Los papeles del 23F: más información, pero nada nuevo bajo el sol

Los documentos desclasificados por el Gobierno dan información sobre lo que sucedió después, pero, en esencia, son detalles que complementan lo ya conocido y que no dan luz sobre los asuntos que aún quedan pendientes

25 de Febrero de 2026
Actualizado a las 15:05h
Guardar
Papeles 23F   Manuscrito 1980
Extracto del documento manuscrito de preparación del Golpe fechado en 1980

El análisis de los documentos desclasificados por el Gobierno sobre el 23F aportan más información que complementa a lo que ya se conocía sobre quién estaba realmente detrás del intento de golpe de Estado. No es una boutade sino que los documentos publicados hoy aportan poco. No se trata de un hecho aislado ni sin sentido, como se pretende exponer desde algunos sectores políticos, pero parece insuficiente para quienes esperaban más. Por ejemplo, no se ha publicado el sumario completo del juicio a los golpistas con las declaraciones íntegras de los acusados, sino resúmenes de las sesiones. 

Los documentos desclasificados del 23-F y la sentencia del Consejo Supremo de Justicia Militar sí que permiten reconstruir con mayor precisión una noche decisiva para la democracia española. Eso sí, consolidan el relato oficial: no existió apoyo de la Corona al golpe de Estado.

La nueva documentación aporta una densidad inédita al episodio. Entre los materiales desclasificados figuran transcripciones telefónicas de Carmen Díez Pereira, esposa del teniente coronel Antonio Tejero, que ofrecen un retrato doméstico y descarnado del protagonista del asalto al Congreso. Mientras en el hemiciclo se vivían horas de máxima tensión, en conversaciones privadas su esposa lo calificaba reiteradamente de “tonto” y “desgraciado” y repetía una frase que hoy adquiere dimensión simbólica: “Me lo han dejado tirado como una colilla”.

Ese lamento no es solo emocional; sugiere la percepción de abandono por parte de quienes, en la mente del golpista, debían respaldarlo. La sensación de aislamiento aparece así como un elemento estructural del fracaso del golpe. Tejero irrumpió invocando el nombre del Rey. Pero, según la reconstrucción judicial y los documentos ahora conocidos, esa invocación fue rápidamente desautorizada.

La sentencia del Consejo Supremo de Justicia Militar describe que, hacia las 20.00 horas, cuando se tuvo conocimiento de que Tejero estaba utilizando el nombre de Juan Carlos I, el entonces secretario general de la Casa del Rey, Sabino Fernández Campo, telefoneó al teniente coronel para preguntarle por sus intenciones y ordenarle que depusiera su actitud. El objetivo era inequívoco: cortar cualquier apariencia de respaldo institucional. Este hecho ya era conocido.

A partir de ese momento, la actuación del monarca con el capitán general Jaime Milans del Bosch, quien había sacado los tanques en Valencia y declarado un estado de excepción alegando un supuesto “vacío de poder”, se convierte en eje del relato judicial. El fallo detalla llamadas reiteradas, el envío de un télex y órdenes directas para retirar las tropas. A la una de la madrugada, el Rey reafirmó su decisión de mantener el orden constitucional, cumplir su juramento y no abdicar ni abandonar España, advirtiendo de la responsabilidad histórica de quienes persistieran en la sublevación. A las cuatro de la mañana, exigió la retirada del bando excepcional, orden que Milans cumplió a las 4.55, según el tribunal. Estos hechos ya eran sabidos.

Desde el punto de vista jurídico, la sentencia construye una imagen de ejercicio efectivo del mando supremo de las Fuerzas Armadas. En un golpe que pretendía legitimarse en nombre de la Corona, la desautorización pública y privada era crucial. El tribunal subrayó que “no era cierto” que el Rey apoyara el movimiento, y fundamentó esa conclusión en una secuencia precisa de hechos probados.

Sin embargo, la figura del general Alfonso Armada introduce un matiz más complejo. Armada, ex secretario de la Casa del Rey, intentó presentarse en el Congreso con la propuesta de un gobierno de concentración bajo su presidencia, la llamada “solución Armada”. La sentencia insiste en que cualquier iniciativa en ese sentido fue rechazada por Zarzuela debido a las dudas sobre su conducta. El jefe del Estado Mayor del Ejército, José Gabeiras, sostuvo que jamás sería aceptado por el Rey un Ejecutivo encabezado por Armada. No obstante, el propio fallo recoge que se le permitió, si lo estimaba imprescindible, plantearlo a título estrictamente personal y sin implicar autorización real. La distinción es jurídicamente nítida, aunque políticamente más ambigua. Todo esto ya era conocido.

La documentación desclasificada también arroja luz sobre el contexto estructural del golpe. Quizá el documento más interesante lo constituyen unas notas preparatorias fechadas en 1980 advertían de que el mayor peligro no sería el intento en sí, sino su fracaso parcial, capaz de fracturar la unidad de las Fuerzas Armadas con riesgo de guerra civil. Esa formulación revela hasta qué punto la memoria del conflicto de 1936 seguía operando como amenaza latente en la España de la Transición.

Los informes internos del Centro Superior de Información de la Defensa reconocen además que varios de sus agentes participaron o conocían los preparativos del 23-F. Se describen apoyos logísticos y movimientos de personal que, tras el fracaso del golpe, fueron cubiertos mediante la activación de la denominada “Operación Mister”. Aunque el documento niega una implicación generalizada, confirma fisuras en el aparato del Estado.

En paralelo, las grabaciones de soldados movilizados para tomar Televisión Española revelan que las órdenes contemplaban el uso letal de la fuerza. “Tirar a matar”, según uno de los testimonios. El golpe no fue una representación teatral ni una simple presión simbólica: estuvo preparado para escalar.

Todo ello se desarrollaba en un contexto político frágil. La crisis interna de la Unión de Centro Democrático y el debilitamiento del Gobierno presidido por Leopoldo Calvo-Sotelo alimentaban la percepción de desorden. La apelación al “vacío de poder” por parte de Milans no surgía en el vacío retórico; intentaba aprovechar esa inestabilidad.

El conjunto de llos archivos desclasificados cumple así una doble función. Por un lado, consolida judicialmente la tesis de que la Corona actuó contra el golpe y que no existió respaldo institucional a la intentona. Por otro, revela que la noche del 23-F estuvo marcada por ambigüedades tácticas, contactos cruzados y decisiones adoptadas bajo presión extrema. Por eso, mucho ruido y pocas nueces, más detalles que complementan a lo que ya se sabía. 

Lo + leído