Contadas son las novelas que se disfrutan con una sonrisa perenne en la boca mientras se leen. El mal de la risa (Tusquets) es un buen ejemplo. No tarda mucho el lector en empatizar con la protagonista, una mujer octogenaria que arregla el mundo lanzando dardos envenenados hacia todo lo que la rodea, ya sean familiares, vecinos o desconocidos. Sobrelleva el peso de la existencia a base de un humor corrosivo y desternillante a un tiempo. Una forma como otra cualquiera de afrontar la vida diaria, un duro tránsito que Noelia ameniza con elucubraciones cortantes, afiladas y descarnadas. Isabel Bono ha confeccionado un personaje de esos que se quedan en el recuerdo del lector tiempo después de la lectura de la novela. No es fácil, pero la autora malagueña lo ha logrado con una narrativa directa, de ritmo incesante y el perfil de unos personajes creíbles que cualquiera de nosotros puede presentir a nuestro alrededor sin tener que mirar muy lejos.
Ya solo por la foto de portada que ilustra la novela merece la pena el resto, la novela en sí. ¿No cree? Dice tanto, es tan empática…
Completamente de acuerdo. Ver a alguien reír siempre nos salva, nos predispone a encarar lo que venga de otro modo. Agradezco infinito a Tusquets que la admitieran como portada, e incluso la mejoraran coloreándola. Lo curioso es que barajaba otro título, Bah. Pero cuando mi amigo Javi Martin me enseño esa foto, vi claro que era la portada perfecta y la novela debía titularse El mal de la risa, homenaje a El mal de la muerte de Marguerite Duras.
“El mal de la risa es la cuarta publicada, pero la décima por lo menos que he escrito. Solo necesitaba encontrar mi tono en prosa”
La risa asociada al mal. ¿Es solo una expresión hecha o quiere decir mucho más?
En las películas no hay nada peor que una risa malvada, pero no es el caso. Según Noelia/Adelfa la risa de su hermana es limpia. Como digo, es un homenaje a El mal de la muerte. Es mi primera novela susceptible de spoiler. Quienes la lean, llegarán a un punto en el que digan: Ah, era por eso. Y espero que sonrían (un poco).
Viendo su trayectoria literaria iniciada en la poesía cuesta trabajo asimilar cómo ha sido posible que haya concebido un personaje tan entrañable como visceral como es Noelia, la mujer de 83 años que no deja títere con cabeza desde la primera hasta la última línea de El mal de la risa…
Ay, yo es que nunca pensé en escribir poemas, quería escribir historias desde los siete años, me daba igual si cuentos o novelas. Pero la poesía llegó y me permitió contar historias breves en forma de poemas. Pero yo seguía ahí, en un segundo plano, escribiendo "novelas". El mal de la risa es la cuarta publicada, pero la décima por lo menos que he escrito. Solo necesitaba encontrar mi tono en prosa.
Sorprende el estilo cortante, a veces casi telegráfico, con el que se expresa esta protagonista que el lector no tardará mucho en adorar. Imagino que habrá un arduo trabajo estilístico detrás de ello.
Siempre he buscado eso, el dardo, la punzada. Supongo que escribir poemas (suelen ser muy breves) me ha ayudado mucho a escribir una prosa, digamos, de navaja. Siempre aspiré a algo parecido a Beckett, a Duras. Pero fue en 2005, cuando leí a Askildsen, que supe cuál debía ser el tono en el que me iba a encontrar cómoda. Lo leí todo, lo deglutí, dejé que alimentara mi ADN, y allá que fui. Una vez encuentras tu tono es solo dejarse ir, disfrutar. Y, después, como dice Gamoneda: lupa y navaja.

¿Existe un cambio evolutivo claro en Isabel Bono novelista desde que obtuvo el Gijón con su primer trabajo narrativo, Una casa en Bleturge?
Me gustaría pensar que sí. Quizá Bleturge era más poética. Creo que me he ido despojando naturalmente del tono "demasiado poetico". Quizá esta sea la más narrativa, pero es lo que me pedía el personaje. Nunca voy con un plan. Escribo, como decía Nooteboom, en modo médium, las voces de los personajes me guían.
¿Quién es Noelia realmente? ¿Por qué es así?
¿Y quién no es así?, ¿quién no tiene varias caras? Podría decir como Flaubert: Madame Noelia/Adelfa c’est moi. Pero no: c’est nous. Cualquier persona es a estratos. Con suerte conocemos los más superficiales. Según hurgamos vamos encontrando capas que desconocíamos. He intentado que eso vaya in crescendo en la novela, que la vayamos descubriendo poco a poco, como ella va descubriendo poco a poco en su hermana a la que se supone conocía perfectamente.
“Una vez encuentras tu tono es solo dejarse ir, disfrutar. Y, después, como dice Gamoneda: lupa y navaja”
Todos vamos buscando continuamente la vida perfecta mientras nos damos de bruces con frustraciones una tras otra. ¿Es Noelia un ser excepcional que ha hallado sin muchas ambiciones el elixir de la verdadera felicidad?
Dudo mucho que sea excepcional, aunque en estos tiempos tan feos tiene mucho mérito ser medianamente feliz. Hay quien lo consigue viviendo al margen del mundo que nos rodea. Los seres egoístas tienen el camino de la felicidad hecho. En el caso de Noelia/Adelfa es el sentido del humor quien la salva, el pensar que nada es para tanto. Aplica la filosofía del bah. En eso nos parecemos un poco. Yo suelo pasar por alto lo malo, pero para lo bueno soy más disfrutona que ella.
Resulta incuestionable su capacidad para entresacar verdaderos hilos poéticos de la cotidianidad de sus personajes. ¿Es cierto que las mejores novelas las tenemos delante de nuestras narices a diario en todo momento?
¡Sin duda! Por muy aburridas que sean nuestras vidas siempre habrá algo que contar. Además, es que nos gusta contar y que nos cuenten cosas. Nunca me han interesado las grandes gestas, me interesa lo que se esconde detrás de lo pequeño, de lo cotidiano. Las conversaciones triviales en el autobús, lo que esconden (normalmente soledad). Observar es mi pasatiempo favorito. Observar para contarlo por escrito. Después entra en juego la visión poética. Eso se tiene o no se tiene, pero quizá se pueda entrenar. Sí, creo que todo se puede entrenar, hasta la felicidad.

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