“Asumir el mando de tu salud no es luchar contra ti mismo, sino aliarte con tu cuerpo para defender la vida”

Concha Huerta de Soto relata su experiencia personal tras superar un linfoma en su primera obra, Nueva vida, nuevas alegrías, donde ahonda en los hábitos saludables para optimizar la calidad de vida

16 de Septiembre de 2026
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Concha Huerta de Soto

Un libro en cuya contraportada se lee “Nunca me he sentido mejor que después del cáncer”, no dejará indiferente a nadie. Con una formación integral que abarca el derecho, la dirección de empresas, la moda, la escritura creativa, el cine y la televisión, a Concha Huerta de Soto le diagnosticaron un linfoma. Tras superarlo en 2006, la autora dedicó más de una década a la investigación de la biología, la neurociencia y los hábitos saludables para optimizar la calidad de vida. De ese ciclo nace su primer libro Nueva vida, nuevas alegrías. Mi camino hacia la salud y el bienestar tras superar el cáncer (Unión Editorial, 2026), una obra que en poco tiempo se ha convertido en una guía de entusiasmo para muchos lectores. Este libro no es un testimonio clínico, tampoco es una autobiografía dramática, al contrario, está escrito con humor e ironía, muy lejos del enfado y muy próximo al brillo de una vida plena.

Tienes una formación impresionante e integral: dirección de empresas, derecho, moda, cine, televisión... De pronto, te diagnostican un linfoma. ¿Qué ocurre entonces?

Cuando recibes un diagnóstico de esta magnitud, la primera sensación es que el mundo se detiene en seco. Todo lo que hasta ese momento construía tu identidad, tus proyectos profesionales, tus planes a futuro y tu rutina diaria salta por los aires en un segundo. En mi caso, venía además de un periodo complicado porque estuve un mes recibiendo tratamientos equivocados al no contar con un diagnóstico certero desde el principio. Cuando por fin le pusieron nombre a lo que me ocurría, mi estado físico era crítico: me encontraba extremadamente débil y me costaba incluso realizar un acto tan simple como respirar.

El impacto inicial te sumerge en una fase inevitable de negación. Te preguntas cómo es posible que te esté ocurriendo a ti si en tu familia no había antecedentes de cáncer, si estabas en pleno despliegue de tus proyectos. Sin embargo, tras ese primer colapso emocional, emergió en mí un instinto de supervivencia feroz y lúcido. Seis años antes mi hija había perdido a su padre y la sola idea de dejarla huérfana no era una opción para mí. Decidí que iba a sobrevivir fuera como fuera, y que pondría absolutamente toda mi energía en sanar.

Eso supuso un giro de ciento ochenta grados en mi vida. Por primera vez tuve que volcar mi atención y mis fuerzas en funciones vitales que normalmente ejecutamos de forma inconsciente. Alimentarse durante la quimioterapia es una odisea por las náuseas continuas; conciliar el sueño es complejo cuando sufres una somnolencia constante de día e insomnio de noche. El tratamiento afectó a mi movilidad, a la fuerza de mis manos y dejó mi sistema inmunitario al mínimo. Fue una inmersión absoluta en el cuerpo, una toma de conciencia radical sobre la fragilidad de la vida que jamás había experimentado.

Tiempo después continúas desarrollando actividades.

El proceso de recuperación no fue un camino rápido ni en línea recta; me llevó cerca de tres años recuperar una funcionalidad plena. Aunque la quimioterapia y la radioterapia lograron eliminar los focos tumorales al cabo del primer año, el coste físico fue enorme. Mi organismo quedó profundamente alterado: la quimioterapia dañó seriamente mi sistema digestivo y hepático, mientras que la radioterapia en la zona torácica afectó a mis pulmones, la tráquea, el esófago, la musculatura y la estructura ósea.

Para salir de ese estado de extrema debilidad comprendí que no bastaba con esperar a que el tiempo hiciera su trabajo. Tuve que diseñar un plan de rehabilitación minucioso rodeándome de un equipo multidisciplinar formado por psicólogos, nutricionistas y fisioterapeutas. Avanzando paso a paso, con infinita paciencia y respetando los tiempos de mi cuerpo, logré retomar progresivamente mis actividades.

