La muestra comienza con obras de su primera etapa, en las que predomina lo clásico y tradicional (bodegones, retratos y paisajes) dentro de un lenguaje poético de signos y metáforas. El propio Miró afirmó una vez que “para mi un árbol no es un árbol, una cosa que pertenece a la categoría vegetal, sino una cosa humana, algo viviente. Es un personaje (...); este árbol tiene la misma vida que estos animales, tiene un alma, tiene un espíritu”. Sin embargo estas primeras obras no conectaron con el público. Fueron, en palabras de Minguet, “un auténtico fracaso ya que no vendió nada”.Sobre su faceta de escenógrafo, decorador y cartelista también se pueden ver algunos de sus trabajos. Por ejemplo, los diseños de los decorados de Mori el Merma, un montaje del Teatre de La Clacla, de 1978, inspirado en la inmortal obra de Alfred Jarry, Ubú rey, que se representó en la Liceo de Barcelona durante la Transición. Así como sus escenografías para los Ballets Rusos de Sergéi Diághilev, una mente brillante que cambió el ballet clásico fusionando danza, drama, música y arte en un mismo espectáculo.
A continuación se exhiben algunas de sus obras experimentales que le llevaron a crear ese desorden al que alude el titulo de la muestra. Hay que recordar que Miró huyó del academicismo y se lanzó a la búsqueda constante de una obra global y pura, no adscrita a ningún movimiento determinado. Es por ello que estas obras contienen “un alfabeto visual propio aparentemente sencillo, pero de gran profundidad”, como subrayó el comisario.Y como testimonio de esa rebeldía contra la pintura convencional, se exhiben algunas de sus “antipinturas”: lienzos acuchillados, quemados o martilleados para que el espectador mire a través de ellos. “Yo no sé a dónde vamos, lo único cierto para mí es que me propongo destruir, destruir todo lo que existe en pintura”, dijo el propio artista en 1931. De ahí nacerá su famoso deseo de “asesinar a la pintura” y su “tela rasgada, lo que los expertos llaman el Fontana de Miró”, dijo Minguet.
La exposición, que se compone de un puzzle de piezas provenientes de museos como el Reina Sofía, el Museo Thyssen Bormemisza, el MACBA, Es Baluard, la Fundació Joan Miró o el Museo Boijmans Van Beuningen de Róterdam, trata en definitiva de “dar una visión global, pero un tanto diferente” de la obra de Miró, dijo Cortés. También, mostrar una síntesis de su arte vital y rompedor con el que el artista retó a la pintura y creó un universo irrepetible. La exposición permanecerá abierta hasta el 15 de junio.
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