La influencia de Marruecos en España y en Europa no se explica únicamente por el comercio, la inmigración o la cooperación antiterrorista. También se construye en los despachos donde se firman contratos, en los consejos de administración donde se sientan antiguos responsables políticos, en los foros empresariales donde se decide el futuro de las inversiones y en las páginas de opinión que presentan a Rabat como un socio inevitable mientras silencian las grietas de su modelo político. El poder no siempre llega acompañado de una orden diplomática. A veces aparece en forma de oportunidad económica, consultoría, viaje institucional, condecoración, contrato, asesoría o acceso privilegiado.
Marruecos ha desarrollado una red de influencia económica y política capaz de suavizar las críticas europeas y de convertir sus intereses estratégicos en una cuestión de realismo empresarial.
El asunto es especialmente relevante después de la crisis de Ceuta, de la creciente tensión entre España y Marruecos y de los discursos complacientes con Rabat que salieron del gobierno de Pedro Sánchez, de la Comisión Europea, del Partido Popular. Cuando un país vecino utiliza la presión migratoria como instrumento de presión y al mismo tiempo mantiene una relación económica estrecha con empresas europeas, la pregunta deja de ser cuánto se comercia y pasa a ser quién se beneficia de que la relación bilateral no se rompa. Ahí aparece la política de la dependencia: un Estado puede convertirse en socio imprescindible mientras mantiene comportamientos que perjudican a otro.
La economía como instrumento de poder
La capacidad productiva de un país influye en su posición internacional. También lo hacen sus exportaciones, su capacidad para atraer inversión y el control que ejerce sobre sectores estratégicos. Marruecos ha entendido esa lógica y ha transformado su economía durante las últimas dos décadas. El país sigue afrontando problemas graves de desempleo, desigualdad territorial, pobreza y dependencia agrícola, pero también ha desarrollado una potente plataforma industrial orientada a Europa.
La automoción, los fosfatos, los fertilizantes, la aeronáutica, la logística, la energía renovable y los componentes industriales han adquirido un peso creciente. Tánger Med se ha convertido en un nodo logístico de primer nivel, mientras las zonas industriales próximas al Estrecho atraen capital europeo, chino y estadounidense. El Fondo Monetario Internacional describe una economía apoyada en proyectos de infraestructura, inversión y un sector no agrícola más resistente que el agrícola, aunque advierte también de un desempleo elevado y de los efectos de la sequía sobre la población.
Las cifras de comercio muestran que Marruecos está mucho más integrado en Europa de lo que sugieren los discursos sobre un país periférico. En 2023, las exportaciones marroquíes de bienes superaron los 42.000 millones de dólares, según los datos de World Integrated Trade Solution, mientras que las exportaciones de bienes y servicios alcanzaron cifras superiores en las series del Banco Mundial. El Fondo Monetario Internacional identifica a Francia y España como mercados esenciales y sitúa las exportaciones de bienes y servicios en una trayectoria de crecimiento.
Esa relación genera influencia. España no solo compra productos marroquíes; también invierte, produce allí, utiliza sus puertos, subcontrata servicios y depende de la cooperación marroquí para gestionar flujos migratorios y amenazas de seguridad. La interdependencia puede ser beneficiosa para ambas partes, pero nunca es neutral. Quien controla un punto de producción, una ruta logística o una frontera exterior obtiene capacidad de negociación.
La cuestión es si Europa utiliza esa dependencia para promover reformas o si termina adaptándose a las exigencias de Rabat. Cuando la estabilidad de una cadena de suministro, el acceso a un mercado o la gestión de una frontera se consideran demasiado importantes para ponerlos en riesgo, la defensa de los derechos laborales, la transparencia y el derecho internacional tiende a retroceder.
El atractivo de las ventajas fiscales
Marruecos compite por atraer inversiones con costes laborales inferiores a los europeos, incentivos fiscales, zonas francas y una regulación más flexible. Eso no significa que carezca por completo de derechos laborales o medioambientales, sino que la protección y la aplicación de esos derechos son más débiles y desiguales que en la Unión Europea. Esa diferencia puede convertir la deslocalización en una fuente de rentabilidad para las empresas y en una presión sobre los trabajadores europeos.
Ninguna empresa desmantela una planta en España para trasladarla a Marruecos por altruismo. Lo hace si espera reducir costes, aumentar márgenes o acercarse a nuevos mercados. El problema aparece cuando la ventaja competitiva no procede de una innovación superior, sino de salarios más bajos, controles ambientales menos exigentes y menor capacidad de negociación sindical. En ese caso, la inversión puede crear empleo en Marruecos, pero también contribuir a una carrera a la baja en derechos.
La Unión Europea debería exigir que los acuerdos comerciales incluyan mecanismos verificables sobre salarios, jornada, libertad sindical, seguridad laboral, contaminación y condiciones de producción. Sin esas garantías, la relación económica se convierte en una transferencia de costes: Europa conserva el valor añadido, Marruecos asume parte de la precariedad y los trabajadores de ambos lados compiten en condiciones desiguales.
El problema no es que las empresas europeas inviertan en Marruecos. El problema es que los gobiernos presenten toda inversión como una victoria, aunque esa inversión se base en una asimetría de derechos que nunca aceptarían dentro de sus propias fronteras.
La monarquía y la concentración económica
Uno de los rasgos centrales del modelo marroquí es la concentración de poder económico en torno a la monarquía y a grandes grupos vinculados al Palacio. El holding Al Mada, relacionado con la familia real, mantiene participaciones relevantes en sectores financieros, mineros, telecomunicaciones, distribución y seguros. La presencia de intereses próximos al poder en la economía no implica que el rey posea literalmente el 70% de todos los valores cotizados en Casablanca, pero sí refleja una realidad: el poder económico marroquí está estrechamente conectado con el poder político.
