‘Kora’, de Gabriel Erkoreka, se estrena en Madrid con una interpretación de gran precisión e intensidad emocional de Beatriz Millán

El estreno absoluto de la nueva obra del Premio Nacional de Música deslumbró en Puerta de Toledo en una propuesta de fuerte sentido cultural entre África y la creación contemporánea.

15 de Abril de 2026
Actualizado a las 12:42h
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Beatriz Millán Poncela, arpista durante el estreno de Kora foto Agustín Millán
Beatriz Millán Poncela, arpista durante el estreno de Kora foto Agustín Millán 

El Auditorio Municipal de Puerta de Toledo de Madrid acogió el pasado 10 de abril uno de esos estrenos que no se agotan en la mera novedad de una partitura. El estreno absoluto de Kora, la nueva obra para arpa de Gabriel Erkoreka, se convirtió en una cita de especial relieve artístico por la ambición de la composición, por la inteligencia del planteamiento cultural que la sostiene y, sobre todo, por la fuerza con la que fue defendida por Beatriz Millán, una de las arpistas más sólidas y personales del panorama español. Lo que allí ocurrió no fue únicamente la presentación de una nueva obra: fue la confirmación de que el arpa contemporánea sigue teniendo territorios por conquistar cuando cae en manos de una intérprete de primer nivel y de un creador con una voz propia tan reconocible.

La velada se enmarcó en África en Resonancia, un encuentro concebido como espacio de diálogo entre culturas. Y ese espíritu no quedó en el aire como una consigna vacía. Se materializó en una propuesta que quiso unir reflexión y práctica musical, pensamiento y sonido, tradición y experimentación. La obra de Erkoreka parte de la referencia a la kora africana, pero no se limita a citarla de forma superficial ni a convertirla en un adorno exótico. Muy al contrario, la usa como punto de partida para una exploración mucho más compleja del arpa de pedales, de sus recursos tímbricos, de su capacidad para sugerir otros mundos sonoros y de su potencia para sostener tensiones expresivas muy contemporáneas.

De izda María Rosa Calvo Manzano, Beatriz Millán Poncela, Susana Maté y Isabela de Aranzadidurante el extreno de Kora
De izda María Rosa Calvo Manzano, Beatriz Millán Poncela, Susana Maté y Isabela de Aranzadi durante el extreno de Kora

El propio compositor explicó que Kora responde a un encargo de Beatriz Millán” y nace del diálogo real entre compositor e intérprete. Erkoreka recordó además que no es la primera vez que juega con títulos que remiten a instrumentos de otras tradiciones para provocar desplazamientos de escucha. En esta ocasión, la cuestión era especialmente sugerente: cómo lograr que un instrumento tan codificado en la tradición occidental como el arpa pueda aludir a otro, apropiarse de ciertos gestos y rozar otra identidad sin dejar de ser él mismo.

Ahí reside una de las mayores virtudes de la partitura. Erkoreka lo formuló de manera precisa: “No hay materiales propiamente dichos de la kora africana, sí que hay algunos elementos tomados de ella, por ejemplo, arquetipos melódicos u ostinatos rítmicos”. Es decir, no hay copia, ni folclorismo fácil, ni estampita sonora. Hay elaboración, filtrado, tensión creativa. También hay polirritmia, hemiolias, contrastes extremos, técnicas extendidas y una utilización del arpa que por momentos la acerca a lo percusivo. Todo ello construye una obra exigente, de capas, de texturas, de choques internos, que obliga a escuchar con atención.

Pero una obra de esta complejidad y abstracción sólo puede desplegarse de verdad cuando la interpretación está a la altura. Y ahí Beatriz Millán fue decisiva. Su interpretación resultó rotundamente convincente: limpia, clara en la arquitectura, expresiva en los pasajes más fluidos y de una precisión admirable en los momentos de mayor riesgo técnico. La sensación general fue la de una intérprete que no sólo tocaba la obra, sino que la comprendía desde dentro y la convertía en discurso vivo. El estreno salió francamente bien, con autoridad, musicalidad y una entrega que permitió que el público percibiera no sólo la novedad del lenguaje, sino también su coherencia y su potencia emocional.

Beatriz Millán Poncela junto al compositor Gabriel Erkoreka durante el estreno de Kora
Beatriz Millán Poncela junto al compositor Gabriel Erkoreka durante el estreno de Kora

La propia Millán dio una de las claves del proceso al recordar cómo se enfrentó a la partitura en sus primeras lecturas. “Le llamaba y le decía: “¿no será este acento un error?” Y nunca, nunca era un error, porque la partitura es perfecta, está escrita con un detalle exagerado”, relató. La frase no sólo tiene valor anecdótico, retrata a un compositor minucioso, riguroso hasta el límite, y también a una intérprete capaz de entrar en esa densidad de escritura sin simplificarla. Esta idea resume bien el carácter de Kora: nada está puesto al azar, nada es decorativo, todo responde a una lógica sonora precisa.

Antes del estreno, el programa incluyó una mesa redonda en la que participaron Isabela de Aranzadi y Susana Maté, dos voces autorizadas para pensar la influencia de las músicas africanas en la música occidental y en la creación contemporánea. De Aranzadi dejó una de las afirmaciones más sugestivas de la tarde al defender la profundidad histórica de ciertas formas de oralidad africana: “Lo considero el origen del rap”. No era una provocación gratuita, sino una invitación a desmontar prejuicios y a reconocer genealogías culturales que a menudo se silencian.

En la misma línea, recordó “la influencia de la música africana en otras músicas… queremos referirnos a todas las demás, incluida la música occidental denominada clásica o contemporánea”. Esa afirmación no era un complemento erudito al concierto, sino una llave de lectura para entender mejor la propia Kora. La pieza de Erkoreka no surge de la nada: se inscribe en una historia de cruces, préstamos, desplazamientos y relecturas que atraviesa buena parte de la música de los siglos XX y XXI.

Beatriz Millán Poncela, arpista durante el estreno de Kora foto Agustín Millán3
Beatriz Millán Poncela, arpista durante el estreno de Kora foto Agustín Millán 3

El compositor, por su parte, quiso subrayar que la obra tiene también un trasfondo que va más allá de lo puramente tímbrico. “Podemos decir que sí: es una especie de estudio sobre la sociedad africana, vista en el sentido más amplio”, señaló, apuntando a una dimensión social que se traduce musicalmente en la convivencia de materiales contrastados, de pasajes diatónicos y otros fragmentados, de fluidez y ruptura. Esa dialéctica interna dota a la partitura de una tensión discursiva que impide reducirla a un mero ejercicio de color instrumental.

Lo mejor de la noche fue precisamente comprobar que toda esa densidad conceptual no sofocó la música, sino que la impulsó. Kora llegó al público como una obra viva, desafiante y a la vez profundamente comunicativa. Y lo hizo gracias a una Beatriz Millán inmensa, capaz de asumir la dificultad sin perder naturalidad ni presencia escénica. Cuando una composición ambiciosa encuentra una intérprete así, el estreno deja de ser un trámite y se convierte en acontecimiento. Eso fue lo que ocurrió en Madrid: el nacimiento de una obra importante y la certeza de haber asistido a una interpretación de alto nivel que le hizo plena justicia.

Beatriz Millán Poncela, arpista durante el estreno de Kora foto Agustín Millán1
Beatriz Millán Poncela, arpista durante el estreno de Kora foto Agustín Millán 1

 

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