"No es descartable que Marruecos dé el paso a las armas nucleares"

La modernización militar de Rabat ha encendido las alarmas en los servicios de inteligencia de España y de Europa, pero el riesgo inmediato está en la combinación de drones, misiles, inteligencia, defensa aérea y la alianza estratégica con Israel

10 de Agosto de 2026
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Misiles nucleares Trump

El rearme de Marruecos ha dejado de ser una cuestión limitada a los informes de especialistas en defensa y de los servicios de inteligencia. La adquisición de aviones de combate, helicópteros de ataque, sistemas de misiles, drones y redes de defensa aérea ha transformado la posición del reino alauí en el norte de África. España observa esa evolución desde la otra orilla del Estrecho con cierta pasividad, como ignorando el peligro que realmente está latente, mientras Argelia mantiene una carrera de capacidades con Rabat y Estados Unidos e Israel convierten al país en uno de sus socios militares más relevantes del continente africano.

La pregunta que empieza a aparecer en los análisis estratégicos es inevitable: si Marruecos ya ha dado un salto tecnológico convencional tan importante, ¿podría plantearse también la compra de armamento nuclear o el inicio de un programa militar nuclear? Según fuentes de los servicios de inteligencia consultadas por Diario Sabemos, la respuesta más responsable a esa pregunta exige separar tres realidades distintas. La primera es que Marruecos está modernizando de forma acelerada sus fuerzas armadas. La segunda es que mantiene un programa nuclear civil y de investigación, sometido formalmente al régimen internacional de no proliferación. La tercera es que, a día de hoy, no existen pruebas públicas sólidas de que Rabat esté preparando armas nucleares o negociando su adquisición. Sin embargo, las mismas fuentes señalan que "no sería descartable que Marruecos pudiera dar el paso para adquirir armas o tecnología de armamento nuclear. Pero eso, de momento, es sólo una hipótesis".

Confundir esas tres realidades sería un error analítico. También lo sería ignorar que el entorno estratégico está cambiando. La cooperación con Israel y Estados Unidos proporciona a Marruecos acceso a tecnología, entrenamiento, inteligencia y sistemas de combate que antes estaban fuera de su alcance. Eso no significa que Washington o Tel Aviv estén transfiriendo conocimientos para fabricar armas nucleares. Significa que Rabat está siendo integrado en una arquitectura militar de mayor sofisticación, y que esa integración puede aumentar su ambición, su margen de presión y su capacidad para actuar como potencia regional.

El salto militar marroquí

La modernización de las Fuerzas Armadas Reales de Marruecos responde a varios factores. El primero es la rivalidad con Argelia, una competición que se extiende desde el Sáhara Occidental hasta la influencia en el Sahel y el Mediterráneo. El segundo es el conflicto saharaui, que obliga a Rabat a mantener una capacidad militar permanente en un territorio disputado. El tercero es la ambición de convertirse en la principal potencia del Magreb y en un socio imprescindible para Estados Unidos, Israel y Europa.

En los últimos años, Marruecos ha incorporado o negociado sistemas de procedencia estadounidense, israelí, francesa y de otros países. Entre ellos aparecen cazas F-16, helicópteros de ataque Apache, lanzadores HIMARS, misiles de precisión, sistemas de defensa aérea Barak MX, plataformas de inteligencia, drones y redes de vigilancia. La estructura no es la de un ejército que simplemente sustituye material antiguo. Es la de una fuerza que intenta construir capacidades integradas en varios dominios: aire, tierra, mar, ciberespacio, inteligencia y guerra electrónica.

Un informe sobre la modernización militar marroquí identifica una red de defensa aérea que combinaría sistemas israelíes Spyder y Barak MX con plataformas de origen chino, además de misiles Harpoon, F-16, Apache y HIMARS. El modelo responde a una lógica de “disuasión defensiva” y de negación de acceso: hacer que cualquier adversario pague un coste elevado si intenta operar cerca del territorio marroquí.

Para España, el problema no consiste únicamente en comparar el número de soldados, carros de combate o aviones. El desafío está en la modernización cualitativa. Un país puede ser inferior en términos globales y, sin embargo, disponer de capacidades concretas capaces de alterar una crisis local. Los drones, los misiles de alcance extendido, la inteligencia en tiempo real, la defensa aérea y las armas de precisión permiten crear situaciones de riesgo incluso frente a un adversario con mayor presupuesto y experiencia militar.

