La psicoterapeuta Claudia Morassutti incursiona en la novela con el título “Quién se queda cuando todos se van”, una historia que cuenta los detalles de una terapia por zoom que convoca a seis personas con diferentes problemas. La autora, nacida en Argentina y residenciada en Costa Rica, desarrolla un trabajo clínico centrado en la dependencia emocional, las conductas adictivas y las crisis de pareja.
En su primera obra literaria, Morassutti rompe los parámetros de la novela convencional e invita al lector a una experiencia interactiva a través de La Séptima Silla, un lugar que no dejará indiferente a quien lo ocupe.
¿Qué lleva a una psicoterapeuta a incursionar en la novela?
No fue una decisión, fue una necesidad. Acompañar procesos de dependencias y crisis de pareja me enseñó que hay cosas que el consultorio no te deja decir del todo, porque cada sesión pertenece a una persona, no a todos los que podrían reconocerse en ella. La ficción me dio ese espacio: pude tomar los patrones que veo repetirse una y otra vez y convertirlos en algo que cualquiera puede leer sin que sea su historia expuesta.
¿La ficción puede convertirse en un espejo del trabajo terapéutico?
Sí, y en esta novela literalmente lo es. La experiencia interactiva que armé junto al libro se llama, no por casualidad, La Séptima Silla, y funciona como un espejo: el lector no lee desde afuera, lee sus propias respuestas devueltas, sin que nadie se las interprete. Eso es lo más parecido a lo que ocurre en una terapia real: mi trabajo no es decirte qué significa lo que sentís, es acompañarte mientras vos mismo lo vas descubriendo.
“Acompañar procesos de dependencias y crisis de pareja me enseñó que hay cosas que el consultorio no te deja decir del todo”
Trabajas las adicciones y también los problemas de pareja. ¿El mundo atraviesa nuevas crisis o son los mismos conflictos, pero aumentados?
Son los mismos conflictos de siempre: el miedo a estar solo, la dificultad para poner límites, la dependencia disfrazada de amor. Y debajo de todo eso hay un vacío que tememos, del que queremos escapar. Cuando estamos por sentir dolor, cuando el riesgo es quedarnos a solas con nosotros mismos, el miedo a sufrir es tan grande que recurrimos a lo que sea con tal de aplacarlo. Esas cosas siempre estuvieron ahí. Lo que cambió es que hoy están reforzadas por las pantallas y por la facilidad cada vez mayor para conseguir, de inmediato, cualquier cosa que calme la ansiedad.

Ahora vayamos a tu primera novela que tiene un título que hace pensar: Quién se queda cuando todos se van. ¿Por qué el título? ¿Qué historia cuentas?
El título nace de una pregunta que me hago todo el tiempo en consulta: cuando una relación, una familia o un vínculo se rompe, ¿quién realmente se queda conmigo? Cuento la historia de un grupo de personas que se conecta cada jueves, por Zoom, a una terapia grupal: ahí conviven una adicción que todavía no encontró su salida, una dependencia que se disfraza de amor, una violencia que se sostiene en silencio, una historia que todavía no logra aceptar lo que perdió. El lector sabe, desde el principio, algo que ellos no saben todavía: que no todos van a llegar al final del proceso.
La idea de convertir una terapia grupal por Zoom como escenario de tu novela, ¿partió de tus experiencias?
Totalmente. Sostener espacios grupales online me mostró algo específico de ese formato: la pantalla te mete dentro de la casa de cada persona, en su espacio más privado, de un modo que la consulta presencial no lo hace. Y al mismo tiempo, esa misma pantalla le da a cada uno herramientas para desaparecer que el cuerpo presente no tiene: apagar la cámara, decir que se cortó la señal, irse sin que nadie note bien cuándo. Esa tensión, entre estar más expuesto que nunca y poder esconderte con un clic, era demasiado rica para no llevarla a la ficción.
¿Quiénes son los personajes que acuden a esa terapia? ¿Cuál es el perfil de cada uno?
Son personas muy distintas entre sí, atravesadas por la dependencia y la pérdida: hay quien llega escapando de una relación violenta, quien no sabe estar sola, quien lucha contra una adicción, quien está reconstruyendo su vida después de perder algo que daba por seguro. Y en el centro, Verónica, la terapeuta que los sostiene a todos mientras carga su propia herida sin resolver.
¿Te preocupa la irrealidad del mundo virtual?
Me preocupa menos la irrealidad que la ilusión de cercanía sin intimidad real. Lo virtual no es falso en sí mismo, puede sostener vínculos genuinos, lo veo en mi trabajo todo el tiempo. Lo que sí me preocupa es cuando reemplaza el contacto real en vez de complementarlo, o cuando alguien construye su seguridad afectiva sobre algo que puede desconectarse en cualquier momento. Y hay algo más: hoy es tan fácil saltar de un vínculo a otro, de una pantalla a otra, que ese salto constante se puede convertir en una dependencia nueva, distinta, pero dependencia al fin.

¿Qué es La Séptima Silla?
Es la experiencia interactiva que acompaña al libro. En la novela hay seis sillas, seis personas en terapia, y quien lee ocupa la séptima. A lo largo de la lectura vas respondiendo preguntas, eligiendo un objeto propio, escribiendo en un cuaderno privado. No es un ejercicio con respuestas correctas ni interpretaciones mías: es un recorrido tuyo, que después el libro te devuelve como en un espejo.
¿La psicoterapia le ha dado una novelista a la literatura o la literatura ha ganado una psicoterapeuta?
Ninguna de las dos me ganó a la otra. La psicoterapia me enseñó a escuchar lo que no se dice, y la literatura me dio el lugar para contarlo sin traicionar a nadie. Sigo siendo, ante todo, alguien que acompaña procesos, solo que ahora también lo hago desde una página.
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