El discurso de Pedro Sánchez tras los bombardeos de Estados Unidos e Israel contra Irán quedará para la historia. El presidente del Gobierno tiró de valores y principios humanistas, defendió el Derecho internacional como forma de resolver problemas entre los países y los pueblos, habló de paz, se mantuvo firme frente a la amenaza del matón Trump y hasta se permitió disertar sobre los males de la civilización occidental. Todo ello envuelto bajo una idea fuerza central: “No a la guerra”. Eficaz y sintético en lo comunicativo; digno en lo humano; emocionante en lo social y en lo político.
Tanto han impactado las palabras de Sánchez, que su comparecencia institucional ya es trending topic mundial. No tardarán en llegar las manifestaciones masivas en todo el planeta, con epicentro en España, tal como ocurrió con la invasión de Irak. Así se transforma la conciencia social global en el mundo de Internet y las redes sociales. Todos a la calle sin perder ni un solo minuto.
No se trata de comparar el alegato pacifista de Sánchez con los de aquellos grandes estadistas del pasado –Roosevelt, Churchill o Nelson Mandela–, pero sin duda su discurso pasará a la posteridad en un momento crucial, justo cuando la humanidad se encuentra bajo la sombra del yugo de las nuevas tiranías, el ciberfascismo trumpista, y al borde de la Tercera Guerra Mundial. Mientras el mafioso de la Casa Blanca lanza su aliento fétido contra nuestro país y nos amenaza con la guerra comercial (y otras), por una vez los españoles podemos sentirnos tranquilos porque estamos en el lado correcto de la historia. Ya era hora. “España es un aliado terrible”, asegura el gurú de la secta MAGA antes de sentenciarnos a la ruina económica con un inminente embargo naval. Seguramente Trump debe cree que España es algo así como una especie de Cuba europea que se puede rodear con la Sexta Flota hasta hacer caer el régimen castrista del PSOE. O quizá piense que Sánchez es un Maduro sin chándal y con traje a quien los comandos del Pentágono y la CIA pueden sacar de la Moncloa, por la fuerza y en medio de la noche, para llevarlo al penal de Brooklyn, el infierno en el Tierra. Los delirios enfermizos del Nerón de nuestro tiempo son impredecibles y cualquier cosa puede pasar, incluso que veamos asomar los cascos de los marines por las playas de Algeciras en una nueva Normandía a la inversa.
La última del tirano emperador ha sido enviar a su mujercita Melania a presidir una reunión del Consejo de Seguridad de la ONU, como si aquello fuese una pasarela de moda, que ya hay que estar “pa allá”. Pero, en cualquier caso, no debemos arrugarnos ante el señor del feudoglobalismo, por mucho que al canciller alemán Merz le hayan temblado las piernas en la Casa Blanca, postrándose servilmente ante el Tío Sam, y el poderoso Wall Street Journal haya calificado a España como el “tonto útil de Irán”. La retórica nazi siempre le dará la vuelta a la realidad en su mágico y psicopático mundo al revés. Los españoles no estamos apoyando el terror de un régimen teocrático como el iraní que trata a las mujeres a puro látigo, como siervas del macho, y sustituye el código penal por el Corán y la Policía de la Moral. Pero tampoco podemos estar al lado del nuevo nazismo que bombardea países sin ton ni son solo porque al nuevo Hitlerito le amarga la úlcera esa mañana. No podemos jugar a la ruleta rusa con la vida de millones de personas que viven cada día bajo el terror de las bombas yanquis y sionistas, tal como muy bien ha dicho el presidente español. Hay que plantarse.
Es cierto que la amenaza de embargo del nene rico y malcriado de Mar-a-Lago puede hacernos daño, mucho daño, tanto como 56.000 millones de euros que se nos pueden ir por el sumidero. Pero aún nos queda un cierto margen de maniobra para resistir a la crueldad del sicópata imperialista. No estamos solos, por fortuna formamos parte de la Unión Europea y Macron ya ha anunciado que llamará a Sánchez esta misma tarde para coordinar una respuesta común ante el desafío trumpista. En todo caso, podemos sacrificar algo de nuestros buenos vinos, aceites y jamón serrano para defender valores como la justicia, la dignidad y los derechos humanos. Si Trump no quiere las delicias ibéricas, los chinos, un pueblo milenario mucho más culto y sabio que el norteamericano, las sabrán apreciar mucho mejor que el pistolero de Wall Street. De perdidos al río.
A esta hora, no sabemos si el mono loco va a empezar a disparar sus enloquecidas pistolas en medio del Saloon español. Puede hacerlo en cualquier momento. Como también puede invadir Groenlandia o cambiarle el nombre a Europa para rebautizarla como Nueva Trumpilandia. Nadie está a salvo de un demente; Orwell tenía razón. La pregunta es qué va a hacer la UE, porque ese es el objetivo último del tonto de la gorra: dividir a los socios, destruir todo lo bueno que ha construido Europa, sumirnos en nuevas guerras mundiales para que sus amigachos de las orgías Epstein puedan llenarse los bolsillos, tal como dice Sánchez. El tipo, como buen obsesivo que es, nos tiene entre ceja y ceja como país gamberro del Eje del Mal, a la altura de Irán y Corea del Norte, y estamos sentenciados. Pues llevemos esa lacra injusta con orgullo, tal como hicimos tras el desastre del 98. Y si la pregunta es si debemos estar dispuestos a pagar con nuestro bolsillo la defensa de los valores humanos la respuesta debe ser siempre sí. Sí, sí y sí. Mejor morir de pie que vivir arrodillados, ya lo dijo el bueno de Emiliano. Viva Zapata.