Este libro duelo en las entrañas, por sus páginas no leemos simplemente sobre el devenir infausto de un puñado de hombres y mujeres con un final inhumano e indecente, sentimos su dolor, su rabia, su lucha, olemos su miedo, su pánico ante la barbarie fascista, ante la implacable miseria del ser humano más infesto que pueda existir sobre la faz de la tierra, que no es otro que aquel que hace el mal a sus semejantes por el simple hecho de ser diferentes, de pensar diferente, de pensar…
El fascismo nunca atendió razones ni supo de humanidades y en esta novela entrañable –por aquello de que se cuela en las entrañas por su crudeza y no sale de las entendederas hasta mucho después de leída su última página– y tremendamente necesaria de Alana S. Portero queda negro sobre blanco que hay mucha tela literaria que cortar aún al tratar el inacabable tema de de la guerra civil española, un conflicto bélico que 90 años después sigue supurando por la herida, y esa herida no es otra que la tierra yerma y reseca que solo se nutre de la sangre derramada y oculta en sus entrañas aún hoy, cuando la mitad de este país sigue queriendo mirar hacia otro lado y olvidar sin más sin reparar el daño.
90 años después, la guerra civil sigue supurando por la herida, y esa herida no es otra que la tierra yerma y reseca que solo se nutre de la sangre derramada y oculta en sus entrañas aún hoy, cuando la mitad de este país sigue queriendo mirar hacia otro lado y olvidar sin más sin reparar el daño
Un episodio real de la contienda, el de las 17 Rosas de Guillena, ocurrido en el suroeste de Andalucía bajo el mandato del terror del llamado Virrey de Andalucía, el general genocida Gonzalo Queipo de Llano, sirve a la escritora madrileña para ahormar una novela tremenda, donde va mucho más allá de un simple aquelarre antifascista de víctimas del franquismo en plena guerra civil. Las mujeres y hombres que desfilan por estas páginas viven las situaciones más extremas y el lector lo siente a cada momento, palpa el pánico, la visceralidad de la sinrazón, nota la solidaridad entre las víctimas, el odio hacia el bárbaro que solo supura odio por sus entrañas y a través de sus órdenes militares.
En definitiva, Cosamala es una novela sensorial, su puesta en escena tiene mucho del efecto dramatúrgico de esa cercanía con la realidad que solo las tablas consiguen y, por tanto, el lector no sabe cómo evitar no emocionarse y sentir rabia, y pena, y dolor, y muchísima impotencia por el sufrimiento que vivieron aquellos seres que solo habían cometido un delito: pensar diferente.
Y un apunte final a modo de consejo: no se pierdan el perfil ‘humano’ y biográfico que hace Portero de Queipo de Llano, antológico. Un personaje tan rastrero y vil no puede tener mejor semblanza.

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