De hecho, a los doce meses de haber terminado la fase más dura, saqué las fuerzas necesarias para concluir el Máster de Escritura Creativa que había quedado en pausa por la enfermedad. Sin embargo, no fue hasta tres años después, hacia 2009, cuando pude reincorporarme por completo a la vida laboral activa, haciendo una transición consciente desde el ámbito de la gestión audiovisual hacia la gestión cultural y la investigación.

¿En qué momento del camino te surge la idea de crear el libro Nueva vida, nuevas alegrías. Mi camino hacia la salud y el bienestar tras superar el cáncer?

La semilla del libro germinó hace seis años cuando tomé conciencia del extraordinario estado de salud y equilibrio emocional que había alcanzado. Al recibir el alta médica tras el cáncer, descubrí con asombro lo poco que conocía sobre el funcionamiento interno de mi propio cuerpo. Comprendí que, si quería garantizar mi longevidad y evitar recaídas, debía estudiar a fondo la máquina biológica que me sostiene.

Me sumergí durante años en el análisis de cada una de las funciones vitales, la nutrición celular y la regulación del sistema nervioso. Los resultados llegaron hacia el año 2020: mi organismo había reaccionado de forma espectacular a la implementación de todas las rutinas saludables que había ido incorporando, siguiendo los consejos de aquellas publicaciones. Se desvanecieron las secuelas más pesadas y alcancé una vitalidad que no había tenido ni siquiera antes del diagnóstico.

Empecé a compartir estos hallazgos con mi entorno cercano, recomendándoles lecturas especializadas y pautas que a mí me habían devuelto la salud. Fueron mis propios familiares y amigos quienes, al ver mi transformación y el rigor de los datos que manejaba, me dijeron que esa información no podía quedarse en mi círculo íntimo; debía volcarse en un libro para convertirse en una herramienta al servicio de muchas más personas.

Has escrito un libro de salud que parece una guía de acompañamiento para vivir bien. ¿Estás de acuerdo? ¿Esa fue la intención?

Coincido plenamente con esa apreciación. Mi propósito deliberado no fue escribir un testimonio clínico frío ni una autobiografía dramática, sino componer una verdadera guía práctica de vida. En sus páginas muestro cómo es posible pasar de un estado de salud devastado por tratamientos agresivos a disfrutar de una plenitud envidiable a partir de los sesenta años.

Para lograrlo, me pareció fundamental utilizar un tono cercano, de tú a tú. Es un libro escrito con humor e ironía, porque la salud no tiene por qué abordarse desde la solemnidad ni el drama; esos toques de desenfado amenizan la lectura y hacen que conceptos complejos resulten amables y muy fáciles de entender.

El libro está estructurado para que el lector encuentre respuestas concretas a necesidades específicas. He condensado el estudio de más de doscientos libros científicos y de divulgación, seleccionando setenta títulos esenciales que fueron los que me permitieron trazar mi propio mapa de recuperación. Es un manual que enseña a crear tu propio equipo de apoyo y a comprender qué hábitos diarios inciden directamente en el bienestar.

Mi intención primera al publicar este trabajo es sembrar semillas de esperanza. Cuando la enfermedad llama a tu puerta, la parálisis y la incertidumbre suelen ser abrumadoras; acudir a familiares y amigos ayuda emocionalmente, pero ellos no tienen la formación técnica necesaria. Este libro quiere ser ese acompañante riguroso y cálido que muestra al lector que hay un camino de regreso a la salud, y aquí tienes las herramientas para empezar a recorrerlo.

Antes de escribirlo, te lanzas a un arduo proceso de investigación.

Efectivamente. Mi mentalidad empresarial, forjada en el derecho, la dirección de empresas y la producción, me impedía abordar la salud desde la intuición o las modas pasajeras. Necesitaba evidencia, rigor y comprensión profunda. Cuando me vi libre del cáncer, pero exhausta físicamente, me di cuenta de que tenía títulos académicos en diversas áreas, pero que del funcionamiento de mi cuerpo no sabía casi nada. Ahí comenzó una investigación que se ha extendido durante más de una década.

