La serenidad también es una forma de resistencia

Los españoles muestran un mayor optimismo que la media europea pese a la incertidumbre internacional. El respaldo creciente a la Unión Europea revela que, frente al ruido y la polarización, la ciudadanía sigue confiando en las instituciones

07 de Julio de 2026
Actualizado a las 9:59h
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La serenidad también es una forma de resistencia

Vivimos en una época marcada por las guerras, la incertidumbre económica, el avance de la extrema derecha y una sucesión de crisis que parecen no dar tregua. Sin embargo, la última encuesta del Parlamento Europeo ofrece un resultado que merece una reflexión pausada. Los españoles afrontan ese escenario con más serenidad que la media de los ciudadanos europeos y mantienen una confianza especialmente elevada en la Unión Europea como espacio de estabilidad.

El dato resulta especialmente significativo porque rompe con uno de los estereotipos más repetidos sobre la sociedad española. Con frecuencia se presenta a España como un país instalado en el desánimo permanente, incapaz de valorar sus fortalezas y condenado a una queja continua sobre su situación política y económica. La realidad que refleja el sondeo es bastante más compleja.

El 89% de los españoles afirma sentirse satisfecho con su calidad de vida, una cifra superior a la media comunitaria. También declaran mayores niveles de confianza, serenidad y felicidad, al tiempo que la ansiedad, la frustración o la sensación de impotencia aparecen muy por debajo de los registros europeos. La incertidumbre existe, porque sería absurdo negarla, pero no se traduce en una visión derrotista del presente.

Esa percepción también ayuda a explicar el creciente respaldo al proyecto europeo. España continúa siendo uno de los países más europeístas de la Unión. El apoyo a la pertenencia a la UE alcanza el 79% y la idea de Europa como un espacio de estabilidad aumenta con fuerza en apenas unos meses. No es una adhesión sentimental. Es el reconocimiento de que, en un mundo cada vez más imprevisible, las respuestas nacionales resultan insuficientes para afrontar desafíos que trascienden cualquier frontera.

La invasión rusa de Ucrania, la guerra en Gaza, la creciente tensión en Oriente Próximo o la incertidumbre económica han reforzado la percepción de que Europa representa un marco de garantías democráticas, cooperación y seguridad jurídica. Frente a quienes alimentan el repliegue nacionalista y presentan a la Unión Europea como un obstáculo, la ciudadanía parece comprender que los grandes problemas del siglo XXI exigen respuestas compartidas.

Ese contraste adquiere especial relevancia en un momento en el que la derecha y la ultraderecha convierten con frecuencia a Bruselas en un enemigo conveniente. El Partido Popular Europeo mantiene una defensa firme del proyecto comunitario, pero buena parte de la derecha española ha asumido demasiados marcos políticos impulsados por Vox, una formación que ha construido buena parte de su discurso sobre la desconfianza hacia las instituciones europeas, el cuestionamiento de las políticas comunes y el rechazo a algunos de los avances compartidos en materia ambiental o de derechos civiles. Ese mensaje encuentra cada vez menos respaldo en una sociedad que sigue identificando Europa con estabilidad y protección.

La encuesta también desmonta otro lugar común. Los españoles no viven ajenos a los problemas reales. La inflación, el acceso a la vivienda, el empleo, la sanidad pública y el coste de la vida siguen encabezando sus preocupaciones. La diferencia es que esas inquietudes no desembocan mayoritariamente en un rechazo al sistema democrático ni en una búsqueda desesperada de soluciones autoritarias.

Resulta especialmente revelador que España otorgue más importancia que la media europea a la educación, la investigación y la sanidad como herramientas para fortalecer el futuro de la Unión. Esa prioridad refleja una concepción distinta de la seguridad. No solo importa proteger las fronteras. También importa proteger el conocimiento, los servicios públicos y la cohesión social.

La serenidad no significa conformismo. Significa confiar en que los problemas pueden resolverse desde la política, las instituciones y la cooperación democrática. Esa actitud adquiere un valor extraordinario en una etapa dominada por el ruido, la desinformación y los discursos que intentan convertir el miedo en una herramienta de movilización electoral.

España sigue teniendo enormes desafíos por delante. La vivienda continúa fuera del alcance de muchos jóvenes, la desigualdad persiste y los servicios públicos necesitan seguir fortaleciéndose. Pero la respuesta que ofrece la ciudadanía en esta encuesta deja una enseñanza valiosa. La confianza también es un recurso democrático. Y, frente a quienes pretenden construir el futuro desde el miedo y la confrontación permanente, los españoles parecen seguir apostando, mayoritariamente, por una Europa que proteja, una democracia que funcione y unas instituciones capaces de ofrecer certezas en un mundo cada vez más inestable.

 

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