Psicóloga clínica experta en terapia sexual y de pareja, Cecilia Martín dirige el Instituto de Psicología Psicode ( www.institutopsicode.com) y lleva más de 20 años trabajando con parejas. Además es autora de Amor Orgásmico (Vergara,2024) y de la obra que enseña a “sobrevivir al amor en la era digital”: Ghosting, celos, rupturas y otros dramas modernos (Vergara,2026).
El reto parece mayúsculo, prácticamente una entelequia: dar respuesta al enigma del amor en este alocado siglo veintiuno. ¿Se ha vuelto usted loca?
Jajaja. No sé si me he vuelto loca… pero lo que sí me parecería una locura es no escribir este libro después de la cantidad de pacientes que veo sufrir por la inestabilidad de las relaciones actuales. Personas agotadas emocionalmente, atrapadas en vínculos ambiguos, en ghostings, en relaciones intermitentes o con miedo constante a que les abandonen. Vivimos en una época donde tenemos más libertad para elegir, más posibilidades para conocer gente y más herramientas para conectar, pero paradójicamente también más miedo al compromiso, más incertidumbre y más dificultad para construir vínculos estables. Mi libro no pretende resolver “el enigma del amor”, porque las relaciones humanas nunca serán matemáticas. Lo que sí pretende es ayudar a las personas a entender qué está pasando hoy con los vínculos, dejar de sufrir tanto por amor y aprender a adaptarse emocionalmente a esta nueva sociedad.
Vivimos en una época donde las reglas han cambiado: han cambiado las formas de conocer a alguien, de enamorarse, de comprometerse y hasta de romper. Y seguir intentando amar con los esquemas del pasado es casi garantizarse el sufrimiento, porque el contexto actual es completamente distinto.
“Seguir intentando amar con los esquemas del pasado es casi garantizarse el sufrimiento”
Ya que se ha puesto en el empeño: denos un puñado de razones para creer que es posible encontrar nuestra media naranja hoy día.
Claro que es posible. A veces escuchamos en redes discursos tan pesimistas sobre las relaciones que parece que encontrar pareja hoy es una misión imposible. Pero, sinceramente, entre millones de personas… ¿cómo no va a haber alguien compatible contigo? Además, queramos o no, el ser humano no está diseñado para vivir aislado. Necesitamos apego, intimidad, amar, sentirnos amados y crear vínculos profundos. Es una necesidad básica. Actualmente se sobrevalora la independencia, la autosuficiencia o el “no necesito a nadie”, pero eso muchas veces es una coraza para evitar exponerse al miedo al rechazo o a sufrir por amor. Emocionalmente seguimos necesitando conexión humana.
En las redes sociales están amplificando mensajes muy extremos porque eso es lo que más se viraliza. Reels donde hombres y mujeres parecen enemigos, discursos llenos de desconfianza, miedo, resentimiento o luchas de poder constantes. Y cuando consumes eso todos los días, acabas mirando las relaciones con desconfianza. Otro dato es que las generaciones más jóvenes (Generación Z) siguen deseando vínculos seguros, exclusividad emocional (no poliamor) y alguien con quien construir un proyecto de vida. Valoran el compromiso y asocian la estabilidad amorosa con la salud mental. Ya no buscan necesariamente el “para siempre”, pero sí relaciones donde sentirse elegidos, cuidados y emocionalmente tranquilos. Por eso, creo que ahora más que nunca necesitamos mensajes más conciliadores y más realistas. El amor no consiste en encontrar a alguien perfecto, sino a alguien con quien puedas construir seguridad emocional, complicidad y cuidado mutuo. Las parejas sanas no son las que nunca tienen problemas, sino las que aprenden a seguir eligiéndose diariamente, incluso en los momentos difíciles.

Como apunta en su libro, hoy parece que el amor es prácticamente solo un instinto de supervivencia más con el que ahormar nuestras vidas. ¿Cómo lograr que tengamos esperanza en hallarlo de verdad, sin subterfugios ni autoengaños?
Creo que la esperanza aparece cuando dejamos de idealizar el amor y empezamos a entenderlo de una forma más madura y más realista. Nos han vendido durante años la idea de que el amor verdadero es algo mágico, perfecto, espontáneo y eterno. Y cuando la realidad no encaja con esa fantasía, muchas personas sienten frustración o piensan que han fracasado.
El amor real implica vulnerabilidad, compromiso, tolerar diferencias, aprender a comunicarte y también atravesar momentos incómodos. Y, aun así, merece la pena. El problema es que hoy muchas personas viven con una mezcla constante de miedo y desconfianza. Entonces entramos en las relaciones intentando protegernos tanto que terminamos impidiendo la conexión que precisamente necesitamos. Para mí, tener esperanza en el amor no significa creer que existe una persona perfecta, pero sí confiar en que es posible construir relaciones sanas, teniendo en cuenta que el amor no se encuentra solamente, sino que también se trabaja, se cuida y se sostiene. Y quizá ahí está el cambio: dejar de buscar relaciones perfectas y empezar a buscar relaciones emocionalmente seguras.
“Sinceramente, entre millones de personas… ¿cómo no va a haber alguien compatible contigo? Además, queramos o no, el ser humano no está diseñado para vivir aislado”
¿Es el mundo de lo digital que impera uno de los causantes principales del desnorte generalizado de la ciudadanía sobre el amor?
