Durante el pasado fin de semana, Israel ha informado de nuevos bombardeos en territorio iraní, con unos 200 objetivos alcanzados en las últimas 24 horas, principalmente en Teherán y otras grandes ciudades, en coordinación con Estados Unidos. Desde el 28 de febrero, las fuerzas israelíes aseguran haber ejecutado alrededor de 400 oleadas de ataques aéreos en el oeste y el centro de Irán.
Irán, por su parte, afirma haber atacado este fin de semana la sede de la unidad policial israelí Lahav 433 y un centro de comunicaciones por satélite de defensa en Israel mediante una oleada de drones y misiles. Teherán denuncia también bombardeos israelíes contra el aeropuerto de la capital y zonas residenciales densamente pobladas, mientras mantiene el cierre del estrecho de Ormuz como palanca estratégica.
Coste humano y bloqueo del estrecho de Ormuz
Los balances oficiales iraníes sitúan ya en más de 1.300 las personas fallecidas desde el inicio de la guerra, con al menos 223 mujeres y 202 niños entre las víctimas mortales, y más de 2.000 heridos, a consecuencia de los ataques estadounidenses e israelíes. Los datos, difundidos por el Ministerio de Salud iraní y la Media Luna Roja, apuntan a una escalada que golpea de forma creciente a la población civil.
El cierre del estrecho de Ormuz, ordenado por el liderazgo iraní, se ha consolidado como uno de los principales factores de tensión global, al afectar a una de las rutas clave del comercio mundial de petróleo y contribuir a la subida de los precios del crudo. Washington y la OTAN presionan para reabrir el enclave, mientras Moscú y Pekín señalan que los ataques de Estados Unidos e Israel vulneran el derecho internacional y reclaman el cese inmediato de las operaciones.
Qué dicen Trump, Teherán y los aliados
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha reiterado en las últimas horas que está “en contacto” con Irán, pero duda de que Teherán esté dispuesto a un acuerdo serio que ponga fin a la intervención. Trump ha advertido además a la OTAN de un “muy mal futuro” si los aliados no colaboran para reabrir Ormuz y ha dejado claro que, por ahora, no ve condiciones “lo suficientemente buenas” para pactar con Irán, al exigir garantías sobre el abandono de cualquier ambición nuclear.
Desde Teherán, el ministro de Exteriores Abbas Araqchi ha fijado públicamente las condiciones para poner fin a la guerra y ha confirmado que Irán recibe cooperación militar de Rusia y China, a las que define como “socios estratégicos”. El Gobierno iraní mantiene que el bloqueo del estrecho continuará y lo justifica como respuesta directa a los bombardeos, que considera una agresión contraria al derecho internacional.
Reacciones en Europa y en la escena internacional
En Europa, varios líderes han endurecido su discurso a medida que crece el riesgo de una guerra prolongada en Oriente Medio. El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, ha condenado tanto la escalada militar de Estados Unidos e Israel como las acciones del régimen iraní, advirtiendo de que una guerra prolongada sería devastadora para la región. Irlanda, Suiza y otros países europeos han pedido “máxima moderación” y protección de la población civil, mientras la OTAN ha condenado los lanzamientos de misiles iraníes pero evita implicarse directamente en la ofensiva.
Rusia ha calificado los ataques de Washington y Tel Aviv como una “acción imprudente” y una agresión deliberada, al tiempo que refuerza su acercamiento político y militar con Teherán. China insiste en que los bombardeos vulneran el derecho internacional, reclama su fin inmediato y vincula la estabilidad en el Golfo con su propia seguridad energética, en un contexto de precios del petróleo al alza.
Escalada y horizonte inmediato
Mientras la ofensiva aérea continúa, en Washington se discute ya abiertamente la posibilidad de una operación terrestre para garantizar la reapertura de Ormuz y forzar lo que la Casa Blanca describe como “rendición incondicional” de Irán. Un portavoz militar israelí ha reconocido que los planes de guerra se extienden, como mínimo, hasta la festividad de la Pascua judía y podrían prolongarse varias semanas más, con el objetivo declarado de “debilitar gravemente al régimen iraní”.
Sobre el terreno, la entrada de Hizbulá en el conflicto, tras semanas de mantenerse al margen, y el impacto regional de los ataques con misiles y drones iraníes en varios países del Golfo elevan el riesgo de una conflagración regional difícil de contener. En este contexto, la ventana para una salida negociada parece estrecha, pero gana peso la presión internacional para imponer al menos un alto el fuego que alivie la situación de la población civil y reduzca la amenaza de una guerra abierta en todo Oriente Próximo.