Esa concentración puede generar seguridad para algunos inversores, porque facilita decisiones rápidas y acceso a las autoridades. También puede producir inseguridad para quienes no están conectados con los círculos adecuados. El inversor extranjero puede encontrarse ante un sistema en el que la competencia formal existe, pero las relaciones políticas, la proximidad a la monarquía y la capacidad de negociar con la administración tienen un peso extraordinario.
Transparencia Internacional y otros índices internacionales han señalado problemas persistentes de corrupción, debilidad institucional y falta de transparencia en Marruecos. Eso no demuestra que todas las inversiones estén vinculadas a sobornos, pero sí justifica una vigilancia reforzada sobre contratación pública, concesiones, explotación de recursos y asociaciones entre empresas extranjeras y grupos próximos al poder.
Puertas giratorias y expolíticos españoles
La influencia de Marruecos puede crecer a través de las puertas giratorias. Un antiguo ministro, secretario de Estado, diputado o alto funcionario conoce los mecanismos administrativos, las relaciones diplomáticas y los puntos débiles de las instituciones. Si después de abandonar el cargo se incorpora o funda una consultora, una empresa energética, un grupo logístico o una firma de relaciones públicas con intereses en Marruecos, puede aportar un valor que excede el de su experiencia profesional.
Eso no es ilegal por sí mismo. La legalidad depende de los plazos de incompatibilidad, de la naturaleza del contrato, de la actividad realizada y de si utiliza información reservada o contactos obtenidos durante el cargo. Lo que sí es problemático es la falta de transparencia. La ciudadanía tiene derecho a saber qué expolíticos asesoran a empresas con intereses en Rabat, cuánto cobran, qué clientes representan y si intervienen en asuntos relacionados con decisiones que tomaron mientras estaban en el Gobierno.
El riesgo aumenta cuando la misma persona pasa de defender públicamente una política de acercamiento a Marruecos a trabajar para empresas beneficiadas por esa política. No hace falta que exista un soborno. Basta con que haya un conflicto de intereses no declarado para que la confianza pública se deteriore.
El problema de las condecoraciones
Marruecos ha concedido condecoraciones a políticos, diplomáticos, empresarios y periodistas extranjeros. Recibir una distinción no demuestra que exista una relación de corrupción o que el premiado actúe al servicio del régimen. Las condecoraciones forman parte de la diplomacia internacional y se conceden por múltiples motivos: cooperación bilateral, promoción cultural, relaciones comerciales o servicios institucionales.
Pero también pueden ser utilizadas para construir redes de lealtad y reconocimiento. Una medalla abre puertas, crea vínculos personales y genera una obligación simbólica. Por eso el problema no está en la existencia de la condecoración, sino en la ausencia de transparencia sobre sus efectos.
Cannabis y dinero negro
La producción marroquí de resina de cannabis coloca a Marruecos como uno de los principales países de origen de hachís destinado a Europa, lo que genera decenas de miles de millones de euros. El tráfico de cannabis alimenta redes criminales, corrupción, blanqueo y violencia. También puede contaminar instituciones y fronteras. Pero, según denuncian distintas asociaciones, presuntamente una parte de ese dinero termina en una especie de caja B que serviría para, supuestamente, pagar políticos europeos o mantener una nómina de periodistas y empresarios.
El lobby pro marroquí
Sí existe un espacio de influencia favorable a Marruecos en España y Europa. Está formado por empresas con intereses en el mercado marroquí, asociaciones empresariales, ex altos cargos políticos, diplomáticos, consultores, periodistas especializados, universidades, think tanks y organizaciones que promueven la cooperación bilateral. Eso sería normal en cualquier relación internacional, pero se convierte en un problema cuando el lobby opera sin transparencia o cuando presenta los intereses de Rabat como si fueran idénticos a los intereses españoles.
La influencia se reconoce por los relatos que produce. Marruecos aparece como socio imprescindible, frontera avanzada, ejemplo de modernización, plataforma logística y garantía de estabilidad. Esas afirmaciones pueden contener parte de verdad, pero se vuelven propaganda cuando ocultan la represión política, las restricciones a la libertad de prensa, la desigualdad, las reivindicaciones territoriales y la instrumentalización de la migración.
La dependencia europea
La Unión Europea es el principal socio comercial de Marruecos. Esa relación genera prosperidad, pero también dependencia. Europa necesita cooperación migratoria, productos agrícolas, componentes industriales, fosfatos, fertilizantes, energía renovable y estabilidad en el flanco sur. Marruecos necesita acceso al mercado europeo, inversión, tecnología y financiación. La interdependencia debería producir equilibrio. Sin embargo, cuando una parte controla una frontera exterior y puede alterar el flujo migratorio, la relación se desequilibra.
La respuesta europea no puede ser premiar cada crisis con más fondos. El comisario europeo de Migración, Magnus Brunner, ha señalado que la UE debe utilizar todas sus palancas, incluida la política de visados y el comercio, para asegurar la cooperación marroquí en materia migratoria. Esa declaración apunta en la dirección correcta: la cooperación debe incluir condiciones verificables y consecuencias.
Europa debe exigir que Marruecos controle sus fronteras sin utilizar a los migrantes como instrumento de coerción. También debe reclamar transparencia en contratos, protección laboral, respeto a los derechos humanos y mecanismos contra la corrupción. Si Rabat quiere ser tratado como socio estratégico, debe asumir las responsabilidades de un socio estratégico.
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