La democracia española que recuperó la Constitución de 1978 alternó en el gobierno el bipartidismo PSOE-PP. Puntuales apoyos de ciertas siglas o un PSOE de minoría aliado con Sumar reformuló ese oficioso monopolio en el poder. Registró partidos hoy agónicos (IU-PCE), muertos (Cs, UPyD, CDS) o que palpitan (Vox e independentistas). Todo corrobora que lo [ultra] conservador y el nacionalismo prima al centro e izquierdas.
Nuestro ‘gobierno del pueblo’, en realidad canalizado por aparatos de partidos, comenzó con carisma. En ese podio encontramos a dos presidentes: Adolfo Suárez (1976-1981) y a Felipe González (1982-1996). Después hubo en gobiernos del bipartidismo líderes de consignas del aparato, que también les nutrían de ministros. No venían de la dictadura que logró transitar (Suárez) o de la clandestinidad que apoyó un socialismo no marxista atlantista (González).
Cuando nos engañó, el político sevillano, tras despedir a Guerra, [sólo] ‘tomar nota’ de la corrupción, negar cal viva, la ‘x’ del antiterrorismo y victimizarse del ‘sindicato del crimen’ tras el mejor periodismo investigador, surgió la socialdemocracia que abrió los puños en alto. Ese liberalismo de supuesta izquierda ‘progresó adecuadamente’ aunque instalado en el clientelismo en las urnas.
La socialdemocracia reinventó el socialismo. Hasta allí desertaron huestes comunistas, se exiliaron centristas y conservadores oportunistas. Todos caben en esas ideas democráticas que buscan más justicia social, igualdad y solidaridad bajo las pautas del más genuino capitalismo.
El conservadurismo del presidente Aznar (1996-2004) creyó hallar armas químicas en Irak, soslayó corruptelas (casos Gescartera y Gürtel, o condenas a Mata, Zaplana, Rato y Bárcenas) y culpó a ETA del terrorismo yihadista (11M). También infló la ‘burbuja’, inspiró el 15M del 2011 post Podemos. Juventud y ciudadanía pidieron que jamás se les defraudara.
El panorama que hipotecó Aznar exigía carisma, liderazgo, magia. Y ahí aparece ZP como marca. Rodríguez Zapatero (2004-2011) positivaba hasta lo mítines. Era el apóstol español de la socialdemocracia que gobernaba casi toda Europa. Era buenista. El dimitido Guerra le tildó de ‘Bambi’.
Estudiar al personaje
El primer leonés que ocupó La Moncloa tenía pose y formas de gurú con feligresía. Sus 164 y 169 diputados en la primera y segunda legislatura le permitieron gobernar cómodamente salvo pactos para aprobar normas. ZP registró ahí primicias: leyes pro dependencia, igualdad, violencia e identidad de género, matrimonio y adopción del colectivo LGTBIQ+, memoria histórica, aborto, reformas laborales, antitabaco y del Estatut.
Iniciativas como Alianza de Civilizaciones persisten en el fiasco. Al igual que la polarización, las brechas de la igualdad, el impago de la dependencia, el poderío del lobby gay más la primacía catalanista el resto de autonomías. El ‘procés’ de 2017 lo basó la chapuza del Estatut de ZP.
Las luces y sombras de Rodríguez Zapatero las aborda un interesante y documentado volumen con título que cerca la verdad de ZP: La ilusión traicionada (Dr Scott, noviembre 2025). Es un ensayo que firma el doctor y catedrático de Historia en la Universidad de Sevilla Julio Ponce Alberca (1964). Lejos del lenguaje académico y sin perder rigor o empirismo, el trabajo radiografía el acrónimo (ZP) que marca al ex presidente español. Decepciona más cuando corre el tiempo. Y lo explicaremos.
Una apropiada introducción da paso al historiador hispalense para analizar las ideas-fuerzas que regaló la torpeza de Aznar al ZP más iluminado, antes de contar nubes con el cielo azul, o ver –sonriente- brotes verdes donde había un ‘crack’ mundial (crisis subprime).
Este libro repasa a los fans del ZP más progresistas cual ‘republicanos cívicos’ en una monarquía parlamentaria según la Carta Magna. Los dimes y diretes con los EE.UU de Zapatero merecen el análisis de Ponce Alberca. Pasó de humillar al Tío Sam y su bandera a ser ninguneado por Bush Jr, íntimo de ‘Ánsar’. Las consecuencias de las progresistas normas de ZP tiñen de sombras sus avances sociales, quedando excluida la creación de la UME. Equivale a hacer creíble a militares que ayudan a su pueblo. Los alejan del cuartel, de misiones armadas ‘de paz’ y de la asonada.
Según concluye el Catedrático Ponce “los mandatos de Rodríguez Zapatero fueron la versión española de la crisis de la socialdemocracia”. Esa gran verdad anticipó e hizo caer, como castillo de naipes, gobiernos en toda Europa tras la irrupción en Moncloa del Registrador Mariano Rajoy (2011-2018).
Hoy por hoy
Rodríguez Zapatero y su íntimo ZP no decepcionan. Recomendamos leer este ensayo de un historiador curtido. Su campo investigador es la historia política y del estado español en el siglo XX. Ponce Alberca lleva décadas publicando artículos, monografías y volúmenes sobre la parte menos oficial de la crónica. Indagó en su obra el espionaje en tiempos de guerra, masonería, políticos ganadores que perdieron o ‘pucherazos’ electorales.
Su última obra enlaza con el ZP que esconde a un tipo que se mueve en varios frentes de las bambalinas del poder, la influencia y negocios de salón. Le apoyan, sospechamos, macro logias, la Internacional Socialista y lobbies del dinero y el proceder turbio: En Venezuela ‘concilió’ chavismo y opositores exiliando a más del 50% de sus ciudadanos. Es hábil vendiendo logros sobre fracasos, incluidas civilizaciones aliadas que sangran por la ortodoxia del islam y hebrea, la falsa democracia o tiranías.
Pocos ex ministros de Zapatero no mercadean con sus agendas nutridas de favores debidos tras abandonar el poder. O bien para negocios o entes beneficiados a priori por el ‘progresismo’ que se ancló en Moncloa desde 2018. Hay larga lista: Bono, Moratinos, Blanco, Salgado, Aído, Calvo…
La sombra de Zapatero palpita tras dejar La Moncloa (2011). Veinticinco años después se ligaría al sombrío rescate de Plus Ultra, aerolínea venezolana que –presuntamente- ‘blanqueó’ millones según un sumario. En el país de Bolívar tiene agenda hasta el Washington de Trump. En Cuba ‘pacificaría’, según sospechan algunos analistas, el cortijo de los Castro con un legatario (Alejandro Castro Espín). El mejor ZP se reinventa cada minuto. En Moncloa le van a la zaga. No siguen su paso frenético.
Zapatero sigue sonriendo. Gana millones, con testaferros e hijas, con sus mantras (pacifismo, talante, progresismo, libertades, esperanza, reflexión, debate). Ahora parece alejado de sus ‘panas’ venezolanos y vira a China, como sabemos imperio de libertades y derechos humanos. Ante cualquier pregunta responde en modo Bambi, como anticipó el ex vicetodo Alfonso Guerra. Zapatero o el ZP de su alter ego no aburre.