Mauricio Chaves–Mesén pasó de ser abogado y empresario a convertirse en el exitoso autor de una saga de intrigas y conspiraciones. “Caballeros de Nostradamus” le ha valido una legión de lectores en España y Francia. La octava novela de esta serie se titula “Los espías del Vaticano” y cuenta con ingredientes como profecías, sociedades secretas, numerología, geometría sagrada, física y metafísica. Además de incluir nombres representativos del desafío a la realidad formal: Nostradamus, Leonardo da Vinci, Isaac Newton, Julio Verne, Nicolás Maquiavelo y el enigmático Conde de Saint Germain.
El solo nombre de Nostradamus nos ubica en lo desconocido. ¿Eso fue determinante para que lo escogieras como título de tu saga?
La novela original nació como una historia de poder, sociedades secretas y manipulación política: Círculo de Poder. Apenas terminé el primer manuscrito, leí un libro de las Profecías de Nostradamus, y cuatro profecías parecían “predecir” mi novela… Tuve que hacerlas parte de la trama, y de repente, el profeta de hace cinco siglos se había apoderado de mi saga.
Nostradamus tiene algo fascinante: está en esa frontera incómoda entre historia y misterio. Fue médico, astrólogo, escribió sus Centurias, trabajó para Catalina de Médici… eso es historia. Pero después vienen cuatro siglos de personas intentando averiguar qué quiso decir. Incluso yo, en mis novelas, y en un montón de material que no he publicado… buen material, por cierto.
Ahora bien, el nombre Caballeros de Nostradamus no es por alguna orden secreta creada por Nostradamus: surge como una broma entre los protagonistas… y después termina adquiriendo un significado mayor… y se me acaba de ocurrir una idea buenísima... Siempre que me entrevistan, termino por escribir algún capítulo, porque me ponen a pensar y a poner ideas en orden, hago conexiones…
¿Y quiénes son los Caballeros de Nostradamus?
Son gente que no debería tener ninguna razón para estar junta. Abogados, periodistas, científicos, sacerdotes, arqueólogos, empresarios, agentes de inteligencia… Y claro, los longevos… Conforme avanza la historia descubrimos que poseen piezas de un mismo rompecabezas, y comenzamos a sospechar que quizá no sea la primera vez que se encuentran. En la séptima, entendemos más, pero será en la novena, próxima a publicarse, donde llegan respuestas. Algunas.
Pero en tu saga también hay otros personajes históricos no menos relacionados con la intriga. Cuéntanos sobre esos nombres.
Nostradamus, Leonardo da Vinci, Isaac Newton, Julio Verne, Nicolás Maquiavelo, el Conde de Saint Germain… Estos son los longevos. En las próximas vienen Tesla, Paracelso, Camille Flammarion, Dante, Platón, Shakespeare… Cada uno representa una forma distinta de aproximarse al conocimiento. Leonardo quería comprenderlo todo. Newton es recordado por la física y las matemáticas, pero la mayoría de sus trabajos son sobre alquimia, las profecías bíblicas y la cronología secreta de la humanidad. Verne escribió sobre tecnologías y lugares que parecían imposibles para su época. Maquiavelo estudió el poder y lo presentó sin maquillaje moral. Nostradamus veía el futuro, como lo han visto profetas modernos, como Parravicini. Mi reto ha sido conectarlos… y no ha sido tan difícil. La magia es que yo invento pocas cosas, la mayoría las descubro, las pistas están allí.
Los espías del Vaticano es la novela más reciente, la octava. ¿El Vaticano es parte de la conspiración mundial?
El Vaticano recopiló el conocimiento en forma casi exclusiva por 1.500 años. Los archivos vaticanos tienen 80 kilómetros de estanterías, y allí se guarda todo lo que han escondido por considerarlo peligroso. Es demasiado poderoso como para dejarlo fuera de unas novelas de conspiraciones, ¡ja! Pero yo evito la idea simplista de “El Vaticano es malo”. Las instituciones están formadas por humanos y dentro de ellas siempre existen intereses enfrentados. Ying y Yang, siempre hay buenos, siempre hay malos, y mucho depende del punto de vista. En las novelas que vienen me meto aún más en su historia, sus estructuras, los papas…
John O'Brien, el nuevo Papa en mis novelas, adquirirá una importancia fenomenal, luego de que descubramos quién es.

¿Cómo estructuras las novelas? ¿Los personajes se repiten, los escenarios cambian, las épocas?
Existe una multiplicidad de historias desarrollándose simultáneamente, todas afectando lo que sucede en las demás: todo se conecta con todo. El escenario es el mundo. Roma, París, Costa Rica, Marbella, Sudán, Chicago, Washington, Estambul, Georgia, Egipto, Italia… y eventualmente nos vamos a civilizaciones antiguas, cuando explicamos cosas con flashbacks.
Las novelas pares presentan nuevos personajes y líneas argumentales. Son ríos que navegamos hasta que en la siguiente novela impar nos unimos con el río principal, y de allí sigue la historia.
Las novelas impares reúnen las piezas y personajes de las anteriores y hacen que todo tenga sentido, que fluya y se sienta natural. Están llenas de “ah, claro, esto es por aquello…” Se pueden leer de forma independiente, y disfrutarlas, pero quien ha leído toda la saga encuentra conexiones escondidas por todas partes. Y como cambio constantemente de escenarios, cada novela tiene identidad propia. Una puede sentirse como thriller político o detectivesco, otra como aventura arqueológica, otra como novela histórica, otra como novela de espionaje, pero todas forman una sola historia.
