“Al viajar, llevamos una maleta de creencias, prejuicios, miradas heredadas y nuestro propio estado emocional”

Ale Oseguera echa mano en su novela Dugongo de todo genero literario a su control, ya sea poesía o incluso narrativo creado con la comunicación digital del momento actual, para hacernos ver que todos llevamos un Odiseo dentro de nosotros

12 de Septiembre de 2026
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La periodista y escritora mexicana afincada en España Ale Oseguera. Fotos Víctor Hondartzape.
La periodista y escritora mexicana afincada en España Ale Oseguera. Fotos: Víctor Hondartzape.

Tapatía de nacimiento (Guadalajara, México, 1982) pero barcelonesa de adopción desde hace dos décadas, esta periodista, escritora y performer abarca en su novela Dugongo (Yegua de Troya) un universo milenario ya visitado en la literatura desde tiempos de Homero, pero que sigue descubriendo vetas insospechadas, como la que ella logra darle con una pátina diferente, adaptada a los tiempos, donde la memoria juega un papel fundamental, precisamente en la búsqueda de sí misma que emprende su protagonista, Lula, migrante mexicana en Barcelona. Paisajes deslumbrantes con el fantasma siempre tenebroso de la depresión y las tensiones de las burocracias familiares, mientras el amor y el cuerpo intentan mantener a flote todo. Un cóctel literario sorprendente que no deja indiferente con un estilo literario robusto y creíble.

¿Cuál es el germen primigenio de Dugongo, de dónde surgió la necesidad de escribir esta historia? 

Recuerdo dónde y cuándo escribí las primeras líneas de lo que llegaría a ser Dugongo. Estaba en Penang, una isla al norte de Malasia. Llevaba ya varias semanas de viaje en el Sureste Asiático y mucho escrito en mis diarios. Allí pensé que quizá la novela me permitiría darle cierta atemporalidad a mi viaje. Los lugares cambian y eso hace que los textos periodísticos corran el riesgo de caducar. La ficción, en cambio, me permitía hablar de lo que permanece.

Mi viaje (y en eso se asemeja al de la protagonista) sucedió en medio de una depresión. La experiencia turística estaba siendo mediada por el dolor y la pérdida. Eso me hizo mucho más consciente de que al viajar, llevamos una maleta de creencias, prejuicios, miradas heredadas y nuestro propio estado emocional. Por eso la crónica se me quedó insuficiente. Ahí, en Penang, nació Lula, una trama y una historia que se fueron afinando con el tiempo.

“Una persona puede estar sufriendo una pérdida terrible a la vez que debe cumplir con horarios laborales a la vez que se pregunta cuál es el sentido de la vida”

Qué duda cabe que hibrida géneros literarios en su novela con una intencionalidad determinada. Hay un poco de todo, desde ensayo ficción, crónica de viaje o incluso poesía. ¿Qué buscaba con esta inmersión literaria entre géneros?

Buscaba transmitir esa sensación, como sucede en la vida misma, de que todo está pasando al mismo tiempo. Una persona puede estar sufriendo una pérdida terrible a la vez que debe cumplir con horarios laborales a la vez que se pregunta cuál es el sentido de la vida. De ahí que en la novela también aparezca el artefacto del Whatsapp, que justamente permite que se comuniquen al instante personas que están separadas por miles de kilómetros y varias zonas horarias.

Por un lado, la crónica y el ensayo me facilitaban incorporar en el relato la historia de Malasia, Singapur y Tailandia para que no fuesen meros decorados estéticos. Por otro, las preguntas de Lula sobre su identidad permitían una narrativa más filosófica. La poesía es el género con el que ella expresa su «yo» más sensible. Por eso, la poesía permea todo el relato.

Pero, ¿cuál fue su principal reto?

El reto al escribir esta novela fue hilarlo todo para que lo histórico y lo geopolítico estuvieran relacionados íntimamente con los dilemas amorosos, familiares y psicológicos de la protagonista. Quise evitar que me quedara uno de esos libros en los que te puedes saltar el capítulo del contexto para ir directo al del meollo emocional. Crear un diálogo historia-paisaje-intimidad fue una prioridad a la hora de estructurar el relato.

La protagonista de su novela es una migrante mexicana residente en Barcelona que decide emprender un viaje por el sudeste asiático con el fin de… ¿intentar hallar algo, hallarse a sí misma?

Lula emprende el viaje en un momento en el que el hogar que construyó en Barcelona está desmoronándose: los amigos se fueron (empujados a otros sitios por la crisis de 2008) y su relación amorosa hace aguas. Tras la muerte de su padre, también está a punto de perder su lugar en la casa familiar en ese pleito con su hermano por la herencia.