Inicié este viaje investigando la nutrición porque mi sistema digestivo había quedado muy alterado tras la quimioterapia. Todo me sentaba mal y cometía el error común de sobrecargarme con suplementos sin criterio. A medida que comprendí la bioquímica de la digestión, pasé a estudiar otras áreas como la psicología y la neurociencia. Descubrí que soy una persona altamente sensible (PAS), una característica que me llevaba a acumular niveles de estrés altísimos que terminaron somatizándose.

Aprender a gestionar mi sistema nervioso junto a mi psicóloga fue una de las llaves maestras de mi curación. A partir de ahí, la curiosidad me llevó a estudiar la relación mente-cuerpo, y temas tan variados como las enzimas digestivas, la microbiota, la anatomía, la biología molecular e incluso la física cuántica para entender cómo la energía y la materia interactúan en nuestra salud. Cada respuesta que encontraba me abría la puerta a cien preguntas nuevas, convirtiendo el estudio en un hábito de vida apasionante.

“Mi organismo había reaccionado de forma espectacular a la implementación de todas las rutinas saludables que había ido incorporando, siguiendo los consejos de aquellas publicaciones. Se desvanecieron las secuelas más pesadas”

También funciona como un libro de recomendaciones de títulos claves sobre el tema.

Así es. Uno de los apartados de los que me siento más orgullosa es la sección titulada Mi biblioteca de salud y bienestar. En ella he seleccionado y sintetizado más de setenta obras escritas por médicos, neurocientíficos, biólogos y psicólogos de primer nivel mundial que han tenido la generosidad de divulgar sus descubrimientos en un lenguaje accesible.

Dado que mi perfil no es el de una profesional de la medicina, sino el de una investigadora y paciente informada, he filtrado esa inmensa literatura médica para ponerla al alcance del público general. Sé lo difícil que resulta para una persona sin formación científica navegar entre la abrumadora cantidad de publicaciones que se editan hoy en día sin saber cuáles tienen rigor y cuáles no.

En esta sección, el lector encontrará las obras clasificadas por áreas temáticas: desde la salud intestinal y la genómica hasta la gestión de las emociones o la longevidad consciente. Mi objetivo fue condensar diez años de lecturas especializadas en una especie de menú de recomendación bibliográfica para que cada persona pueda acudir directamente al tema que necesita resolver en su vida.

Parte de la sociedad trata al cáncer como una batalla. También hay quien cuestiona ese planteamiento. ¿Qué opinas al respecto?

Comprendo perfectamente las críticas actuales a la metáfora bélica de la enfermedad, porque puede generar una culpa devastadora en el paciente si las cosas no van bien, como si la recaída fuera un "fracaso" en su combate. Sin embargo, desde el punto de vista del procesamiento psicológico individual durante el tratamiento, visualizar el proceso puede ser una herramienta de empoderamiento formidable si se enfoca correctamente.

En mi caso personal, por indicación de mi psicóloga, utilicé la visualización activa para sentir que participaba en mi curación y no que era una mera espectadora pasiva en una camilla. Dado que mi linfoma afectaba a los glóbulos blancos, yo imaginaba un "ejército blanco" invasor y visualizaba a la quimioterapia —que en mi caso tenía un característico color anaranjado (el Rituximab)— como un "ejército naranja" defensor que venía a restablecer el orden en mi cuerpo.

Más allá de los términos que utilicemos, lo crucial para mí es la actitud de implicación activa. El cáncer nos confronta con la fragilidad, pero también con la responsabilidad de transformar los factores que están bajo nuestro control: el estrés, los hábitos de vida, la alimentación y la exposición a toxinas ambientalmente presentes en la vida moderna. Asumir el mando de tu salud no es luchar contra ti mismo, sino aliarte con tu cuerpo para defender la vida.

“El cáncer nos confronta con la fragilidad, pero también con la responsabilidad de transformar los factores que están bajo nuestro control: el estrés, los hábitos de vida, la alimentación y la exposición a toxinas ambientalmente presentes en la vida moderna”

¿Dirías que tu libro contiene la celebración de la vida de una superviviente?

