Mónica Alcalde (Córdoba, 1985) incursiona en la literatura romántica con su primera novela titulada ‘Tú, mi anestesia’. En esta obra cuenta la historia de Katia Moreau y Nico Álvarez; ella una restauradora que repara cuadros como si pretendiera arreglar el mundo, él un fotógrafo nómada que vive en constante huida. Dos personas que han aprendido a protegerse de distintas maneras y que terminarán encontrándose en medio de sus contradicciones. Alcalde considera que, por la aspereza del mundo actual, el género romántico continúa siendo muy necesario, la autora no entiende “el romance como una manera de negar la realidad, sino como otra forma de entrar en ella”.
¿Por qué se anestesia un corazón?
Creo que un corazón se anestesia emocionalmente cuando sentir comienza a doler más de lo que creemos poder soportar. A veces no dejamos de sentir; simplemente aprendemos a hacerlo en silencio, hacia dentro, para no mirar el dolor que se esconde detrás. Nos refugiamos en la rutina, levantamos defensas y nos convencemos de que no necesitamos aquello que, en realidad, nos da miedo perder.
Esa anestesia puede protegernos durante un tiempo. El problema aparece cuando deja de ser un refugio y se convierte en una forma de vivir: una rutina que, más que salvarnos, nos encierra en un conflicto sin resolver. He experimentado en mí misma que anestesiar las emociones por miedo a afrontar lo que hay detrás solo hace que vivamos en un letargo continuo sin darnos cuenta. Nos perdemos el presente y apartamos incluso aquello que sí nos hace felices porque hay una herida que todavía no nos atrevemos a mirar.
También pienso que anestesiar el corazón es una manera de no mostrarnos vulnerables ante los demás. A veces creemos: «Si ven lo destrozada que estoy, quizá salgan huyendo y no se queden conmigo». Vivir anestesiada, para mí, es ocultar quién soy, lo que siento y lo que pienso tras una coraza y un personaje que no me define ni muestra mi verdadera pasión por vivir plenamente. Y eso, a la larga, es insostenible.
Una vez escuché una reflexión que se quedó conmigo: toda persona cambia por dos motivos. El primero, porque ha tocado fondo y ya no queda más camino que volver a subir. El segundo, porque, aun sin haber caído del todo, algo la roza con tanta fuerza que quiebra aquello que la sostenía y ya no puede continuar viviendo de la misma manera. Es entonces cuando el dolor se vuelve más fuerte que el miedo al cambio y ese «clic» activa algo en nosotros que nos despierta de golpe. Esta es solo mi opinión; entiendo que cada persona tiene sus propios recursos y su propio tiempo para enfrentarse al dolor emocional.
“A veces no dejamos de sentir; simplemente aprendemos a hacerlo en silencio, hacia dentro, para no mirar el dolor que se esconde detrás”
¿Qué historia cuentas en tu nueva novela?
Tú, mi anestesia cuenta la historia de dos personas que han aprendido a protegerse de maneras muy distintas. Katia Moreau es una restauradora que vive refugiada en una existencia pequeña y controlada. Restaura cuadros y retratos como si, de alguna manera, así pudiera reparar algo del mundo, aunque todavía no se atreva a hacer lo mismo consigo misma. También se refugia en los sueños e idealiza el amor. Sueña con un amor de fantasía que llame a su puerta y la salve, porque imaginarlo resulta menos arriesgado que vivirlo. Hasta que aparece el amor real: el que contempla todas tus caras y, aun así, te permite seguir siendo tú.
Nico Álvarez es un fotógrafo nómada que llama libertad a lo que, en el fondo, también es una huida. Aprovecha su profesión para viajar y experimentar otros mundos a través del obturador con tal de no mirar el suyo.
Cuando el destino cruza sus vidas, ambos comienzan a despertar emociones que creían tener bajo control. Su relación los obliga a mirar sus heridas, sus miedos y las decisiones que los han llevado hasta allí. Es una historia de amor, pero también de regreso a uno mismo. Porque, en ocasiones, amar a otra persona implica dejar de huir de aquello que llevamos dentro. De ahí nace el título: los dos viven emocionalmente anestesiados, aunque cada uno lo haga de una manera diferente.
Katia y Nico son los personajes centrales de tu obra. ¿Cuál es el perfil de cada uno?
Katia es introspectiva, observadora, empática y profundamente sensible. Posee una gran capacidad para descubrir belleza en aquello que otros consideran deteriorado o sin valor; quizá por eso se dedica a restaurar. Sin embargo, le resulta mucho más difícil reconocer esa misma posibilidad de reparación en sí misma. Se ha acostumbrado a vivir entre libros, rutinas y una tristeza que, aunque no la hace feliz, le resulta conocida porque ha adornado su prisión con cojines de oro. Nico es fotógrafo y nómada. Ha construido su vida alrededor de los viajes, la cámara y la ausencia de raíces. Es cercano, independiente y carismático. Parece desenvolverse con libertad, pero esa libertad, en realidad, es un escudo tras el que esconde un miedo profundo a permanecer. Mientras Katia se refugia quedándose quieta, Nico lo hace marchándose. Son muy diferentes en apariencia, aunque comparten algo esencial: los dos han convertido su forma de protegerse en una cárcel.

¿Tú, mi anestesia es una historia sobre la vulnerabilidad?
Sí, pero no entendida como debilidad. Para mí, la vulnerabilidad aparece cuando una persona deja de fingir que nada le afecta, se permite ser vista y comienza a sentir de verdad el mundo que la rodea.