Sí, creo que el entorno digital ha influido muchísimo en nuestra manera de relacionarnos. Y uno de los grandes problemas es que nos hemos acostumbrado a la inmediatez. Hoy todo lo tenemos al instante y eso también está afectando al amor. Cada vez toleramos peor la espera, la incertidumbre y el tiempo necesario para conocer de verdad a otra persona. Las relaciones profundas necesitan tiempo, paciencia y presencia. Pero las aplicaciones y las redes sociales fomentan justo lo contrario: la sensación de que siempre hay infinitas opciones disponibles y de que, si alguien no encaja perfectamente contigo desde el principio, basta con deslizar la pantalla y buscar otra persona. Eso dificulta el compromiso. Además, estamos sustituyendo demasiados encuentros cara a cara por pantallas. Y el amor necesita contacto humano, miradas a los ojos. Otro problema importante es la idealización. Estamos constantemente expuestos a imágenes de parejas aparentemente perfectas en redes sociales y acabamos comparando nuestras relaciones reales con un escaparate cuidadosamente editado. Eso genera expectativas irreales sobre cómo debería sentirse el amor todo el tiempo. Y cuando aparece la frustración (que forma parte natural de cualquier relación humana) muchas personas interpretan que “ya no es la persona correcta” y rompen demasiado rápido. Creo que estamos perdiendo tolerancia a la frustración y a los procesos lentos que requiere el amor real. Queremos relaciones intensas, perfectas y sin conflictos… pero las relaciones no funcionan así. El amor adulto también implica paciencia, reparación y aprender a sostener la relación cuando llega la incomodidad.

¿Deberíamos volver a los preceptos del mundo analógico en el terreno del amor o también la era digital actual tiene sus partes positivas?
Creo que necesitamos integrar lo mejor de ambos mundos: la libertad y las oportunidades que ofrece la era digital, pero recuperando también valores más “analógicos” como la paciencia, la atención plena, la capacidad de compromiso y el contacto humano real. Porque el amor necesita conexión emocional… y esa conexión siempre ocurre mirándonos a los ojos, fuera de la pantalla.
El reto está en no perder lo humano en medio de tanta pantalla. Podemos aprovechar las ventajas de la tecnología manteniendo lo esencial: la conversación real cara a cara, la intimidad y el tiempo de calidad. Las relaciones profundas no se construyen con mensajes rápidos, likes o reacciones a stories, se construyen compartiendo la vida.
¿Por qué el escepticismo se ha convertido en la indeseada bandera principal del enamoramiento en la actualidad?
Muchas personas llegan al amor con muchas cicatrices. Y cuando alguien ha sufrido, muchas veces desarrolla una actitud escéptica como forma de protección. Además, las redes sociales alimentan constantemente esa desconfianza. Consumimos mensajes que nos dicen que no nos fiemos de nadie, que todos son reemplazables o que demostrar interés es una debilidad. También influye que vivimos en una cultura de la inmediatez y de las infinitas opciones. Antes las relaciones se construían con más paciencia; ahora, a la mínima frustración, mucha gente se plantea si debería buscar algo “mejor”. Hemos perdido cierta tolerancia a la incomodidad normal que implica cualquier relación. Y hay otro aspecto importante: hemos confundido independencia emocional con no necesitar a nadie. Parece que depender emocionalmente de la persona que amas estuviera mal visto, cuando en realidad el apego y la conexión son necesidades humanas básicas. Aun así, creo que debajo de todo ese escepticismo sigue existiendo un enorme deseo de amar y ser amado.
"La esperanza aparece cuando dejamos de idealizar el amor y empezamos a entenderlo de una forma más madura y más realista. Nos han vendido durante años la idea de que el amor verdadero es algo mágico, perfecto, espontáneo y eterno”
Como usted subraya en este libro, parece que el amor romántico ha muerto y, en contra de lo esperado, las redes sociales se llenan de likes ante historias de amor tiernas, empáticas, corresponsables… ¿Qué es lo que no cuadra?
Lo que ocurre es que convivimos con una gran contradicción: por un lado, vivimos en una sociedad que promueve la autonomía extrema, la autosuficiencia y relaciones cada vez más líquidas e inestables. Pero, al mismo tiempo, seguimos necesitando sentirnos queridos, elegidos y emocionalmente seguros. Por eso triunfan tanto en redes las historias de amor tiernas o las parejas que tienen detalles románticos. Porque, aunque públicamente a veces adoptemos un discurso escéptico o defensivo sobre el amor, en el fondo seguimos anhelándolo. De hecho, el género literario más vendido sigue siendo el romance. Y eso es así porque responde a un deseo de la sociedad: queremos creer que el amor existe. Quizá muchas personas ya no creen en el amor perfecto de las películas… pero sí quieren ser la excepción que lo encuentre. Creo que el amor romántico no ha muerto, pero sí se está actualizando. La generación actual quizá ya no busca cuentos de hadas, pero sí relaciones donde haya apoyo mutuo, admiración, cuidado y tranquilidad emocional.
¿Cómo detectar, a grandes rasgos, que la relación sentimental que mantenemos tiene presente y futuro y no es tóxica como creemos?
Una relación sana no es una relación perfecta ni una relación sin conflictos. De hecho, todas las parejas discuten, atraviesan crisis o tienen diferencias. La clave está en cómo se gestionan esos problemas. Para mí, una de las señales más importantes es la seguridad emocional: sentir que puedes ser tú mismo dentro de la relación, que no tienes que vivir con miedo constante al abandono, al castigo emocional o a que el otro desaparezca a la mínima dificultad. Las relaciones con presente y futuro suelen tener algunas bases muy claras: respeto, admiración mutua, comunicación sin ataques constantes, capacidad para reparar después de los conflictos y sensación de equipo. Son parejas que, incluso en momentos difíciles, siguen eligiéndose y cuidándose cada día.
