“La buena literatura no es un acto espontáneo. Se construye”

El dramaturgo y novelista Miguel Ángel González bucea en su nueva novela, ‘Las tres familias’, en el poder del honor y la traición en una historia que transcurre entre la Castilla del siglo XV y la Sicilia del XX

22 de Febrero de 2026
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“La buena literatura no es un acto espontáneo. Se construye”

El reconocimiento de público y crítica persigue con insistencia su trabajo como novelista y dramaturgo cada vez que publica un nuevo trabajo literario, pero él sólo piensa en un lector concreto. Hacia él exclusivamente van dirigidas las historias que la mente de Miguel Ángel González (Madrid, 1982) inventa en cada nuevo trabajo. En Las tres familias (Ediciones B), el destino une dos historias con más de cinco siglos de diferencia, y lleva al lector a los orígenes de la mafia italiana en Sicilia. González hilvana una absorbente trama que deja sin resuello al lector de principio a fin, mientras va sin descanso desde el viejo reino de Castilla en el siglo XV al Palermo de los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial.

Dirige una escuela literaria y es autor de un buen puñado de obras aclamadas por un amplio público. El best seller, ¿nace o se hace?

Dirijo Club de Escritores, aunque preferimos definirnos como una comunidad literaria. Han pasado por ella más de tres mil personas de todo el mundo hispanohablante y lo que nos une no es solo aprender a escribir, sino leer, conversar sobre libros y entender cómo funciona la literatura. Desde ahí tengo claro que la buena literatura no es un acto espontáneo. Se construye. Puede haber talento o una facilidad inicial, pero sin trabajo, lectura y oficio no hay recorrido. Por eso nunca hablamos de ventas ni de fórmulas para fabricar best sellers. La literatura se hace; el éxito, si llega, es siempre una consecuencia, nunca el punto de partida.

Es evidente que no lo contestará, pero lo intento de todos modos. ¿Cuál es el elixir del éxito literario, de la novela perfecta para llegar al mayor número posible de lectores?

No es que no quiera responder, es que sinceramente no tengo la respuesta. No sé cuál es el elixir del éxito literario ni cómo se construye una novela pensada para llegar al mayor número de lectores. Cuando escribo, pienso en un lector concreto, no en cifras: alguien al que quiero contarle una historia, entretenerlo, intrigarlo y, en cierto modo, engañarlo como hace un buen mago, llevándolo por un camino para sorprenderlo después. Mi trayectoria, de hecho, ha tenido más reconocimiento crítico que éxito masivo de público. Ahora, con Las tres familias, sí estoy viviendo una mayor respuesta del público, y eso es una alegría enorme. Pero lo que más me importa es que los lectores destaquen la solidez de la historia, la documentación y la emoción de los personajes. Si tuviera que dar un consejo, no sería cómo vender más, sino cómo escribir mejor: construir una historia sólida, bien trabajada y honesta. Los lectores, al final, tienen criterio y suelen llegar a los libros que lo merecen.

“No sé cuál es el elixir del éxito literario ni cómo se construye una novela pensada para llegar al mayor número de lectores. Cuando escribo, pienso en un lector concreto, no en cifras”

En su nueva novela, la narración alterna dos tramas entrelazadas con cinco siglos de distancia temporal entre ellas. ¿Por qué?

Porque era la única forma coherente de contar esta historia. La novela nace del descubrimiento de varias teorías que sitúan el origen de la mafia en la España del siglo XV, algo que apenas se había explorado desde la ficción. Para narrar la historia del último heredero de uno de esos fundadores era necesario mostrar ese origen y, al mismo tiempo, llevar la trama al gran momento de transformación de la mafia a mediados del siglo XX. El diálogo entre ambas épocas es lo que da sentido al conjunto.

Incluso la trama que transcurre en el pasado siglo en la ciudad siciliana de Palermo se subdivide en dos espacios temporales concretos: durante plena Segunda Guerra Mundial y a mediados del siglo XX. ¿Es una manera efectiva de dotar de ritmo narrativo a la intriga?

Más que una decisión estructural, es una decisión ligada a los personajes. Yo construyo las historias desde ellos. Para entender las decisiones del protagonista en la edad adulta era imprescindible conocer su infancia y su idea de familia. Ese doble tiempo no solo aporta ritmo, sino profundidad emocional. Permite comprender quién es el personaje, qué valores lo mueven y por qué actúa como actúa.

Una vieja leyenda es clave para entender el trasfondo de la historia que cuenta y gira en torno a un viejo camafeo como elemento vertebrador. ¿Toda intriga literaria debe contener un buen gancho que sea original y atractivo para el lector?

El camafeo no está pensado como un simple gancho, sino como un símbolo. Me interesa mucho la vida secreta de los objetos: qué historias acumulan a lo largo del tiempo. En la novela, el camafeo funciona como un testigo mudo que conecta cinco siglos de historia. Más que llamar la atención por su rareza, sirve como hilo simbólico y emocional entre pasado y presente.

Sus protagonistas, inmersos en una cruenta historia de honor, poder y traiciones, están en el epicentro de los orígenes de la mafia siciliana. ¿Hasta qué punto es importante la labor de documentación histórica en cualquier libro de intriga histórica?

Para mí es fundamental. La documentación no es solo bibliográfica, también es física y geográfica. Para escribir esta novela viajé varias veces a Sicilia y recorrí todas las localizaciones que aparecen en el libro. Yo solo sé escribir desde lo que conozco. La ficción está en los personajes y en la trama, pero el contexto histórico y espacial necesita un respaldo riguroso para que la historia resulte creíble.

Logra que cada capítulo termine en un in crescendo que mantiene en vilo la lectura y obliga al lector a continuar sin remisión. ¿Es algo innato en su estilo de escritura o más bien es una intención perfectamente premeditada para lograr esta evolución argumental desde que se pone a escribir la primera línea?

Tiene mucho que ver con mi formación en cine y teatro. Pienso los capítulos como escenas, como secuencias visuales. El ritmo nace de los cortes y de los enlaces entre una escena y la siguiente. No se trata tanto de terminar en alto, sino de construir una narración que el lector pueda ver y sentir, y que lo empuje a seguir leyendo.

En su trayectoria profesional ha sido premiado tanto como novelista como dramaturgo. ¿Siente alguna especial predilección por alguna de estas dos vetas artísticas que practica en paralelo?

No siento que una vertiente esté por encima de las demás. Cada historia pide su propia forma. Hay textos que solo encuentro en el verso, otros que necesitan un escenario y otros que requieren la pausa y el aliento de la novela. Lo más difícil no es cambiar de género, sino tomar la decisión correcta al inicio: entender cómo quiere ser contada cada historia.

Las tres familiasMiguel Ángel GonzálezEdiciones B416 páginas23,90 €
Las tres familias Miguel Ángel González Ediciones B 416 páginas 23,90 €

 

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