Katia y Nico sienten miedo ante el amor porque amar significa exponerse. Significa entregar al otro la posibilidad de conocernos también en nuestras zonas menos iluminadas. La novela plantea precisamente esa convivencia entre el amor y el miedo: qué sucede cuando ambos ocupan el mismo espacio y ya no podemos seguir escondiéndonos.
¿La novela surge de vivencias o de observaciones?
Surge de una mezcla de ambas, a la que se suma la imaginación. No nace de una única experiencia, sino de muchas emociones y comportamientos que he conocido, vivido de cerca o intuido. Me interesa observar lo que las personas callamos, las contradicciones que escondemos cuando actuamos en contra de lo que sentimos y las formas que encontramos para no mirar aquello que nos duele. Después aparece la imaginación, que transforma todas esas pequeñas verdades en personajes y les concede una vida propia para que quienes leen puedan reconocerse en ellos.
He recibido mensajes de lectoras de otras novelas contándome cómo se han emocionado o se han visto reflejadas en mis historias. Me parece fascinante que podamos entendernos mejor a través de personajes que no existen, pero que podrían hacerlo por la manera en que sienten. Katia y Nico llegaron así: con heridas que no eran exactamente mías, pero con emociones que podía comprender y que quizá ayuden a otras personas a conocer mejor su propio corazón.
¿Cómo estructuras la novela?
Trabajo con un método llamado El mapa del éxito. Como indica su nombre, es un mapa en el que construyo todo lo relacionado con la novela antes de comenzar a narrarla. Está organizado en diferentes capas. Primero desarrollo a los personajes: sus características, personalidad, miedos, dudas, sueños, deseos, familia, infancia, pasado, presente y futuro. Todo aquello que, en conjunto, forma a una persona.
También existe una capa de investigación que incluye la ambientación, los lugares, los escenarios, la ciudad y los comportamientos que necesito conocer para crear un universo que se sienta real. Después elaboro la escaleta, donde desarrollo cada capítulo antes de escribirlo. Es una guía a la que puedo acudir para no perder el hilo o cuando no sé por dónde continuar.
En la escritura de ficción se suele distinguir entre la escritora de mapa y la escritora brújula. Esta última escribe sin una guía clara, conducida por la intuición y por lo que la historia le va mostrando mientras avanza. Yo me considero una combinación de ambas, pero, sin duda, disponer de un mapa inicial y completo de la trama es indispensable para mí. Una novela es una sucesión de hechos, acciones y tiempos, y sin una guía concreta es fácil perder el hilo o cometer errores de continuidad.
Tú, mi anestesia está narrada en primera persona y en presente. Katia y Nico alternan los capítulos, de modo que el lector puede entrar en sus dos mundos interiores y conocer no solo lo que hacen, sino también lo que piensan, lo que los sacude y aquello que no se atreven a decirse.
Como autora que está dando sus primeros pasos, he querido comenzar con la primera persona para que el lector pueda vivir las emociones más de cerca. Sin embargo, me gustaría experimentar con otro tipo de narrador en alguna de mis próximas novelas.
Me interesaba que ambas voces tuvieran el mismo peso. El presente aporta cercanía e inmediatez: cada duda, cada silencio y cada acercamiento se viven al mismo tiempo que ellos. Esa alternancia permite comprender que, ante una misma relación, cada persona ama y teme desde su propia historia.
¿El género romántico sigue presente en un mundo de tantas noticias ásperas?
Por supuesto. Precisamente por la aspereza del mundo, continúa siendo necesario. No entiendo el romance como una manera de negar la realidad, sino como otra forma de entrar en ella. Las historias de amor también hablan del miedo, de la pérdida, de la soledad, de las heridas familiares y de la dificultad de mostrarnos tal como somos. El amor no elimina todo eso, pero puede convertirse en el lugar desde el que empezamos a mirarlo con honestidad, sin esconderlo tras una falsa fortaleza. Mientras las personas sigamos necesitando vínculos, refugio y verdad, el género romántico seguirá teniendo algo importante que contar.
¿Qué te diferencia de otras autoras de este género?
R: - No pretendo reinventar el amor; intento narrarlo desde mi voz, mis experiencias y mi manera de comprender el mundo. Me interesan especialmente los universos interiores de los personajes: lo que callan, lo que temen y aquello que desean, pero no saben pedir. He leído muchas novelas y de casi todas me llevo algo. Sin embargo, las que más me han llegado son aquellas que se atreven a tocar ese rincón que a casi todos nos da miedo rozar. Hablan del miedo a amar, a exponernos y a expresar lo que sentimos porque creemos que podrían juzgarnos.
En mis historias, el romance no es únicamente la meta. Es el espejo que obliga a los protagonistas a reconocerse. Me gusta construir personajes que respiren, silencios que tengan significado y diálogos capaces de conducirnos hasta una herida, cuestionar lo que creíamos y abrir una puerta hacia otras posibilidades. Quizá mi manera de escribir se encuentre ahí: en contar el amor no solo como un encuentro entre dos personas, sino como un despertar.
¿Tienes autoras referentes que te hayan influido?
Leo a distintas autoras y de cada una puedo admirar algo: la construcción de los personajes, la fuerza de una voz narrativa, la delicadeza de una escena o la verdad de un diálogo. Sin embargo, no siento que mi escritura nazca de una influencia concreta. Mi voz se ha ido formando con mis lecturas, pero también con mi manera de observar el mundo y de comprender las emociones. Procuro no escribir siguiendo una fórmula ni intentando parecerme a nadie. Prefiero escuchar a los personajes y encontrar la forma más honesta de contar aquello que vienen a decirme para llegar al corazón del lector a través de ellos.
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