Ceuta, seis siglos en la frontera: de la conquista portuguesa al reparto europeo de Marruecos

La historia de Ceuta no comienza con el Protectorado español ni con las actuales crisis migratorias

26 de Septiembre de 2026
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Plano de Ceuta
Plano de Ceuta

La ciudad fue conquistada por Portugal en 1415, permaneció portuguesa durante los Reyes Católicos, quedó vinculada definitivamente a España en el siglo XVII y acabó convertida, por su posición en el Estrecho, en una pieza esencial de la competencia europea por Marruecos.

Hablar de Ceuta como una ciudad que fue simplemente «entregada a los europeos» conduce a un primer error histórico. El 21 de agosto de 1415 una gran expedición encabezada por Juan I de Portugal conquistó militarmente la ciudad, entonces vinculada al debilitado poder meriní. La operación respondía a una combinación de intereses religiosos, comerciales, nobiliarios y estratégicos, porque controlar una posición situada frente a la Península permitía a Portugal proyectarse hacia el norte de África, intervenir en las rutas comerciales y abrir un nuevo espacio para una nobleza guerrera cuya expansión territorial dentro del reino había quedado prácticamente agotada. La historiografía portuguesa considera precisamente la conquista de Ceuta uno de los grandes puntos de partida de la posterior expansión ultramarina lusa. 

Azulejos vidriados de Jorge Colaço, que representa al príncipe Enrique el Navegante, en la conquista de Septa.
Azulejos vidriados de Jorge Colaço, que representa al príncipe Enrique el Navegante, en la conquista de Septa.

Existe además una confusión muy extendida respecto a los Reyes Católicos. Durante el reinado de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, Ceuta continuó siendo portuguesa y no pasó a Castilla después de la conquista de Granada. La posición castellana más importante conquistada en aquellos años fue Melilla, ocupada en 1497, mientras Portugal mantuvo sus propios enclaves y áreas de expansión en el norte de África.

La situación cambió en 1580, cuando Felipe II incorporó la Corona portuguesa a una unión dinástica que situó Portugal y los demás territorios de la Monarquía Hispánica bajo un mismo soberano. Ceuta seguía siendo jurídicamente portuguesa, pero desde entonces compartía monarca con Castilla. Cuando Portugal se rebeló en 1640 y proclamó a la dinastía de Braganza, Ceuta tomó una decisión excepcional y permaneció fiel a Felipe IV, una elección relacionada con los intereses económicos, militares y políticos de sus élites y con su creciente dependencia de Andalucía.

La separación quedó formalmente consolidada mediante el Tratado de Lisboa de 1668. El documento conservado en el Archivo Histórico Nacional establece que las plazas ocupadas durante la guerra debían devolverse, pero excluía expresamente a Ceuta, que permanecía del lado español. Este dato resulta particularmente importante para comprender la controversia contemporánea, porque la soberanía española sobre Ceuta no procede del Protectorado establecido en el siglo XX, sino de una trayectoria política muy anterior.

Una ciudad convertida en fortaleza

Durante los siglos siguientes Ceuta adquirió una marcada condición militar. Su ubicación hizo de ella una fortaleza sometida periódicamente a asedios y tensiones con los poderes marroquíes, mientras la propia configuración de la frontera fue modificándose mediante tratados y conflictos.

El momento decisivo llegó con la guerra hispano-marroquí de 1859-1860, tras la cual España amplió el territorio ceutí y consolidó una delimitación mucho más próxima a la actual. Desde entonces, Ceuta comenzó también a desarrollar con mayor intensidad su dimensión portuaria y comercial, aunque su condición militar continuó siendo fundamental.

Plano de la ciudad y las fortificaciones de Ceuta, William Faden , 1813
Plano de la ciudad y las fortificaciones de Ceuta, William Faden , 1813

A comienzos del siglo XX el problema cambió completamente de escala, porque Marruecos se convirtió en uno de los principales escenarios de la competición colonial europea. Francia pretendía consolidar su presencia norteafricana, Gran Bretaña vigilaba cualquier alteración que pudiera comprometer Gibraltar, España aspiraba a mantener una zona de influencia junto a sus plazas africanas y Alemania se negaba a aceptar un reparto que la excluyera.

La visita del káiser Guillermo II a Tánger en marzo de 1905 fue la manifestación más espectacular de aquella confrontación. La posterior Conferencia de Algeciras de 1906 mantuvo formalmente la independencia y autoridad del sultán, pero abrió al mismo tiempo el camino hacia una intervención europea cada vez más intensa sobre las finanzas, la seguridad y la administración marroquíes. La propia documentación de la Escuela Diplomática española describe cómo las crisis de 1905 y 1911 terminaron preparando el establecimiento de los protectorados francés y español en 1912. 

Alemania entra en Marruecos

La presencia alemana no comenzó con la Primera Guerra Mundial. Empresas, comerciantes e ingenieros habían establecido intereses económicos en Marruecos, especialmente relacionados con la explotación minera, mientras Berlín utilizaba esos vínculos como argumento para impedir que Francia monopolizara el país.

Pero desde 1914 la situación adquirió otra naturaleza. La neutralidad española convirtió España y el Marruecos administrado por Madrid en espacios privilegiados para los servicios secretos alemanes. El agregado militar Arnold Kalle dirigió desde Madrid operaciones clandestinas destinadas a dificultar el dominio francés sobre Marruecos, financiando actividades, propaganda y contactos con grupos locales que podían mantener ocupadas tropas francesas lejos del frente europeo. Documentación estudiada recientemente acredita incluso el intento de implicar al antiguo sultán Mulay Abd al-Hafiz en una insurrección contra Francia. 

Esto no significa que Alemania creara la resistencia rifeña, porque las poblaciones del Rif disponían de sus propias estructuras políticas y de razones autónomas para oponerse a la ocupación colonial. Lo que hizo Berlín fue intentar aprovechar esas resistencias dentro de una estrategia internacional mucho más amplia.

Reunión de Algeciras
Reunión de Algeciras

1912: el Protectorado rodea Ceuta, pero no la incorpora

El convenio franco-español de noviembre de 1912 estableció la zona española del Protectorado marroquí, con Tetuán como capital administrativa. El sultán seguía conservando formalmente la soberanía, representado en el norte por un jalifa, mientras España asumía un control político y militar cada vez más amplio.

Existe, sin embargo, una distinción imprescindible para comprender todo lo ocurrido posteriormente: Ceuta no formaba parte de ese Protectorado. La propia documentación diplomática española diferencia las regiones asignadas a España en Marruecos de las plazas de soberanía ya existentes, entre ellas Ceuta y Melilla.

Jurídicamente eran realidades diferentes, aunque militar y geográficamente estuvieran profundamente conectadas. Ceuta se convirtió en puerto, base militar, centro logístico y puerta de comunicación con el territorio colonial, de modo que la ciudad quedó inevitablemente ligada a la guerra que España tendría que librar para convertir el Protectorado dibujado sobre los mapas en un territorio realmente controlado.

Aquella guerra acabaría provocando una de las mayores catástrofes militares de la historia contemporánea española. Su nombre sería Annual.

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