Miles de personas cruzan cada día la explanada de Notre Dame mirando hacia arriba. Desde la reapertura de la catedral, en diciembre de 2024, la fachada restaurada, las torres y las gárgolas han recuperado buena parte de la atención que durante cinco años estuvo concentrada en las obras posteriores al incendio. A pocos metros de las colas de visitantes, sin embargo, hay otro equipo trabajando en dirección contraria. Los arqueólogos están excavando hacia abajo.
Han llegado ya a unos cuatro metros de profundidad y lo que aparece bajo el parvis permite recorrer, estrato a estrato, buena parte de la historia de París. Hay restos medievales, materiales de épocas merovingia y carolingia y evidencias de la ciudad romana que existió muchos siglos antes de que comenzara a levantarse la catedral.
La excavación comenzó en enero y no responde inicialmente a una investigación sobre Notre Dame. Es consecuencia de algo bastante más prosaico, la remodelación de la plaza.
El Ayuntamiento de París quiere transformar la enorme superficie mineral situada frente a la catedral para introducir vegetación y zonas de sombra, dentro de un proyecto que prevé la plantación de 160 árboles y cuya ejecución debe avanzar hasta 2028. Antes de remover un terreno con semejante potencial arqueológico, la legislación francesa obliga a estudiarlo. La Dirección Regional de Asuntos Culturales de Île-de-France prescribió por ello una excavación preventiva que está siendo realizada por el Polo Arqueológico de la ciudad.
Las primeras estructuras aparecieron apenas medio metro por debajo del pavimento actual. Desde allí, los arqueólogos han seguido descendiendo hasta alcanzar aproximadamente cuatro metros en una zona de unos treinta metros de longitud. Cada capa corresponde a una ciudad que fue construyéndose sobre la anterior, y la plaza que hoy parece inseparable de la imagen de Notre Dame no siempre estuvo allí.
Delante de la catedral había casas
En el siglo XII, cuando comenzó la construcción de Notre Dame, el espacio que hoy ocupan turistas, cámaras y teléfonos móviles estaba lleno de viviendas.
Camille Colonna, la arqueóloga que dirige los trabajos, explica que una calle atravesaba entonces el actual parvis y tenía casas a ambos lados. Las construcciones desaparecieron de la superficie, pero no completamente del subsuelo. Los arqueólogos han localizado sus cimientos y sus bodegas, debajo hay más.
Los niveles inferiores conducen hacia ocupaciones anteriores y finalmente al París romano. No supone una sorpresa que existan restos antiguos en la Île de la Cité. La arqueología conoce desde hace décadas la importancia del lugar y la propia cripta situada bajo parte de la explanada conserva vestigios que abarcan desde la Lutecia romana hasta transformaciones urbanas mucho más recientes. Lo excepcional ahora es poder estudiar una nueva sección del subsuelo en uno de los espacios donde resulta más difícil hacerlo. Los objetos recuperados empiezan además a poner vida alrededor de los muros.
Han aparecido jarras, tazas y otras piezas de cerámica medieval, fragmentos metálicos y numerosos restos asociados a la ocupación cotidiana del lugar. Los arqueólogos insisten en que su importancia no depende de que sean objetos preciosos. Una vasija utilizada para cocinar puede contar mucho más sobre quienes vivieron allí que una pieza espectacular desprovista de contexto.
Entre los hallazgos hay uno que conecta directamente el lugar con el mundo romano: una moneda del siglo IV con la efigie del emperador Constantino.
Constantino gobernó el Imperio romano durante la primera mitad del siglo IV. Que una moneda con su imagen aparezca ahora frente a una catedral cuya construcción comenzó unos ocho siglos después ofrece una medida bastante gráfica de la profundidad histórica concentrada en unos pocos metros de tierra.
También se han recuperado fragmentos de cerámica y otros materiales que todavía deberán ser estudiados y fechados con precisión. No todo puede explicarse en el momento en que sale del suelo. Buena parte del trabajo comienza después, cuando las piezas pasan al laboratorio y se comparan con materiales procedentes de otros yacimientos.
La excavación no está buscando un gran tesoro. Está intentando reconstruir cómo se vivió en este lugar. Un fragmento de cerámica, los restos de una pared, una bodega o los huesos de animales pueden ayudar a determinar si allí hubo una vivienda acomodada, una casa más modesta, actividad comercial o algún otro uso. Hugo Cador, arqueólogo de la ciudad, ha explicado que ese conjunto de materiales permite caracterizar las sucesivas ocupaciones del espacio.
Una ciudad construida encima de sí misma
Notre Dame comenzó a levantarse en el siglo XII, pero llegó a un lugar que ya llevaba siglos ocupado. La Île de la Cité había sido uno de los centros de la ciudad antigua y continuó siéndolo durante la Edad Media. La arqueología permite ahora observar esa continuidad de una manera poco habitual: no como una sucesión de fechas, sino físicamente, una ciudad encima de otra.
El incendio del 15 de abril de 2019 abrió involuntariamente una etapa extraordinaria para el conocimiento arqueológico del monumento y su entorno. Las intervenciones relacionadas con la restauración permitieron investigar zonas que durante siglos habían permanecido prácticamente inaccesibles. La catedral reabrió al público a finales de 2024, pero los trabajos arqueológicos y patrimoniales alrededor de ella continúan. Ahora ha sido la futura plaza arbolada la que ha proporcionado una nueva oportunidad.
El proyecto que ha obligado a excavar pertenece al siglo XXI y pretende preparar el entorno de Notre Dame para un problema muy contemporáneo: el aumento de las temperaturas y la necesidad de proporcionar sombra en una ciudad cada vez más expuesta al calor. Para construir esa plaza del futuro ha sido necesario detenerse primero en las ciudades que quedaron debajo.
Los arqueólogos seguirán trabajando antes de que el parvis adopte su nueva forma. Después llegarán los árboles, los recorridos para visitantes y la plaza remodelada. Buena parte de lo encontrado habrá sido documentado, estudiado y retirado para su conservación. Los turistas volverán a caminar por encima.
Probablemente muchos no sabrán que, a apenas unos metros bajo sus pies, siguen estando las calles y las casas del París que contempló cómo Notre Dame empezaba a levantarse.
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