Han tenido que transcurrir nada más y nada menos que más de 60 años para conocer en su verdadera dimensión la gran y definitiva obra poética de una de las autoras más mediáticas de las últimas décadas a nivel planetario, cuya trayectoria personal finalizada en suicidio opacó hasta cierto punto la grandeza de una literatura de enormes dimensiones y calidad, que ha tenido que sortear incontables inconvenientes y escollos, uno de ellos, quizá el más duro de todos, protagonizado por el que fuera su esposo y padre de sus dos hijos, Frieda y Nicholas.
Precisamente, esta edición que ahora ve la luz en español en la editorial Galaxia Gutenberg va prologada por su hija y con traducción de Jordi Doce. Se trata del libro más conocido de la escritora norteamericana y al fin se publica tal y como la autora lo dejó al morir. Aquí se incluyen 12 poemas que hasta ahora no aparecían en anteriores ediciones. La publicación de este libro en 1965 encumbró definitivamente la trayectoria de una escritora única, con una vida personal universalmente conocida y que marcó también buena parte de su obra literaria en general.
Aquí se incluyen 12 poemas que hasta ahora no aparecían en anteriores ediciones. La publicación de este libro en 1965 encumbró definitivamente la trayectoria de una escritora única
En esta edición los lectores pueden comprobar que la edición original de este libro difiere notablemente con la obra hasta ahora publicada. Por ello, el orden establecido por la autora y la selección hecha por ella misma son fundamentales para entender su yo más sincero y personal. Un libro que sobrecoge de manera muy especial y que viene a cubrir un hueco necesario para entender en toda su plenitud a Plath.
En el emocionante e implacable prólogo de la hija de la poeta norteamericana, Frieda sitúa para la historia venidera en su verdadero lugar a su madre, y también sin duda a su padre, con desigual fortuna para ambos. Porque este libro es el resultado de una vida conyugal tormentosa marcada por el desencanto y la enfermedad mental de Plath.
Estos 40 poemas adquieren una nueva dimensión en el orden que Plath los dejó en una carpeta negra poco antes de quitarse la vida. Porque su pareja, el también poeta Ted Hugues, se creyó en la potestad de variar notablemente el sentido y orden del poemario, y hasta ahora no hemos podido acceder al verdadero sentido de una poesía limpia y luminosa, repleta de imágenes perdurables en la mente del lector.

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