Aleixandre Predilecto

08 de Octubre de 2026
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Aleixandre Predilecto

Una cierta experiencia vital acumulada me dice que en Literatura hay que elegir entre ser o parecer, no es una elección exactamente, más bien cuando uno comienza en esto de escribir y publicar, el camino hacia el éxito requiere de ciertos rasgos personales que no todos comparten. Sin un cierto grado de egolatría, incluso frisando la “cosita rara”, es muy difícil escribir, porque la exigencia de una perspectiva propia, la digestión (que no acaba nunca) de toda una tradición cultural de siglos pide tener los santos arrestos de alzar una voz.

Claro, hay quien hace eso llevando en una mano el rigor y el estudio, la disponibilidad de aprender siempre en quienes han escrito o escriben antes, contrarrestando a ese ego hipertrofiado; y en la otra un algo de compromiso ético que no tiene por qué ir más allá de no perjudicar al mundo de los posibles lectores, es decir, entretener inteligentemente y hacer pensar... hay muchos grados ahí por medio y no siempre excluyentes entre sí.

Después hay gente, tampoco podemos afirmar que sea premeditado o calculado ni buscado, que desde sus inicios gustan de ponerse en las fotos, de ver sus nombres en determinados foros, que se les cite con la única vocación de que se les llame siempre porque, claro, ya son un “sinequanon”, ¿qué sería de la velada poética o prosística sin ella o él? Éstos terminan teniendo la envidiable posición de ser profesionales o casi profesionales (dinero), lo han leído todo, lo de antes, lo de ahora y lo de mañana, hablan de cualquier cosa y sus obras versan sobre lo más suyo de sí mismos, incluyendo su legado la fama en vida.

Alexandre
Alexandre

El tomito que acabo de leer (una sentada de sobremesa) es un documento más que interesante, porque puede ayudar a cambiar, a quien respete los documentos antes que a la propaganda, la mirada sobre la gente que aparece por ahí y alardea de una intimísima amistad velintoniana con don Vicente Aleixandre, Premio Nobel de Literatura, no lo olvidemos. Tienen los escritores muertos con buen patrimonio literario esa maldición de haber sembrado magníficas amistades y que, no siempre, sus legatarios sean esos deseados o los más capacitados para promover la grandeza de sus obras, no digamos ya familiares con Derechos de Autor por Ley, capaces de tumbar al mismísimo Homero si pudieran por defenderlo.

El librito en cuestión es Vicente Aleixandre, nombre con brillo, conjunto de textos coordinados y editados por Dionisio Pérez Venegas e impreso en la granadina Salobreña (Alhulia, Colección Syl-laba)  en edición no venal que incluye un pliego con un grabado de Juan Carlos Ramos titulado, a su vez, Ausencia y presencia con un fragmento de texto del propio Aleixandre; puede que pronto esté disponible más extensamente en algún tipo de descarga digital. Precioso arte-facto.

En un prólogo brillante, el profesor Manuel Ángel Vázquez Medel narra los acontecimientos que rodearon el nombramiento en 1983 de Vicente Aleixandre como Hijo Predilecto de Andalucía, previsto en un acto para febrero del 84 que se cancelaría por vicisitudes políticas. El poeta, ya enfermo, moriría a finales de ese año, no tenía previsto acudir al acto oficial aunque aceptó de buen grado: “Yo no seré técnicamente un poeta andaluz, pero Andalucía tiene muchos modos de dar poetas y yo, modestamente, soy uno de ellos” dice en el discurso de aceptación, reproducido en este volumen, y no se puede ser más elegantemente antinacionalista al tiempo que agradecido a una tierra; este acto nunca se produjo por el cambio de Gobierno en la Junta de Andalucía, aunque se había publicado en el correspondiente BOJA con todos los efectos.

Vicente Aleixandre comunicó a la Junta de Andalucía que en la entrega del reconocimiento intervendría en su nombre “[...] la voz de un gran poeta andaluz, Antonio Carvajal”, cito de nuevo su discurso reproducido en este volumen. Tenemos la suerte de haber conocido esta historia, por otro lado nada secreta, narrada por el propio Carvajal en una cena de familia en casa, ahora se publican los documentos que citaba Antonio: la carta dirigida a él y Carlos Villarreal para pedir el “favor” de recoger la distinción, el discurso de Aleixandre que nunca se leyó, una aclaración del propio Carvajal sobre lo sucedido y un prólogo, ya citado, de Vázquez Medel además de un epílogo necesario para la comprensión de los detalles, del poeta y editor Dionisio Pérez Venegas.

Vázquez Medel reivindica la figura de Carlos Villarreal, justamente aludido en la carta del Nobel. Carvajal ha contado cómo la amistad con Aleixandre surgió tras el envío de un soneto al admirado poeta consagrado (y cito, pág. 27, la antología Nos diferencia el cuerpo, Cátedra, 2023, preparada por Francisco Silvera, o la conferencia Poética y Poesía del propio Carvajal, Fundación March, 2004, pág. 22).

“Me emociona, Antonio, que seas tú quien me represente” dice nuestro Premio Nobel. Carvajal no llegaría a ejercer ese encargo, y si observamos los nombres traídos y llevados como espíritus por los pasillos de Velintonia, tampoco es frecuentado. Andrés Amorós, en estos días, proponía su nombre como poeta candidato, merecedor del Premio Nobel; con el Cervantes o el Princesa de Asturias tampoco se le faltaría, quienes le leemos devotamente creemos entender el gesto de Aleixandre, de confianza, amistad segura y cierta y admiración mutua. Lo demás, es silencio.

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