“Ayudo a comprender y regular el miedo”

La psicóloga y escritora Inés Dozo Aragunde indaga en su nuevo libro, Miedo, tu sombra amiga, en las peculiaridades que rodean el temor en cualquier aspecto cotidiano de la vida y cómo debemos afrontarlo con garantías

David Aguirre
25 de Enero de 2026
Guardar
“Ayudo a comprender y regular el miedo”. Inés Dozo Aragunde

El miedo, ese aparente gran enemigo, ¿podría convertirse en un aliado si lo aprendemos a trabajar? Mucho de eso nos aporta la psicóloga y escritora gallega Inés Dozo en su nuevo libro, Miedo, tu sombra amiga. Estamos ante una obra clave para estos tiempos de incertidumbre. Escrito de forma cercana, este libro se convierte en un compañero importante para nuestra vida diaria.

¿Qué es el miedo?

El miedo es una emoción básica y adaptativa que forma parte del sistema de alarma del organismo y, que se activa cuando percibimos una amenaza real o anticipada. Su función es protegernos, movilizando respuestas fisiológicas y cognitivas orientadas a la supervivencia mediante la alerta, la evitación, la huida o el afrontamiento. El miedo forma parte de nuestra vida y todos convivimos con él. Está en el niño que teme a la oscuridad, en la mujer que duda antes de hablar en público o en el hombre que se asusta al notar un latido extraño en el pecho. Eso no significa que sea una rareza psicológica ni una enfermedad, simplemente es una emoción universal, tan humana como la alegría o la tristeza. El problema aparece cuando esa alarma se vuelve desproporcionada, se activa con demasiada frecuencia o ante estímulos que no implican peligro real. Esto no se debe tanto al “peligro” presente, sino que es consecuencia de aprendizajes previos, experiencias emocionales, inseguridad o incertidumbre. En estos casos, deja de ser un recurso puntual y se convierte en un estado que condiciona el día a día mediante pensamientos anticipatorios, aumentando la hipervigilancia, favoreciendo la evitación, alimentando la rumiación y limitando la toma de decisiones y los vínculos. Por eso mi enfoque no es “eliminar” el miedo, sino ayudar a comprenderlo y regularlo, para que recupere su función protectora sin gobernar nuestra vida, es decir, que nos informe pero que no nos dirija.

“El miedo es una herramienta muy potente de manipulación porque, cuando estamos asustados, entramos en modo supervivencia”

¿El miedo nace con nosotros o lo aprendemos?

Ambas, nace con nosotros y lo aprendemos. El miedo es una emoción biológica con la que nacemos como mecanismo de supervivencia, pero, al mismo tiempo, también aprendemos a qué temer y cómo nos relacionamos con ese miedo. Hay miedos más instintivos (lo inesperado, el dolor, la amenaza), pero la mayoría de los miedos que nos condicionan en la vida adulta se construyen con la experiencia, es decir, lo que vivimos en la infancia, cómo nos cuidaron, qué se castigó o silenció, las pérdidas, los traumas, los mensajes familiares y sociales… Incluso aprendemos miedo por observación, viendo cómo reaccionan los demás o qué se considera “peligroso” en nuestro entorno. Nuestro cerebro aprende asociaciones como “esto es peligroso”, “esto duele”, “esto no es seguro”, incluso aunque hoy ya no exista esa amenaza real. Lo importante es que lo aprendido es reversible. Igual que el miedo se aprende, también se puede reeducar y eso lo conseguimos entendiendo su función, identificando de dónde viene y entrenando respuestas nuevas para que deje de dirigir nuestra vida.

¿Qué propone en su libro?

Algo muy concreto: cambiar la relación con el miedo. No desde la lucha ni desde el “tienes que ser valiente”, sino desde la comprensión y el entrenamiento. Parte de una idea sencilla pero potente y es que el miedo, aparte de que no se va, no siempre es un enemigo. Muchas veces es una señal que intenta proteger algo en ti y lo que necesita es que lo escuches. A lo largo del libro acompaño al lector a identificar qué tipo de miedo está viviendo, de dónde puede venir, cómo se expresa en el cuerpo y en los pensamientos, y qué patrones mantiene (evitación, control, hiperexigencia, bloqueo). Y, sobre todo, ofrezco herramientas prácticas para regular la ansiedad, salir de la evitación, recuperar la claridad y recuperar libertad porque, el hecho de que el miedo siga ahí no significa que tenga que tomar el mando de tu vida. No es un libro de frases bonitas, es una guía de psicología del día a día, sencilla, humana y aplicable, para esas personas que sienten que el miedo se les metió en lo cotidiano en forma de ansiedad, bloqueo, dudas constantes o necesidad de control. Está pensado para personas que están cansadas de pelearse consigo mismas y quieren una forma más amable y efectiva de avanzar. Dicho de otro modo, que el miedo pase de ser una amenaza constante a convertirse en una “sombra amiga” que acompaña, pero que no dirija tu vida, que seas tú quien decida.

“El problema sobre el miedo aparece cuando esa alarma se vuelve desproporcionada, se activa con demasiada frecuencia o ante estímulos que no implican peligro real”

¿Debemos aprender a convivir con el miedo?