"Eso sí, el equilibrio cambiaría radicalmente si, finalmente, Marruecos se hace con los F-35, entonces España sí que estaría en una inferioridad aérea manifiesta", advierten las mismas fuentes. 

Israel como acelerador tecnológico

La alianza entre Marruecos e Israel comenzó a adquirir una dimensión estratégica después de la normalización de relaciones promovida en el marco de los Acuerdos de Abraham. Desde entonces, la cooperación se ha extendido a la defensa aérea, los drones, la ciberseguridad, la inteligencia y la formación. Israel ha encontrado en Marruecos un socio situado en una posición geográfica privilegiada, con acceso al Atlántico, al Mediterráneo y al norte de África. Rabat ha encontrado una vía rápida para incorporar tecnología militar avanzada sin tener que desarrollar desde cero capacidades propias.

La ventaja israelí no reside solo en el material. También está en la doctrina. Israel ha desarrollado durante décadas sistemas de vigilancia, defensa antimisiles, guerra electrónica y operaciones con drones. La transferencia de equipos suele ir acompañada de formación, mantenimiento, intercambio de información y adaptación operativa. Eso permite a Marruecos dar un salto de generación en poco tiempo.

Según indican las fuentes consultadas, la cooperación marroquí-israelí facilita el acceso a tecnología de vehículos no tripulados y a sistemas de defensa que permiten a Rabat avanzar rápidamente en la modernización de sus fuerzas. La consecuencia es que Marruecos puede adquirir capacidades que, hace una década, parecían reservadas a potencias mucho más desarrolladas.

"Eso sí, hay que dejar muy claro que esta relación, de momento, no equivale a una alianza nuclear. Israel no es parte del Tratado de No Proliferación y mantiene una política de extremo secretismo respecto a sus capacidades nucleares, que las tiene, pero de ese hecho no se deduce que esté ayudando a Marruecos a construir armas atómicas. La cooperación conocida entre ambos países se concentra en ámbitos convencionales, inteligencia, vigilancia, drones, defensa aérea y tecnología militar. Las afirmaciones sobre una eventual transferencia nuclear carecen, por ahora, de pruebas públicas", afirman las fuentes consultadas.

Washington y la nueva relación estratégica

Estados Unidos considera a Marruecos un socio importante en el norte de África. La relación militar incluye ejercicios, entrenamiento, cooperación antiterrorista, compras de armamento e intercambio de inteligencia. Washington también ha valorado la posición geográfica de Rabat como plataforma para operar en el Sahel, vigilar el Atlántico y contener la expansión de Rusia y otros actores en África.

La relación tiene una dimensión política evidente. En 2020, Estados Unidos reconoció la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental, una decisión que reforzó la posición internacional de Rabat. La Administración estadounidense ha mantenido desde entonces una cooperación estrecha con el reino alauí, y la actual política de defensa parece orientada a convertir a Marruecos en uno de los principales socios militares de Washington en África.

Esa alianza inquieta a España porque la proximidad militar no siempre se traduce en una lectura compartida de los intereses territoriales. Para Washington, Marruecos puede ser un socio útil frente a Argelia, Rusia y la inestabilidad del Sahel. Para España, es un vecino que mantiene reivindicaciones sobre Ceuta y Melilla, que ha utilizado la presión migratoria como herramienta de guerra híbrida y que está aumentando su capacidad militar. La percepción de amenaza no es la misma en Madrid que en Washington.

La cooperación estadounidense tampoco implica que Estados Unidos apoye un programa nuclear marroquí, aunque el último acuerdo con Arabia Saudí, firmante también de los Acuerdos de Abraham, ha elevado el nivel de alerta. Washington ha proporcionado asistencia para usos pacíficos de la energía nuclear, investigación, seguridad radiológica y preparación ante emergencias. Esa cooperación se desarrolla dentro del marco de los acuerdos internacionales y de las salvaguardias del Organismo Internacional de Energía Atómica.

El programa nuclear civil

Marruecos no dispone actualmente de reactores nucleares de producción eléctrica en funcionamiento. Sí cuenta con un reactor de investigación TRIGA Mark II de baja potencia, utilizado para fines científicos, médicos y de formación. El proyecto se desarrolló con apoyo estadounidense y cooperación internacional. El país también ha estudiado la posibilidad de desarrollar un programa de energía nuclear civil más amplio después de 2030.

