En una sala sobria, iluminada por la luz de Enero que entra por los ventanales de SAPAME Granada, se encuentra Francisco José García Carbonell, filósofo, teólogo, escritor y facilitador de grupos. Su último libro, *La interrupción suave: ensayos desde el umbral de Ana y su locura transitoria*, ha comenzado a circular como un susurro potente entre quienes buscan una filosofía encarnada, no domesticada por el dogma ni por la lógica del mercado. Lo entrevista Antonio Guerrero, docente y ensayista, en una conversación que se despliega como un acto de escucha mutua, donde la palabra no busca imponerse, sino abrirse.
Antonio Guerrero (AG): Francisco, gracias por recibirnos. Tu libro comienza con una figura que descoloca: Ana. ¿Quién es Ana y por qué su locura transitoria se vuelve eje de tu pensamiento?
Francisco J. García Carbonell (FJGC): Gracias a ti, Antonio. Ana es una figura simbólica, pero también profundamente encarnada. Representa a todas aquellas personas que no se ajustan al molde, que no buscan redención ni obediencia. Su locura transitoria no es patología, sino resistencia. Es el temblor que desbarata el dogma, la grieta que permite respirar fuera del logos.
AG: En el prólogo de Óscar Sánchez Vadillo se habla de un Dios que ha sido enterrado en el cielo. ¿Tu libro es también una elegía teológica?
FJGC: Es una elegía, sí, pero también una afirmación. No niego la posibilidad de lo divino, pero me interesa más lo que ocurre cuando esa posibilidad se vuelve mandato. Ana no rechaza a Dios: simplemente no lo necesita para amar al prójimo. Eso es lo que me parece revolucionario.
AG: Hay una crítica profunda al sacrificio como forma de redención. ¿Es una crítica al cristianismo?
FJGC: No al cristianismo como experiencia espiritual, sino al cristianismo como sistema de control. Cuando el sacrificio se convierte en moneda de salvación, la carne deja de ser presencia y se vuelve deuda. Ana no sacrifica: se afirma. Y en esa afirmación hay una ética que no necesita justificación.
AG: En el capítulo sobre San Pablo y Lutero, desmarcas a Ana de la lógica de la culpa. ¿Es posible vivir sin culpa?
FJGC: Es difícil, pero es posible. La culpa es una herramienta de domesticación. Lutero, al separar pecado de culpabilidad, abrió una vía hacia la misericordia. Ana va más allá: no se libera porque nunca se encadenó. Su locura transitoria es una forma de vivir sin pedir permiso.
AG: ¿Y qué lugar ocupa la filosofía en todo esto?
FJGC: La filosofía, si no se convierte en dogma, puede ser una forma de interrupción. Puede abrir espacios donde el sentido no se impone, sino se busca. En ese sentido, este libro es también una defensa de la filosofía como práctica de resistencia.
AG: ¿Crees que Ana puede ser leída como figura feminista?
FJGC: Absolutamente. Ana no se somete, no se redime, no se sacrifica. Su cuerpo no es vehículo de lo divino, sino afirmación de lo humano. En un mundo que sigue exigiendo a las mujeres que se ofrezcan, Ana se despliega sin pedir permiso.
AG: ¿Cómo ha sido recibido el libro en los espacios donde lo has compartido?
FJGC: Con sorpresa, con emoción, con incomodidad. Y eso me parece bien. No escribí para gustar, sino para interrumpir. Si alguien se detiene a pensar, aunque sea un segundo, ya ha ocurrido algo.
AG: ¿Qué esperas que ocurra en el lector?
FJGC: Que se permita no entender. Que se permita no justificar. Que se permita vivir sin ser trascendido. Que escuche su propia frecuencia, aunque no encaje en el coro.
AG: ¿Y tú, Francisco, te sientes interrumpido por Ana?
FJGC: Sí. Ana me ha enseñado a no buscar redención, a no justificarme, a no pedir permiso para existir. Es una figura que me acompaña, que me descoloca, que me recuerda que la filosofía no está en los tratados, sino en los cuerpos que resisten.
AG: Para terminar, ¿qué sigue después de *La interrupción suave*?
FJGC: Seminarios, encuentros, diálogos. Y otro libro, quizás. Pero sobre todo, seguir acompañando desde la fragilidad, seguir pensando desde la periferia, seguir interrumpiendo suavemente.
AG: Gracias, Francisco. Ha sido un privilegio escucharte.
FJGC: Gracias a ti, Antonio. Que la interrupción nos encuentre.