Poco o nada tiene que demostrar ya a estas alturas el autor de novelas tan aclamadas como El mar o Las singularidades. Tampoco con las obras que publica en español bajo el pseudónimo de Benjamin Black. De hecho, es hoy por hoy uno de los más firmes candidatos al Nobel de Literatura. Por eso en su última obra, Nocturno de Venecia (Alfaguara), se nota que la ha planteado como un puro divertimento en el que vuelve a plasmar toda su sabiduría como narrador, con un estilo literario que siempre brilla aun en los momentos más dubitativos de la trama.
John Banville (Wexford, Irlanda, 1945), ganador de los galardones literarios más importantes del panorama internacional como por ejemplo el Príncipe de Asturias de las Letras, el Booker y el Franz Kafka, entre otros, nos conduce a la Venecia de 1899, asomando un nuevo siglo y un nuevo mundo en una de las ciudades más evocadoras del planeta, donde plantea una trama a modo de intriga policiaca en la que se dan cita un escritor de tres al cuarto y su millonaria esposa, hija de un magnate recientemente fallecido. Lo que se planteó inicialmente como una dulce luna de miel pronto se convierte en una diabólica sucesión de encuentros y desencuentros con personajes misteriosos que se suman al festín de la bruma veneciana finisecular. El resto lo logra un narrador en estado de gracia, que envuelve con su prosa exquisita y su ritmo magistral en una historia donde poco es lo que parece ser, y donde todo parece envuelto en un ambiente enrarecido que mantiene al lector completamente en vilo hasta la última página.
Lo que se planteó como una dulce luna de miel pronto se convierte en una diabólica sucesión de encuentros y desencuentros con personajes misteriosos que se suman al festín de la bruma veneciana
Pero si intrigantes y logrados son los personajes que rodean a la pareja protagonista aún más lo es la recreación del ambiente y la atmósfera que aquella Venecia que asomaba al siglo veinte podía transmitir a sus visitantes. Porque, en definitiva, la ciudad italiana de los canales es probablemente la gran protagonista de esta novela, por encima de unos personajes brumosos perfilados a modo de cuasifantasmales seres que ocultan mucho más que muestran.
Con Banville incluso parece que llegamos a oler las fétidas aguas de los canales venecianos, ver sus palacios decadentes y contemplar cómo pasean en góndola sus residentes y visitantes esporádicos. En este escenario espectacular y único, el escritor irlandés presenta temas universales como los límites de la pasión amorosa, la autodestrucción como vía de escape vital o la codicia como fin último que redime de otros males tan punitivos como este.
No le hace falta a Banville mucha destreza para la recreación del clima, que se suma a una trama donde el suspense se mantiene hasta el final mismo de la novela en un pulso magistral que el narrador logra con la dosificación de información a través de la entrada y salida de escena de sus personajes, como si de un sucedáneo de la mismísima Agatha Christie se tratara.
Autor de casi medio centenar de obras en su dilatada carrera literaria, Banville celebra sus 80 años con el encuentro del novelista completamente ajeno a la novela negra con el apasionado del thriller que demuestra ser con su alter ego Benjamin Black, que ha dado memorables momentos con las andanzas del doctor Quirke, un patólogo forense peculiar, tan atormentado y huraño como borrachín y brillante a la hora de desvelar los misterios más enrevesados.
En Nocturno de Venecia, Banville vive de unas rentas honorablemente adquiridas a lo largo de una larguísima trayectoria de éxitos literarios e incluso da un paso más allá en un juego magistral que evidencia que muy pocos escritores vivos están al nivel del irlandés. Por eso es, sin duda, uno de los grandes hoy por hoy.
