aunque se exija velocidad constante, como fuera de él, donde el uso y abuso de la tecnología mantiene los cuellos doblegados hacia abajo y las mentes colapsadas de información. Todo sucede a una velocidad vertiginosa. Hoy nos falta tiempo y nos sobra entretenimiento superfluo. 

A la vez, recordando a Kierkegaard, diría que nos asusta el «mareo de libertad». Tenemos una responsabilidad con nosotros mismos y nosotras mismas: aprender a desenvolvernos en ese contexto. Y cuando el juego se vuelve insoportable, porque el precio es la salud y la propia vida, lo mejor es salir de él en la medida que sea posible. Se puede hacer tomando decisiones. No es fácil, pero sí es posible. Yo lo he hecho y, afortunadamente, no fue demasiado tarde.

Eres graduada en Educación Social. ¿La vocación humanista te venía de antes o surge en el estudio de la carrera?

Sin duda viene de antes, de siempre. Creo que hay una disposición interior que nos acompaña desde el nacimiento. Podemos moldear nuestro carácter y nuestra personalidad, pero el temperamento permanece. El estudio universitario de Educación Social enriqueció esa sensibilidad y abrió nuevas preguntas, nuevos autores, nuevas lecturas, nuevas experiencias y nuevas formas de acercarme y comprender al ser humano. Algunas enseñanzas no las comprendí hasta años más tarde. El aprendizaje es un proceso que necesita tiempo para madurar, para pasar de la teoría a la práctica  y, de esta a la integración. Por eso me gusta cuando me sorprendo diciéndome «¡Ahora sí lo comprendo; ahora sí lo he integrado!».

¿Cómo surge la idea de escribir tu primer libro, Una vida cualquiera?

Surge de manera espontánea, al menos aparentemente, como una necesidad irrefrenable. Se trató de llevar a la palabra escrita lo que mi interior me dictaba: un cúmulo de vivencias, experiencias, reflexiones y conocimientos adquiridos a lo largo de mi vida. Sentí  la necesidad de expresarlo sin interrupciones, dando únicamente espacio a mi voz. Difícilmente habría encontrado a alguien, ni siquiera entre las personas más queridas, que me hubiera escuchado todo lo escrito en una conversación, en silencio, sin interrupciones, sin opiniones y sin incorporar sus vivencias o creencias. No digo esto porque no me guste escuchar a la otredad; me gusta y lo hago. Lo digo porque fue una experiencia maravillosa e inolvidable disfrutar una conversación tan íntima y tan veraz conmigo misma.

Es una obra autobiográfica, pero también es una mirada al mundo. ¿Cómo la estructuras?

El libro está estructurado en un prólogo, una nota biográfica y seis capítulos. Aunque nace de mi propia experiencia, no pretende ser únicamente un relato autobiográfico. Se trata de un recorrido vital que conversa y reflexiona sobre cuestiones que nos atraviesan a todas las personas.

El viaje comienza en la infancia, la adolescencia y la juventud, la familia, los vínculos, los determinantes y las influencias, así como aquellos acontecimientos que van moldeando el carácter y la manera particular de habitar y mirar el mundo.

Posteriormente se adentra en la edad adulta con la aparición del trabajo, la vocación, el agotamiento laboral, la pérdida de sentido, la enfermedad, las relaciones humanas, las crisis y los procesos de transformación que acompañan a la vida.

En su tramo final la mirada es serena, va apareciendo una mujer madura que está construyendo una vida más coherente con lo que piensa, siente, necesita y hace.

A lo largo de todo el recorrido representado por las cuatro estaciones, la narración dialoga con la literatura, la música, la poesía, la fotografía y otras expresiones artísticas, así como autores y autoras significativos en mi historia. Por eso digo que, aunque el libro parte de una vida concreta, aspira a encontrarse con muchas otras vidas.

La desconfianza en el otro pareciera estar a la orden del día. ¿Tú confías en el ser humano?

Claro que confío en el ser humano; de no hacerlo, ni siquiera confiaría en mí misma. Hobbes dijo que «el hombre es lobo para el hombre» y, posiblemente, esta afirmación sea tan cierta como mi defensa de que «solo el hombre salva al hombre».

Hay algo muy hermoso en nuestra condición humana, y es el legado y la permanencia. Los seres humanos fallecidos permanecen en la memoria de los vivos. Las vidas que terminan, dejan a las siguientes los conocimientos,  las narrativas, los afectos y experiencias. Por eso, a pesar de nuestras contradicciones y errores, confío en el ser humano.

¿Dirías que la dignidad humana está en riesgo?

No debería estar en riesgo, porque la dignidad es inherente a la vida y al ser humano. Sin embargo, la realidad nos muestra que, igual en el pasado que en el presente, es vulnerada y pisoteada con frecuencia.

Somos seres de pasiones, sentimientos y emociones. Reímos, lloramos, disfrutamos, sufrimos y sentimos miedo. Por eso, la forma en que somos tratados y el modo en que nos tratamos tiene una repercusión directa en nuestra existencia.

Las guerras, las desigualdades, la pobreza, la precarización en la educación y la sanidad públicas, la dificultad para el acceso a la vivienda, la falta de libertad ideológica y de pensamiento son muestra de que nuestra dignidad continúa siendo ultrajada en muchos lugares y circunstancias.

Al mismo tiempo, asistimos a transformaciones culturales y tecnológicas de hondo calado. Vemos cómo llega a nuestra cotidianeidad el debate sobre la integración entre las personas y la tecnología, el poshumanismo. Estos cambios nos obligan y obligarán a plantearnos qué es ser humano y qué debe ser irrenunciable como especie.

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¿Vendrán más libros? ¿La observación seguirá marcando tu narrativa?

Espero que al menos venga uno más. Me atrae la idea de poder comparar esta primera experiencia literaria, que me ha permitido comenzar, terminar y publicar un libro de un carácter tan íntimo, con lo que pudiera llegar a ser una segunda publicación.

Me pregunto cómo me transformará esta experiencia ¿Seguiría predominando la observación en la base de mi narrativa? ¿Se modificaría mi manera de escribir?

Yo diría que sí, seguiría observando porque es mi manera de estar en el mundo. Si no vemos, si no sentimos, si no prestamos atención alrededor y en nosotros mismos, difícilmente podrá surgir una voz narrativa auténtica. 

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