El Reino de Marruecos es parte del Tratado de No Proliferación Nuclear desde 1970 y mantiene un acuerdo de salvaguardias con el OIEA. También ratificó el Protocolo Adicional en 2011, un instrumento que permite a los inspectores internacionales obtener más información y ampliar sus mecanismos de verificación. La Agencia Internacional de la Energía Atómica ha destacado la cooperación marroquí en materia de seguridad nuclear y radiológica.

Estos datos no garantizan por sí solos que un programa no pueda desviarse en el futuro, pero sí indican que no existe una evidencia pública de que Marruecos haya iniciado una ruta militar nuclear. Un programa nuclear civil puede generar conocimiento, infraestructura, personal especializado y capacidades industriales de doble uso, pero no equivale automáticamente a un programa de armas. Para fabricar una bomba se necesitan materiales fisibles adecuados, instalaciones específicas, diseño militar, sistemas de detonación, medios de lanzamiento y una decisión política explícita de abandonar o violar compromisos internacionales.

Nada de eso aparece demostrado en el caso marroquí. No hay información pública fiable sobre instalaciones secretas de enriquecimiento de uranio, producción de plutonio con finalidad militar, ensayos nucleares o adquisición de vectores específicamente diseñados para transportar armas atómicas. Tampoco existe una declaración oficial que sugiera que Rabat pretenda abandonar el régimen de no proliferación.

¿Podría comprar armas nucleares?

Las fuentes consultadas son muy claras en este sentido: "La compra directa de armamento nuclear resulta, en el escenario actual, extremadamente improbable. Los Estados que poseen armas nucleares no suelen transferirlas a terceros países porque esa transferencia violaría los principios centrales del régimen de no proliferación y provocaría una crisis internacional inmediata. Estados Unidos no puede vender armas nucleares a Marruecos. Israel mantiene una política de secretismo, pero cualquier transferencia de ese tipo desencadenaría consecuencias geopolíticas extraordinarias".

Además, las mismas fuentes insisten en que las armas nucleares no son un producto que pueda incorporarse al inventario como un sistema HIMARS o un dron. Requieren una infraestructura completa, una doctrina de empleo, mecanismos de mando y control, sistemas de seguridad y una estructura de disuasión. Un país que adquiere misiles convencionales de largo alcance no está, por esa razón, a un paso de comprar cabezas nucleares.

Marruecos podría, en teoría, desarrollar una capacidad nuclear militar si tomara la decisión de abandonar el TNP, expulsar a los inspectores internacionales y construir instalaciones clandestinas. Pero esa ruta tendría un coste diplomático y económico enorme. El país depende profundamente de sus relaciones con la Unión Europea y Estados Unidos, y una ruptura con el régimen de no proliferación pondría en peligro su cooperación militar, su comercio y su imagen internacional.

También desencadenaría una reacción inmediata de Argelia. La rivalidad entre ambos países ya alimenta una carrera armamentística convencional. Una eventual deriva nuclear marroquí obligaría a Argelia a reconsiderar su postura estratégica y podría arrastrar a Egipto, Arabia Saudí y otros actores regionales a una dinámica de proliferación. El Magreb se convertiría en un nuevo foco de tensión nuclear, algo que ninguna potencia occidental parece interesada en provocar.

La verdadera amenaza inmediata

El debate nuclear puede ser útil como advertencia de largo plazo, pero corre el riesgo de distraer del problema real. La amenaza inmediata para España no es que Marruecos disponga mañana de una bomba atómica. Es que ya está adquiriendo capacidades convencionales que pueden cambiar la relación de fuerzas en el Estrecho, el Sáhara, el Atlántico y la frontera sur europea.

Los drones permiten vigilar, hostigar y obtener información con costes reducidos. Los misiles de precisión aumentan la capacidad de atacar objetivos a distancia. La defensa aérea complica las operaciones de un adversario. Los sistemas de inteligencia reducen el margen de sorpresa. Los helicópteros de ataque y las plataformas de reconocimiento hacen posible una respuesta rápida en escenarios limitados. Todo ello encaja con una estrategia de presión híbrida en la que Marruecos puede combinar migración, diplomacia, desinformación, ciberespionaje y demostraciones de fuerza.