Pero la saga de Caballeros de Nostradamus tiene una precuela, la saga Atlántida. ¿Hasta dónde se extiende este mundo de conspiraciones? ¿De qué trata la precuela?
Atlántida nació porque ya para la quinta novela no bastaba con decir que determinados objetos o conocimientos provenían de una civilización anterior. En El Manuscrito Médici, comencé a contar esa historia, pero comprendí que el material era tan rico que pedía una saga propia. Pero no es una historia de dragones y seres míticos, o dioses flotando entre rayos y cristales mágicos, sino una civilización humana avanzada que, vista desde culturas posteriores, habría parecido divina. Conviven “dioses”, gigantes, humanos normales, todos con ambiciones, sueños, aspiraciones, problemas psicológicos … hay traiciones, corazones rotos, y un gusto desmedido por apostar en carreras de burros. No todo es “se acaba el mundo, auxilio”.
En Atlántida comenzamos a comprender que la conspiración de los Purificadores, o del Vaticano, o la del Círculo de Poder, no empezó hace cien años, ni quinientos… empezó hace diez mil.
El universo se extenderá hasta donde me lleven las musas. Yo pensé que la sétima era la última. Hoy entiendo que comprende treinta y una novelas a través de distintas sagas, épocas y personajes, contando una única historia, que es a la vez la historia del mundo. En total ya van doce, y este año vienen dos más, una de la Atlántida y una de Caballeros.
“Nostradamus tiene algo fascinante: está en esa frontera incómoda entre historia y misterio”
¿Te consideras un novelista místico?
Creo que hay humanos que han alcanzado la “consciencia cósmica”, que han logrado ver destellos del infinito, pues “entender” de qué se trata todo esto ha sido la gran búsqueda; pero si bien hay partes de mis libros en que me “hago el profundo”, y hablo de reencarnación, conciencia, profecías y conocimiento ancestral, hay otras en las que me río de la vida y no me tomo tan en serio. Mis personajes se enamoran, sufren, les dan “depres”, se hacen los chistosos, son vanidosos, hacen dieta… son gente normal tratando de ser felices, no siempre cuestionándose si deben “ser” o “no ser”. Soy más un novelista de preguntas Estudio de todo, me meto en todo, --historia, arqueología, religiones comparadas, matemáticas, tecnología y un largo etcétera--, busco conexiones y trato de encontrar respuestas. Mi conclusión hasta ahora es que las cosas son más simples de la cuenta. Pero el negocio más antiguo del mundo es hacer creer a la gente que son ocultas y difíciles, y ofrecerse como intermediario “iluminado”…
¿Toda realidad social está manipulada?
Está interpretada. Vemos los acontecimientos a través de gobiernos, medios de comunicación, religiones, instituciones, intereses económicos, ideologías, recuerdos y prejuicios. Sí existen grupos de poder. Sí existen intereses económicos. Sí existe propaganda y se oculta información. La historia está llena de ejemplos. Pero también existe incompetencia, casualidad, error humano y personas actuando con lo que creen que son buenas intenciones. No necesariamente existe una habitación secreta donde siete o doce personas deciden todo lo que ocurre en el planeta. La realidad es más compleja… son treinta y tres… es broma. Yo evito dividir el mundo entre buenos perfectos y malos perfectos. La gente termina por encontrar una justificación mental para lo que hace, incluso mis antagonistas creen estar haciendo lo correcto. Los Purificadores, por ejemplo, consideran que nuestra civilización ha llegado a un nivel de corrupción y destrucción que hace necesaria una especie de reinicio. Ahí empieza el conflicto interesante, dejar de ver todo en blanco y negro, y entender que mucho de lo que pasa está teñido de gris.

Volviendo a tu obra. Tenemos noticias de que tu saga es un éxito en Francia.
Oui. Las traducciones francesas se publicaron entre marzo y junio de este año, y la respuesta fue inmediata. Los lectores se identificaron con los personajes. Nostradamus es francés. Julio Verne es francés. Saint Germain forma parte de su imaginario histórico y su descendiente es un billonario parisino. París aparece constantemente. Así que de alguna manera los personajes están regresando a casa. Además, no han tenido que esperar uno o dos años entre cada novela, como los lectores en español que me siguen desde el principio. Pueden leer la saga completa de una vez, y gracias a los cliffhangers, ¡no paran! La regla, no la excepción, es que me compren la saga completa, y por eso las ocho novelas se han mantenido entre las más vendidas en Misterios Ocultos por meses.
¿Veremos esta saga en el cine?
Sí. Pirámides, excavaciones arqueológicas, persecuciones, romances, palacios, túneles, el Vaticano, sociedades secretas, Roma, París, Dubái, el Cairo… son novelas muy visuales, la gente se siente en una película. Desde la primera novela hubo interés en llevarla a la pantalla, y estudié cine con esa intención. Claro, para captar este universo tan complejo tendrían que ser varias películas. Quizá una serie permitiría desarrollar mejor todos los personajes y conexiones. Una temporada por novela, el cliffhanger, la gente sin saber si es verdad que Van Damme hará un cameo (ya anda el rumor, ¡ja!), o cuál será el papel de Banderas…
Yo desde hace unos tres años, dicto, luego me siento a transcribir y editar. Eso me permite relajarme, cerrar los ojos y visualizar la escena. Imagino cómo entra el personaje, cómo se mueve la cámara, dónde está la luz, y cuando comienzo a dictar, a veces hasta digo ¡acción!… ¡Le pongo una emoción a esos audios! Es que lo vivo, yo estoy allí, a veces soy el personaje.
Así que serie o películas, se hará, y yo dirigiré alguna. ¡Acción!
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