La prohibición de Fable 5 deja a Anthropic atrapada en su propio sermón

El Gobierno de EE. UU., cabreado por aparecer al lado del Papa en la presentación de su Encíclica sobre la IA, ordena restringir los nuevos modelos de Anthropic a extranjeros; la empresa los apaga para todos

14 de Junio de 2026
Actualizado a la 1:33h
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Inteligencia Artificial Poder
Foto: FreePik

El estreno de Claude Fable 5 y Claude Mythos 5 ha durado menos que una promesa electoral en campaña. Apenas unos días después de presentar sus modelos más avanzados, en la noche de este viernes a sábado pasados, Anthropic anunció que los retiraba del acceso público por una orden del Gobierno de Estados Unidos, dictada bajo argumentos de seguridad nacional y control de exportaciones. La orden obligaba a suspender el acceso de cualquier ciudadano extranjero, estuviera dentro o fuera de EE. UU., incluidos empleados no estadounidenses de la propia compañía. El resultado práctico, según Anthropic, fue apagar Fable 5 y Mythos 5 para todos sus clientes.

La operación llega envuelta en el celofán patriótico del “America First”: la tecnología puntera, en casa y para los míos; los demás, a mirar por la ventana. El problema es que la ventana es global, el producto era comercial y la empresa afectada es precisamente una de las que más había defendido que los gobiernos tuvieran capacidad para frenar despliegues peligrosos de inteligencia artificial. Ya se sabe: quien siembra vientos, a veces recoge una orden administrativa un viernes por la tarde.

Cuando el dedo de Trump señala la seguridad nacional, conviene mirar quién se queda con la luna.

Anthropic sostiene que la carta oficial llegó el 12 de junio a las 17:21, hora del Este, sin detalles concretos sobre la amenaza. La compañía interpreta que el motivo sería un posible método para sortear las barreras de seguridad de Fable 5. Pero rebaja la alarma: asegura que lo mostrado hasta ahora corresponde a vulnerabilidades menores, ya conocidas, y que otros modelos públicos también podrían descubrirlas sin necesidad de ese supuesto rodeo. En su comunicado, Anthropic menciona expresamente los despliegues de GPT-5.5 de OpenAI como ejemplo de capacidades equivalentes disponibles en el mercado. Dicho con la finura de Silicon Valley: no acusa, pero deja la piedra cuidadosamente colocada en el tejado del vecino.

El episodio tiene una ironía casi artesanal. Anthropic había construido buena parte de su identidad pública sobre la prudencia, la seguridad y la necesidad de que alguien con placa y membrete pudiera pisar el freno si los modelos se volvían demasiado potentes. Ahora el freno se lo han pisado a ella. La empresa matiza que sí cree en una intervención pública, pero solo mediante un proceso transparente, justo, claro y basado en hechos técnicos. Es decir: regulación, sí; regulación contra mí y sin explicarme el expediente, ya tal. Consejos vendo, que para mí no tengo.

La cuestión no es menor. Fable 5 era presentado por Anthropic como su modelo de uso amplio más capaz, diseñado para razonamiento complejo, tareas largas y trabajo autónomo. Mythos 5, por su parte, compartía base técnica, pero con salvaguardas levantadas en ciertos ámbitos y acceso restringido a programas de confianza, especialmente en ciberseguridad. La propia compañía había destacado avances en programación, visión, memoria, análisis documental y ciencias de la vida. Ese mismo catálogo de virtudes es ahora, bajo lectura gubernamental, un catálogo de riesgos.

La decisión también reabre la disputa política entre Anthropic y la Administración Trump. Business Insider sitúa la medida como una nueva escalada tras conflictos previos con el Pentágono por usos militares y de vigilancia, y su reciente aparición al lado del Papa Prevost. En ese contexto, la prohibición no se lee solo como una discusión técnica sobre jailbreaks, sino como un aviso de soberanía: si la IA frontier nace en EE. UU., Washington se reserva el derecho de decidir quién la toca, cuándo y bajo qué pasaporte.

América primero, sí; pero la factura, el susto y el apagón, para todos.

Para los usuarios de fuera de Estados Unidos, el mensaje es incómodo y bastante claro: depender de modelos cerrados alojados bajo jurisdicción estadounidense significa aceptar que el acceso puede desaparecer por una orden política, una sospecha de seguridad o una guerra empresarial con perfume administrativo. La soberanía tecnológica, tantas veces usada como consigna de conferencia, acaba de recibir un ejemplo práctico. Y no precisamente en PowerPoint. Y es que se repite el problema de la OTAN.

Anthropic dice que trabaja para restaurar el acceso y que considera la situación un malentendido. Puede ser. Pero el precedente ya está servido: un gobierno ha intervenido directamente sobre el despliegue comercial de modelos de IA avanzados, la empresa afectada ha retirado el producto globalmente y el resto del sector ha recibido una postal poco sutil. En inteligencia artificial, como en la vida de corral, cuando las barbas del vecino veas cortar, pon las tuyas... a entrenar un modelo soberano.

Y los chinos, partiéndose la caja en Pequín.

 

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