La crisis de Ceuta ha mostrado cómo una operación de guerra híbrida puede generar efectos comparables a una agresión estratégica sin necesidad de utilizar armas. Miles de civiles cruzan, los centros de acogida colapsan, la Unión Europea se divide, España queda sometida a presión y Marruecos mantiene la posibilidad de negar cualquier responsabilidad directa. Si a esa capacidad se añade una fuerza armada más moderna, la capacidad de disuasión española debe ser revisada.

El riesgo no consiste en una invasión inmediata. Consiste en que Rabat interprete que España carece de voluntad política para responder. La ambigüedad sobre Ceuta y Melilla, la dependencia de la cooperación migratoria y la diferencia entre los intereses de Madrid y Washington pueden generar una percepción peligrosa: la de que el coste de presionar a España es bajo.

Argelia

La carrera militar marroquí no puede analizarse sin Argelia. Argel dispone de fuerzas armadas más pesadas, una relación militar histórica con Rusia y recursos energéticos relevantes. Marruecos intenta compensar esa ventaja con tecnología occidental, cooperación israelí, drones, inteligencia y sistemas de ataque de precisión.

El conflicto del Sáhara Occidental es el núcleo de la rivalidad. Argelia respalda al Frente Polisario, mientras Marruecos considera el territorio parte esencial de su integridad nacional. Cada mejora militar de Rabat es leída en Argel como una amenaza potencial, y cada adquisición argelina alimenta nuevas compras marroquíes. Esa dinámica puede explicar buena parte del rearme sin necesidad de atribuir a Marruecos un plan inmediato contra España.

Pero las motivaciones no se excluyen. Un arma comprada para disuadir a Argelia también puede aumentar la capacidad de presión sobre España. Un sistema desplegado en el sur puede servir para el conflicto saharaui y, al mismo tiempo, modificar el equilibrio en el Atlántico. En estrategia, las capacidades no tienen una sola función política.

El camino de España

España debe seguir con atención la evolución nuclear marroquí, pero sin caer en alarmismos. La prioridad debe ser fortalecer los mecanismos de verificación del OIEA, exigir transparencia y apoyar el régimen internacional de no proliferación. Cualquier indicio de instalaciones clandestinas, adquisición irregular de materiales o abandono de los compromisos internacionales tendría que ser comunicado inmediatamente a la Unión Europea y a Naciones Unidas.

Al mismo tiempo, Madrid necesita reconocer que el problema principal es convencional. Debe mejorar la defensa aérea, la vigilancia marítima, la protección de infraestructuras críticas, la capacidad de inteligencia y la respuesta ante drones y misiles. También tiene que revisar la situación de Ceuta, Melilla y Canarias dentro de la planificación de la OTAN y garantizar que los aliados entienden la gravedad de cualquier presión híbrida sobre territorio español.

La cooperación con Marruecos seguirá siendo necesaria. España no puede cambiar de vecino ni prescindir de la colaboración en terrorismo, comercio, energía y migración. Pero la cooperación no puede basarse en la ingenuidad. Un socio estratégico no deja de ser un actor con intereses propios y con una política territorial que puede entrar en conflicto con la española.

El rearme marroquí es real, acelerado y tecnológicamente significativo. La alianza con Estados Unidos e Israel ha permitido a Rabat acceder a sistemas de inteligencia, defensa aérea, drones, misiles y plataformas de combate que elevan su posición regional. Esa transformación puede preocupar legítimamente a España, especialmente por las reivindicaciones sobre Ceuta y Melilla y por la utilización de la presión migratoria como herramienta política.

La hipótesis nuclear debe vigilarse, no convertirse en una acusación sin pruebas. El peligro inmediato está en otra parte: en la acumulación de capacidades convencionales y en la posibilidad de que una potencia regional las utilice para reforzar una estrategia de presión híbrida. Marruecos no necesita una bomba atómica para alterar el equilibrio con España. Le basta con disponer de mejores ojos, mejores drones, mejores misiles y la certeza de que sus aliados internacionales amortiguarán las consecuencias políticas.

La verdadera pregunta no es si Rabat quiere convertirse en una potencia nuclear. La pregunta es si España está preparada para convivir con una potencia militar cada vez más sofisticada, más ambiciosa y menos dispuesta a aceptar los límites que Madrid creía consolidados.

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