Eduardo Jordá ( Palma de Mallorca, 1956) lo deja claro desde el principio: no estamos ante una nueva biografía del mítico Bob Dylan, para eso ya se cuentan centenares de títulos en todas las librerías del mundo. Aquí ha intentado desentrañar qué se oculta tras la máscara del artista universal, tan escurridizo como camaleónico. Este libro plantea casi más interrogantes que respuestas, de ahí lo diferente que demuestra ser cuando aborda a un artista de la talla universal de Dylan. Porque hay que ser muy original para no caminar sobre baldosas ya marcadas en el itinerario vital y profesional de un genio que ha determinado toda una época en la música y la poesía de las últimas décadas.
Empecemos por el principio: ¿quién es Bob Dylan?
Yo le preguntaría a su primera mujer, que nunca ha dicho ni mu, o a Suze Rotolo (por desgracia ya ha muerto), o a Joan Baez (que dijo algunas cosas significativas pero luego se calló), y quizá a sus hijos, a sus amigos, a sus vecinos.
¿Por qué eso de “retrato de un hombre invisible? ¿Cómo se puede hablar de invisibilidad sobre un personaje popular que ha sido sometido a un férreo escrutinio público desde que se dio a conocer su arte musical?
Invisible porque Dylan ha hecho lo posible -y a veces también lo imposible- por preservar su intimidad a pesar del férreo escrutinio público. De hecho, si a los 85 años sigue embarcado en una gira continua es porque quiere mantener en lo posible esa sensación de invisibilidad: ser alguien que viaja de un lugar a otro en un autocar y que vive en hoteles donde nadie -se supone- lo conoce.
El misterio siempre ha sido un elemento fundamental en la construcción de la identidad de Dylan. ¿Hasta qué punto cree que el personaje que conocemos es una creación deliberada del propio Dylan?
Es una creación deliberada. Dylan siempre ha querido reinventarse, mutar, desconcertar, engañar, esquivar. Dylan es Odiseo, el hombre de los múltiples rostros y las múltiples tretas que todavía anda errante intentando encontrar el camino de vuelta a casa.
¿Qué correlación podemos encontrar, si es que realmente existe, entre el hombre real y sus canciones como puntos de luz interconectadas para desentrañar su personalidad y su propia biografía?
Dylan ha procurado siempre ocultar en sus canciones todo lo biográfico y todo lo que tenía que ver con el hombre real, aunque a veces esa presencia aparece de repente (en “Not Dark Yet”, por ejemplo, donde habla claramente del proceso de envejecimiento y de pérdida que está viviendo). Pero en general suele adoptar máscaras y métodos indirectos para hablar de sí mismo: Dylan es el bufón, el predicador, el jugador profesional, el forajido, el hombre errante, el tipo que se pierde por las vías del tren… Si hay una imagen que puede representarlo, es la escena final de ‘Centauros del desierto’, en la que John Wayne camina de espaldas a la cámara y se interna a solas en el desierto de Monument Valley. Nadie sabe a dónde va, nadie sabe por qué se va, nadie sabe por qué se ha quedado un tiempo con nosotros ni por qué ahora ha decidido irse, nadie sabe qué busca ni qué quiere. Ese es Dylan.
Qué duda cabe que aborda la figura de un artista universal ampliamente estudiado ya. ¿Qué cree que puede aportar con este libro a la legión de mitómanos del bardo de Minnesota?
Primero, que no es un libro escrito por un mitómano ni un especialista. Es una investigación, un viaje, una meditación, un rompecabezas escrito a la manera en que Dylan escribe sus canciones.
¿Pueden existir aún a estas alturas de su vida aspectos de Dylan que todavía permanecen ocultos o han sido mal interpretados?
Creo que hay muchísimos aspectos que siguen siendo un misterio. Hay 24 biografías -a lo mejor ya son 25- dedicadas a desentrañar su vida, pero hay muchísimas cosas que no sabemos ni probablemente sabremos nunca. ¿Se ha casado con su asistente personal? ¿Tuvo un amorío con Edie Sedgwick que inspiró “Just Like a Woman”? ¿Estuvo en Grecia con la bellísima Nico en 1964? ¿Por qué le daba tanto miedo Joan Baez? Si alguien lo sabe, por favor, que me lo diga.
Dylan es un ser camaleónico y permanentemente cambiante y en evolución. ¿Forma parte todo de una impostura artística o simplemente él es así y hay que aceptarlo con normalidad?
No es impostura. Es una necesidad vital. Si no hubiera sido así no habría podido componer su música ni escribir sus canciones.
¿Qué importancia cree que tiene la literatura —desde la poesía hasta la tradición narrativa estadounidense— en la formación de Dylan como compositor y como personaje?
Muchísima. De hecho, se puso Dylan en vez de Zimmerman por el poeta Dylan Thomas (y porque quería que su nombre no sonara judío para poder tener más proyección mediática). Sus referencias literarias son constantes, desde la Biblia a Ovidio o Keats o Rilke o los poetas beat o TS Eliot y Ezra Pound (en “Desolation Row”). En fin, la literatura siempre está ahí, junto con todo el inmenso patrimonio musical del Gran Cancionero Americano.
“Si a los 85 años sigue embarcado en una gira continua es porque quiere mantener en lo posible esa sensación de invisibilidad: ser alguien que viaja de un lugar a otro en un autocar”
Dylan es incuestionablemente un símbolo para diferentes generaciones. ¿Qué queda de aquel Dylan de los años sesenta cuando observamos al octogenario de nuestros días?
La misma obsesión por la perfección técnica. La misma búsqueda de la verdad artística. La misma necesidad de hacer justo lo contrario de lo que su público más fiel quiere que haga.
Y llegamos a aquella polémica decisión de la concesión del Nobel de Literatura en 2016. ¿No hay discusión posible al respecto o aún queda mucha tela que cortar en este debate?
Es un Premio Nobel merecidísimo. Y no sólo por las letras de sus canciones, sino por su inconmensurable influencia cultural en todo el mundo. Estoy seguro que Abdulrazak Gurnah, que nació en Zanzíbar, o Wyslawa Szimborska, que nació en Polonia, o Han Kan, que nació en Corea, conocen sus canciones y han sido influenciadas por ellas. ¿Hay algún otro artista de nuestra época que haya logrado una cosa así?
Tras leer su libro, ¿cree que los lectores conocerán más y mejor al verdadero Dylan o, todo lo contrario, seguirá siendo un “hombre invisible”?
Dylan seguirá siendo un misterio, pero al menos los lectores tendrán algunas claves para enfrentarse a ese misterio. No hay GPS para adentrarse en el misterio de cualquier personalidad humana, pero sí hay algunas claves, algunas pistas, algunas indicaciones que nos pueden servir de mapa. Eso es lo que he intentado hacer en este libro.

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