El escritor ecuatoriano Fernando Salcedo Macías irrumpe en el mercado editorial español con su nueva novela La vida después del tiempo: El despertar de Noa, una obra de ciencia ficción diferente, rompedora. Desde la física cuántica narra la historia de un anciano roto por la pérdida y atrapado por la gravedad de la Tierra, cuya existencia renace en Noa, un rey legendario en la Quinta Dimensión, rodeado de una tecnología asombrosa. Para Salcedo Macías “la ciencia ficción actual no puede limitarse a inventar naves espaciales o rayos láser por mero espectáculo; debe usar esos elementos tecnológicos (el Novum) como un filtro para examinar los problemas reales: la soledad humana, el control, el perdón y el peso de nuestras decisiones. El espacio infinito es el mejor escenario para hablar de lo que nos pasa aquí abajo”.
La vida después del tiempo: El despertar de Noa. El título de tu primera novela pareciera contener, en sí mismo, un relato. ¿Qué significa ese título?
Significa que la muerte no es un punto final, sino un punto y seguido. El título es una declaración de principios: el tiempo físico, el que medimos con el reloj y nos arruga la piel, es una ilusión limitante. Cuando ese tiempo se agota en la Tierra, la consciencia se expande hacia su verdadera naturaleza. El despertar de Noa representa la toma de consciencia; es el momento en que un alma que se creía derrotada por los golpes de la vida terrenal descubre que es parte de una herencia cósmica colosal y que tiene una nueva oportunidad para enmendar su historia.
Leónidas y Noa. Dos personajes, una misma identidad en dos tiempos. ¿Cómo se da este proceso?
Se da a través de la memoria del alma. Físicamente, la distancia es abismal: Leónidas es un anciano roto por la pérdida y atrapado por la gravedad de la Tierra; Noa es un rey legendario en la Quinta Dimensión, rodeado de una tecnología asombrosa. El proceso de transición no es un borrón y cuenta nueva. Noa no olvida su pasado terrenal. La identidad se unifica porque la reencarnación en esta novela no es magia, es física cuántica: la energía y el amor trascienden las dimensiones. Noa debe aprender a gobernar un imperio mientras sana el dolor humano que Leónidas dejó inconcluso en la Tierra.
¿La novela nace de una necesidad personal?
Absolutamente. Nace de la necesidad de sobrevivir y de reconstruirme. Hay momentos en la vida donde todo se te viene abajo en un instante; te quedas solo en casa, el silencio te abruma y sientes que la realidad te aplasta. En mi caso, esa profunda crisis emocional y personal se convirtió en la gasolina para crear. Tenía que escribir para recordarme a mí mismo que después de la caída siempre hay una oportunidad de levantarse, y que el legado que dejamos a nuestros hijos y futuras generaciones es lo único que verdaderamente desafía al tiempo.
“Mi verdadera meta es que, cuando el lector cierre el libro, se quede mirando al techo en silencio. Quiero conmocionar, sembrar la duda cuántica, hacer que se pregunte qué hay más allá”
¿Cómo asumes la ciencia ficción en tiempos cuando la realidad pareciera una secuencia de hechos insólitos?
La asumo como la herramienta más honesta para analizar el presente. Hoy en día abres el periódico o miras las redes y la realidad parece una distopía mal escrita. Por eso, la ciencia ficción actual no puede limitarse a inventar naves espaciales o rayos láser por mero espectáculo; debe usar esos elementos tecnológicos (el Novum) como un filtro para examinar los problemas reales: la soledad humana, el control, el perdón y el peso de nuestras decisiones. El espacio infinito es el mejor escenario para hablar de lo que nos pasa aquí abajo.
Roberto Bolaño comparó la literatura con una batalla entre samuráis. ¿Estás de acuerdo?
Estoy totalmente de acuerdo. Bolaño entendía que escribir no es un acto pasivo o decorativo; es un combate frontal. Para un autor independiente, sentarse frente a la página en blanco es una batalla de honor contra sus propios demonios, contra los clichés del mercado y contra el miedo al fracaso. Pero, además, como empresario que lleva 23 años en el mundo real, sé lo que es salir a pelear todos los días en la calle para sacar adelante un proyecto y dar estabilidad a los tuyos. Escribir esta novela fue exactamente eso: desenvainar la espada en medio de mi peor tormenta personal para defender mi derecho a crear un legado.
¿Cuál es la gran batalla de Fernando Salcedo Macías?
Mi gran batalla es la misma que la de Leónidas y Noa: la batalla contra el olvido y la lucha por el perdón a uno mismo. En la vida he tenido grandes aciertos y caídas muy duras; solo crucé la secundaria, tuve que aprender a manejar el mundo de los negocios a golpes de experiencia pura y construir mi camino desde la absoluta nada. Mi batalla diaria es demostrar que el origen no determina el destino, que el trabajo honrado y la resiliencia valen más que cualquier título de escritorio, y que el espíritu siempre puede renovarse, sin importar qué tan fuerte haya sido el golpe.
Eres empresario y te defines como estratega. ¿En qué momento surge tu necesidad de escribir?
Surge cuando entendí que mi rol en el mundo no es solo ejecutar, sino conectar realidades. En mi empresa, Procesa, mi trabajo no es diseñar en una pantalla o cortar madera; mi labor es la estrategia pura: ver el problema, plantear la solución creativa, coordinar al equipo y hacer que las cosas sucedan. Dirigir una empresa es, de cierta forma, estructurar una narrativa en el mundo real. La necesidad de escribir surgió de manera natural cuando esa misma mente estratégica sintió que los límites de la realidad material se le quedaban cortos para responder a las preguntas más profundas que llevaba por dentro sobre el cosmos y la trascendencia.
¿Qué impresión te interesa más de los lectores, la conmoción o el entretenimiento?
Busco un equilibrio, pero si tengo que elegir, me quedo con la conmoción. El entretenimiento es necesario, es el gancho que hace que devores los capítulos y te emociones con las batallas espaciales. Pero mi verdadera meta es que, cuando el lector cierre el libro, se quede mirando al techo en silencio. Quiero conmocionar, sembrar la duda cuántica, hacer que se pregunte qué hay más allá y si las personas que ama hoy no habrán cruzado ya otros umbrales con él en vidas pasadas. Quiero que el libro sea una experiencia que transforme su percepción de la realidad.
¿La literatura ha ganado un nuevo cuestionador de realidades?
Prefiero que lo decidan los lectores, pero lo que sí puedo asegurar es que la literatura ha ganado a un inconforme persistente. No vengo del circuito literario tradicional ni de los salones académicos; vengo de la escuela de la vida, de las caídas reales y de la reconstrucción empírica. Ese trasfondo me da la libertad de cuestionarlo todo, de no deberle nada a los moldes establecidos y de escribir con una autenticidad visceral. El viaje cuántico de Noa apenas comienza, y yo estoy listo para llevar este cuestionamiento hasta las últimas consecuencias dimensionales, tuve que aprender a manejar el mundo de los negocios a golpes de experiencia pura y construir mi camino desde la absoluta nada. Mi batalla diaria es demostrar que el origen no determina el destino, que el trabajo honrado y la resiliencia valen más que cualquier título de escritorio, y que el espíritu siempre puede renovarse, sin importar qué tan fuerte haya sido el golpe.