Siempre está ahí, en el lugar adecuado de la historia, cuando su pueblo, su país, lo necesita. Él ofrece música y redención, apoyo moral e impulso vital a millones de ciudadanos de la todavía primera potencia mundial, unidos en un sentir común bajo el paraguas de los derechos civiles más fundamentales del ser humano. Ya estuvo en primera fila cuando retrató aquella América violenta y desbordada de comienzos de los ochenta en su escalofriante disco Nebraska, volvió a hacerlo con el apabullante The Rising tras la caída de las Torres Gemelas y los atentados terroristas del 11S. Dejó constancia de la injusticia de la invasión de Irak a comienzos de este siglo en Devils & Dust y ahora, con 76 años y sin ninguna intención de retirarse mientras el cuerpo aguante, vuelve a decirle a sus paisanos con el puño en alto “aquí estoy yo” para guiarlos cuando más desnortados se encuentran por culpa directa de las políticas ultranacionalistas, xenófobas y con tics claramente neofascistas del presidente estadounidense, Donald Trump.
No le tiembla la voz cuando ante decenas de miles de espectadores en un estadio repleto lanza palabras durísimas contra el máximo mandatario de su país, a sabiendas de que este lo situará inmediatamente en la diana de sus invectivas. Así fue, así es. No le importa, sabe que como músico cumple un papel de estandarte y así lo ejecuta con orgullo.
Palabra de Springsteen: “Romperemos su ciudad para celebrar y defender a Estados Unidos, la democracia estadounidense, la libertad estadounidense, nuestra Constitución estadounidense y nuestro sagrado sueño americano, todos ellos atacados por nuestro aspirante a rey”
Los desmanes contra migrantes residentes en EEUU y los dos asesinatos de ciudadanos estadounidenses por paramilitares del ICE han sido la gota que ha colmado el vaso de un país que mira con asombro todo lo que ocurre a su alrededor. Pero necesitaba una brújula, una espita que propulsara tanta ira contenida contra sus dirigentes. Y es ahí cuando Bruce Springsteen y su particular “caballería”, la mítica E Street Band, saltan al escenario para redimir a sus perplejos ciudadanos. La declaración de intenciones no admite dudas: “Romperemos su ciudad para celebrar y defender a Estados Unidos, la democracia estadounidense, la libertad estadounidense, nuestra Constitución estadounidense y nuestro sagrado sueño americano, todos ellos atacados por nuestro aspirante a rey y su gobierno rebelde en Washington, D. C.”, ha dicho el rockero de New Jersey en un breve mensaje audiovisual subido a sus redes sociales. “Todos, sin importar su postura o creencias, son bienvenidos”, añade.
No son nada casuales algunas de las ciudades elegidas en esta gira, que lleva por lema “Land of Hope and Dreams. No Kings”. Empezando por la ciudad en la que dará inicio este 30 de marzo a sus habituales tres horas al menos ininterrumpidas de rock y pura adrenalina: Minneapolis, la tristemente protagonista de los asaltos indiscriminados de las fuerzas paramilitares del ICE y con dos ciudadanos estadounidenses asesinados a tiros por sus agentes. Precisamente a esta ciudad ha homenajeado en su última canción, Streets of Minneapolis, compuesta en apenas unos días para rememorar todos estos hechos. Finalizará dos meses después y tras completar una veintena de conciertos en la capital, Washington D.C. Quedan advertidos: “Así que vengan y únanse a la república libre y unida de E Street Nation para una primavera estadounidense de rock y rebelión. Nos vemos allí”. Bruce nunca defrauda. Nunca. Y siempre está ahí, en el lado correcto de la historia. Hasta el final.