Entonces, Lula viaja, más bien, intentando encontrar un refugio. De hecho, lo expresa así: «Quería volver a encontrar un refugio en un paisaje desconocido, no un territorio de conquista». En este sentido, mi protagonista es una especie de anti-turista: viaja para encontrar lo familiar, no la diferencia.

viaje ale oseguera por victor hondartzape M2
 

La búsqueda de la identidad está muy presente en esta obra, también el tema de la migración y por supuesto el duelo y los estragos de la depresión. ¿Son todos enlaces concatenados que se superponen y necesitan ser abordados conjuntamente para resolverlos uno a uno?

Como decía antes, todos los conflictos de Lula suceden simultáneamente. Uno de ellos, justamente, es no poder convertir su paseo en una burbuja y aislarlo del pleito por la herencia. De igual manera están los altibajos de ser migrante. Ella no viaja desprendida de esa parte de su identidad: es uno de los filtros con los que observa el mundo.

Bajo todos sus pesares (el duelo, el fracaso profesional y su crisis de pareja), late en ella la pregunta universal del «¿quién soy?». Preguntarse de qué está hecha le da pie a cuestionarse todo aquello que, se supone, es la identidad: capas y capas de constructos sociales como la nacionalidad, la pertenencia, la clase social, el género...

Lula aborda todos estos conflictos conjuntamente porque no tiene otra opción, pero no sé si para resolverlos. Quizá simplemente para acercarse más a eso que llaman reconciliación.

Ese viaje que emprende Lula actúa aquí también como una excursión hacia la memoria y los orígenes. ¿Por qué?

Porque ha perdido uno de sus pilares fundamentales y no lo entiende. La relación con su padre es muy conflictiva. Tanto, que ella voluntariamente ha puesto un océano de por medio. Sin embargo, tras años de emancipación, la muerte de él le derrumba el mundo. ¿Por qué?

No sé si en España se usa esta expresión: en México, cuando alguien está desorientado decimos que anda «norteado». Lula está así: «norteada». Esta expresión sirve mucho en el contexto de la novela, que propone desprenderse de la mirada hegemónica (la del Norte global) y tender puentes Sur-Sur. A veces, para orientarnos necesitamos revisar el camino recorrido. Volver la mirada es, a su vez, cuestionarla.

Lula vuelve hacia atrás para buscar dónde se inició la grieta profunda que la separó de su familia. Y se pregunta: ¿cómo puedo reconciliarme con este dolor para que no contamine otras relaciones? En esa reflexión encuentra ya no la reconciliación con su padre, sino la posibilidad de reconstruir la relación con su hermano.

“Revisitar el pasado es reconocer el camino y la persona en la que nos hemos convertido para poder construir, al fin, una Ítaca propia”

El cuerpo, lo físico, le sirve como vía de transmisión del desarraigo, el deseo y la pérdida que narra. ¿Es el mejor pergamino posible para dejar plasmadas nuestras experiencias más personales?

El cuerpo es la primera frontera del «yo» y también el primer lugar donde queda inscrita nuestra experiencia del mundo. Toda nuestra vida se asienta en su territorio. El cuerpo es el primer pergamino. No sé si el mejor.

El eterno dilema entre el viajero y el turista también es tratado en esta novela con nombre de mamífero herbívoro, entre monstruo y sirena. Es una incógnita que jamás llegamos a resolver del todo, y menos cuando existe un fenómeno migratorio en medio, ¿no cree?

Creo que Lula encarna la contradicción de ser migrante y turista a la vez. Viene de un país del Sur global mientras se pasea en rutas tradicionalmente reservadas para el turismo euro-blanco y anglosajón. Es una mujer discriminada y privilegiada a la vez. Ella es consciente de esta ambivalencia, pero también de que lo que para unos es privilegio, para otros es simple normalidad. Incluso, desde el sarcasmo llega a expresar que los derechos que ha conseguido (como su baja por salud mental), representan un triunfo simbólico para el colectivo migrante.

La Lula migrante es incómoda para el statu quo, pero también la Lula turista. Porque por su origen y porque según ciertas expectativas sociales, está viviendo experiencias que no le corresponden: como deprimirse con el sueldo pagado o pasearse en kayak en una isla tailandesa.

El mito odiséico del regreso está muy presente en su obra, pero volver no significa directamente recuperar todo lo dejado atrás. Entonces, ¿qué sentido le otorga al ansia del retorno de Lula?

Creo que esa ansia de retorno responde a un acto de memoria, no de recuperación. De recordar en su sentido etimológico; recordari: volver a pasar por el corazón. Revisitar el pasado es reconocer el camino y la persona en la que nos hemos convertido para poder construir, al fin, una Ítaca propia.

DugongoAle OsegueraYegua de Troya15,10 €262 páginas
Dugongo Ale Oseguera Yegua de Troya 15,10 € 262 páginas

 

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