Sí, por supuesto, porque el miedo forma parte de la vida. La cuestión no es “no sentirlo”, sino qué hacemos cuando aparece. Intentar eliminarlo del todo suele acabar en lo contrario, es decir, más tensión, más control, más lucha interna y, como consecuencia, eso alimenta la ansiedad. Cuando aprendemos a convivir con él, dejamos de gastar energía en pelear y empezamos a recuperar nuestra libertad. Convivir con el miedo no significa resignarse ni “acostumbrarse a sufrir”, significa entenderlo, regularlo y entrenarlo para que cumpla su función sin ser un freno constante. Es aprender a reconocer cuándo te está protegiendo y cuándo te está limitando. La clave está en aprender a convivir con el miedo para que nos dé información, pero sin dejar que decida por ti.

¿Con el miedo nos manipulan? ¿Qué hacer ante esta posibilidad?

Sí, por supuesto. El miedo es una herramienta muy potente de manipulación porque, cuando estamos asustados, entramos en ‘modo supervivencia’, entramos en piloto automático y eso nos lleva a pensar peor, nos vamos a los extremos y buscamos respuestas rápidas. En ese estado es más fácil que aceptemos mensajes extremos, que obedezcamos sin cuestionar, busquemos soluciones rápidas o que actuemos desde la reacción y no desde la elección. ¿Cómo diferenciarlo? Suelen ser señales claras como sensación de urgencia constante, mensajes sin matices (“todo o nada”), culpa o vergüenza si dudas, y una activación emocional que te deja sin claridad. El miedo dirigido no busca informarte, busca dirigir tu conducta.

¿Qué se puede hacer? Dos pasos muy simples del día a día:

1. Regular el cuerpo primero. Respirar, bajar la activación, volver a un estado donde puedas pensar, recuperando tu parte racional, ya que con el sistema nervioso disparado no decides, sino que reaccionas.

2. Recuperar preguntas. ¿Qué datos reales tengo? ¿quién se beneficia de que yo tenga miedo? ¿qué me están pidiendo que haga? ¿hay otra interpretación posible?

El objetivo no es vivir sin miedo, sino recuperar la autonomía. Cuando recuperas calma y matices, el miedo deja de ser una correa y vuelve a ser lo que debería, una señal que puedes escuchar y te informa, pero no te dirige.

“Intentar eliminar el miedo del todo suele acabar en lo contrario, es decir, más tensión, más control, más lucha interna y, como consecuencia, eso alimenta la ansiedad”

¿La sociedad actual es más proclive al miedo?

Totalmente. Esto no significa que seamos “más débiles”, sino porque vivimos en un contexto que mantiene el sistema de alarma activado con mucha facilidad. Estamos expuestos a mucha incertidumbre, cambios rápidos, comparaciones continuas, demasiada sobreinformación y una sensación de prisa que no se apaga y, cuando el cerebro no puede predecir bien lo que viene, aumenta la alerta. Estamos expuestos a estímulos constantes: noticias, redes sociales, exigencia de productividad… y todo eso alimenta una sensación de urgencia y de “no llegar”, que muchas veces se vive como ansiedad o inquietud de fondo. Esto provoca que el miedo ya no aparezca solo ante un peligro real, sino que se convierta en algo cotidiano. Hemos normalizado vivir con el sistema nervioso acelerado: dormir peor, exigirnos más, estar disponibles todo el tiempo, anticipar lo que puede salir mal… y cuando la alerta se vuelve habitual, e miedo ya no aparece como un susto puntual, sino que se vuelve una manera de estar en el mundo. Por eso me parece tan importante recuperar una psicología del día a día en el que tengamos herramientas simples para regularnos, filtrar los estímulos que nos activan y volver a elegir con calma. No se trata de “vivir sin miedo”, sino de que el miedo no se convierta en el centro de nuestras decisiones y marque el ritmo de nuestra vida.

¿Qué le gustaría que sintiera un lector cuando termina la última página de su libro?

Me encantaría que, al cerrar el libro, sintiera dos cosas muy simples y profundas: alivio y compañía. Alivio porque por fin entiende lo que le ocurre y no el típico alivio de “ya no tengo miedo”. Hablo de un alivio más profundo, el de ponerle nombre a lo que te pasa y dejar de pensar que estás fallando. “Ah, por eso me pasa esto… no estoy loca, ni rota, ni exagerando”. Un alivio de comprender tu mente, tu cuerpo y tus reacciones con más compasión y menos culpa. Compañía porque el miedo, cuando se vive en silencio, pesa el doble y, este libro está escrito para que la persona no tenga que cargarlo sola o solo. Me encantaría que durante la lectura no se sienta juzgado, empujado, ni “corregido”, sino acompañado de verdad como cuando alguien camina a tu lado en un tramo difícil y te va diciendo “esto tiene sentido”, “esto le pasa a mucha gente”, “mira, aquí tienes una herramienta”, “no tienes que hacerlo perfecto”. Que el lector sienta que no está solo con su nudo en el estómago, su anticipación constante o con esa forma de vivir en alerta que nadie ve pero que agota. Que se quede con la sensación de que hay camino, es decir, el miedo puede estar presente pero, aun así, saber que puede avanzar. Si pudiera resumirlo sería diciendo, que termine la última página con la sensación de haber recuperado un poco de espacio interior, es decir, más claridad, más clama, más libertad para elegir… Y con la idea de que el miedo puede seguir ahí, pero que no tiene por qué mandar.

Miedo. Tu sombra amigaInés Dozo Aragunde374 páginas19,90 €
Miedo. Tu sombra amiga Inés Dozo Aragunde 374 páginas 19,90 €

 

Lo + leído