El desocultamiento del ser en Heidegger y su vínculo con el pensar Guaraní

El desocultamiento del ser en Heidegger y su vínculo con el pensar Guaraní

En una de las tantas singularidades que anida en la cosmogonía del estar en el mundo que nos legaron los guaraníes, la acción profunda de meditar o reflexionar se expresa como py'amongeta (de py'a, corazón o centro de los sentimientos, y mongeta, conversar o dialogar) (Wikipedia, s.f.). Pensar en este idioma implica unión entre el pensamiento y el sentir del corazón" de acuerdo a las definiciones consensuadas por la biblioteca digital que no puede escapar de la síntesis brindada por la inteligencia artificial. Independientemente de que desde ciertos sectores se nos acuse de forzar vinculaciones con el pensar heideggeriano cómo símbolo del pensar occidental, y de romantizar esta cultura por el simple hecho de haber sido arrojados a la existencia en el lugar en el cuál desandaron su experiencia vital, nosotros seguimos considerando que existe una llamativa semejanza entre ambas interpretaciones de lo humano, agregando en esta nueva instancia, la evidencia argumental existente en el artículo "Logos" de Martín Heidegger. 

Partiendo desde Heráclito, el filósofo alemán desmenuza el concepto logos, para reconducirlo al "légein", es decir una razón que enuncia, se expresa que instituye lenguaje, para poner debajo y delante lo que se muestra como oculto e inexpugnable del logos. Extiende la explicación en cuánto a cómo esa disposición precisa de una selección, de un ordenamiento para un albergar, que es ni más ni menos que la expresión mediante palabras. El logos es el punto de partida y por el ende el final, y el légein el sendero o camino que se abre a partir del mismo. El giro conceptual de Heidegger, se da cuando expresa que el sonido de esa palabra emitida, precisa ser escuchada. Pedagógicamente señala la diferencia entre oír y la disposición de escuchar "mientras oigamos sólo el sonido de las palabras como la expresión de uno que está hablando, estamos muy lejos aún de escuchar" (Heidegger, 1994). 

Vuelve al texto de Heráclito "Lo bien dispuesto acaece propiamente en la medida que uno es todo" (Heidegger, 1994). Más adelante explicará que ello refiere a la referencia a lo divino en el nombre de Zeus (el rayo o el más alto de los dioses). "Es la desmesura más que el incendio, lo que hay que apagar" (Heidegger, 1994). 

El corazón de la famosa "diferencia ontológica" del alemán se encuentra en este punto, al que en otras conferencias y artículos, volverá una y otra vez, para indicarnos que la ciencia, que el método, el procedimiento, el actual aceleracionismo del algoritmo, y el lenguaje devenido o apocado en meme son lo ente, de un ser que sigue oculto desde los tiempos de Heráclito.

"Se hace todo lo posible para disparar contra las nubes con el fin de tener calma ante la tempestad. Pero esta calma no es ninguna calma. Es sólo una anestesia; una anestesia contra el miedo a pensar. Porque el pensar, ciertamente, es algo muy especial. La palabra de los pensadores no tiene autoridad. La palabra de los pensadores no conoce autores en el sentido de los escritores. La palabra del pensar es pobre en imágenes y no tiene atractivo. La palabra del pensar descansa en una actitud que le quita embriaguez y brillo a lo que dice. Sin embargo, el pensar cambia el mundo. Lo cambia llevándolo a la profundidad del pozo, cada vez más oscura, de un enigma, una profundidad que cuanto más oscura es, más alta claridad promete" (Heidegger, 1994). 

El pensar reflexivo de los guaraníes es indiscernible del sentimiento, desde el cuál debe operar el desocultamiento. No es casual que la cosmogonía Guaraní en nombre del "avance de la civilización" se encuentre prácticamente extinta, habiéndose desplegado una suerte de aniquilamiento cultural, muy complejo de eludir. 

Una muestra de esto último expresado, es la nula o escasa reacción que tendrán estas palabras, en cada uno de los que la reciban o se topen con la misma. 

El silencio criminal que encuentra burdas justificaciones en la falta de tiempo, de interés, de supuesta profundidad o complejidad en lo que se dice, no son más que testimonios claros, de que sigue sin entenderse aquello de que lo que hay que apagar es la desmesura, antes que (y por más que sea provocada por) el incendio. 

Algo que comprendieron los guaraníes y que tal cómo el ser heideggeriano, debe ser desocultado para que pensemos, ontológicamente en términos occidentales o con el corazón en el decir Guaraní.  

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