Sin duda alguna. Nueva vida, nuevas alegrías es, por encima de todo, un canto de gratitud y a la alegría de la vida, una celebración de la existencia. El propio título refleja el estado en el que me encuentro hoy: haber superado un trauma de estas dimensiones me brindó la oportunidad de nacer a una segunda vida, mucho más despierta, más presente y con una capacidad de disfrutar que antes no poseía.

Enfrentarte cara a cara con la posibilidad de la muerte tiene un efecto muy potente: destruye lo superfluo y resitúa tus prioridades al instante. Descubres que el mero hecho de despertarte cada mañana con energía, poder contemplar el mar o dar un paseo es un milagro que merece ser celebrado. La alegría de vivir no es un lujo decorativo; es una de las fuerzas bioquímicas y emocionales más potentes que tenemos para equilibrar nuestro organismo.

Hoy, a partir de los sesenta años, puedo decir que me encuentro en la mejor etapa de mi vida. Me siento profundamente agradecida a todas las personas y profesionales que me acompañaron en el proceso, y este libro es mi forma de devolver al mundo todo lo recibido, difundiendo semillas de esperanza y alegría en quien más las necesita.

Libro Concha Huerta de Soto
Libro Concha Huerta de Soto

Una persona diagnosticada con cáncer abre tu libro, ¿qué crees que sentiría?

Creo que lo primero que experimentará es un profundo sentido de alivio y serenidad. Cuando te diagnostican cáncer te sientes absolutamente desorientado, sepultado bajo un alud de términos médicos incomprensibles y sobrecogido por el miedo. Encontrar el testimonio de alguien que ha atravesado exactamente ese mismo desierto y que hoy se encuentra con una salud radiante disipa de inmediato la sensación de soledad.

Muchos lectores en esta situación me han confesado que lo que más les impacta al tener el libro en sus manos es leer la frase con la que abre la contraportada: "Nunca me he sentido mejor que después del cáncer". Es una afirmación rotunda que rompe el paradigma del sufrimiento permanente. Muestra que la enfermedad, sin romantizarla en absoluto, puede convertirse en la encrucijada que te obligue a reconstruir tu vida sobre bases infinitamente más sanas y conscientes.

Sentirá que no está ante un libro teórico, sino ante la mano tendida de alguien que conoce de primera mano las náuseas, el miedo, la debilidad y el insomnio, pero que también conoce el camino de salida. Encontrará consuelo emocional, pero sobre todo un mapa claro para tomar decisiones, organizar a sus especialistas y recuperar la soberanía sobre su bienestar.

¿Por qué cualquier persona, diagnosticada o no, debería leer Nueva vida, nuevas alegrías?

Porque este libro va mucho más allá de la superación de una enfermedad concreta; es un manual de longevidad consciente y de prevención para cualquier etapa de la vida. A partir de los cincuenta años todos debemos tomar una decisión crucial: cómo queremos vivir las últimas décadas de nuestra existencia. Tras ver el deterioro cognitivo y físico de mis propios padres al final de sus vidas, tuve claro que no quería dejarle a mi hija esa carga, y que debía hacer todo lo posible por envejecer con autonomía y vitalidad.

La ciencia ha demostrado que el estilo de vida y las rutinas diarias inciden de forma directa en la expresión de nuestros genes y en la prevención de patologías cardiovasculares, metabólicas o neurodegenerativas. En el libro condenso rituales de salud sencillos, probados y al alcance de cualquiera, que ayudan a optimizar el sistema inmunitario, reducir la inflamación crónica y mantener la claridad mental.

Un lector me decía recientemente que tener condensados en un solo volumen diez años de investigación multidisciplinar es un verdadero "chollo" para tener en la mesilla de noche. Animo a cualquier persona que desee tomar las riendas de su salud a leerlo: encontrarán las claves para construir una vida caracterizada no solo por la ausencia de enfermedad, sino por la presencia constante de energía, equilibrio y alegría.

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