Edimburgo, la ciudad más literaria del mundo (con el permiso de tantas otras): Stevenson, Walter Scott, Conan Doyle, J.K. Rowling… Y justo allí sucede que le pregunto a mi hijo que si la chica que va con su amiga Maite, escribe.
-¿Esa chica escribe?
Me mira un poco asombrado, pero sólo un poco, porque -como es natural- me conoce desde que nació y ya está acostumbrado a mí.
-Sí -me responde.
Y ahí queda, volvemos a Newcastle, en cuya universidad va a pasar un cuatrimestre, y unos meses después estamos ya todos en España, en Mad Madrid, y en casa.
Y una tarde Max aparece con un libro. Un poemario que me ha comprado como regalo. Es de la chica. La chica sobre la que le pregunté, en Edimburgo, si escribía.
Siempre es un placer tener un libro nuevo entre las manos. Me gusta mucho el diseño, la edición…, que no ponga ninguna foto suya (de hecho se lo copio en el libro que tengo ahora en imprenta, El hijo de Peter Pan; tampoco pongo ninguna foto mía.
Y luego, como hago siempre con los poemarios, lo dejo al alcance de mi mano, como libro de compañía, y lo abro caprichosamente de vez en cuando, y leo:
“Nadie guardará tu sitio,
si te escondes mientras pecas”
“La noche canta.
sin ser de piedra.
Brillan colores,
en mi miseria”
“Pienso que todos somos
lentos,
vacíos
y personas extrañas”
“Pienso mucho y vivo doble,
y se me olvida lo que era
ser consciente,
estar atenta”.
Y estos dos versos me encantan, y hasta los puse un día en mi estado de guasap:
“Es larga y duele la espera,
del que reza por que le quieran”
Editorial Talón de Aquiles
GRITOS Y SÁBANAS BLANCAS
Alicia G.C. Lanz
LANZ
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