IRPH, el regalo de Felipe González a la banca

El IRPH fue creado por un gobierno del PSOE y ha servido de rescate encubierto para las entidades financieras españolas

28 de Febrero de 2026
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IRPH Felipe Gonzalez PSOE
Felipe González, reunido con Mario Conde (presidente de Banesto) y con Alfonso Escámez (presidente Banco Central) | Foto: Ministerio de la Presidencia

Durante años, el IRPH en las hipotecas españolas fue presentado como un índice oficial, técnico y seguro. Sin embargo, su comportamiento histórico revela una característica que lo distingue del euríbor: su tendencia estructural a resistirse a la baja. En la práctica, el IRPH funcionó como una cláusula freno, un mecanismo que amortiguaba las caídas de los tipos de interés y garantizaba a las entidades financieras márgenes superiores incluso en ciclos de crisis. Es decir, fue un rescate encubierto a los bancos que se diseñó y aprobó durante el último gobierno de Felipe González, es decir, del PSOE.

La clave reside en su propia construcción. A diferencia del euríbor, el IRPH se calcula a partir de la media de los tipos de interés aplicados por las propias entidades en sus préstamos. Esto introduce un elemento circular: si los bancos elevan los diferenciales que aplican a sus clientes, ese incremento termina repercutiendo en el propio índice, lo mismo que las comisiones. El resultado es un indicador que incorpora las decisiones comerciales de las entidades y, por tanto, tiende a mantener niveles más altos de forma estructural.

Salvavidas financiero en la crisis

Durante la crisis financiera de 2008 y los años posteriores, cuando el euríbor se desplomó hasta niveles próximos a cero, cerca de un millón de hipotecados referenciados al IRPH continuaron pagando cuotas significativamente más elevadas. Desde el punto de vista social, esto supuso un sobrecoste para familias ya tensionadas por el desempleo y la recesión. Desde el ángulo bancario, en cambio, operó como colchón de ingresos.

Un episodio ilustrativo se produjo en el Parlament de Catalunya, cuando alto directivo de Caixa Laietana reconoció en comisión de investigación que su entidad mantenía solvencia gracias a la “indexación de créditos más ventajosa”, basada en el IRPH, que proporcionaba un margen financiero superior al de aquellas entidades que habían apostado por el MIBOR o el euríbor. La afirmación es reveladora: el índice no solo protegía a los bancos de la volatilidad, sino que en momentos de estrés sistémico aportaba liquidez adicional.

En términos macroeconómicos, podría sostenerse que los afectados por el IRPH contribuyeron indirectamente a estabilizar parte del sistema financiero español al mantener un flujo constante de ingresos cuando otros activos se depreciaban. Esa transferencia silenciosa de recursos desde hogares hacia balances bancarios es uno de los ejes centrales del debate público.

Estructura y concentración bancaria

La evolución del IRPH no puede entenderse sin considerar la estructura del mercado hipotecario español. En un entorno de competencia real, consumidores informados y supervisión rigurosa, elevar diferenciales conllevaría pérdida de cuota de mercado. Pero el sector financiero español atravesó, tras la crisis, un proceso acelerado de concentración. Menos actores implican menor presión competitiva.

En ese contexto, el desconocimiento técnico de la mayoría de los consumidores respecto a conceptos como “diferencial” facilitó una dinámica particular: mantener diferenciales relativamente contenidos en el momento de la firma, pero beneficiarse de su impacto agregado en el cálculo del índice. Si los diferenciales suben, el IRPH también lo hace. Y cuando llegan las revisiones semestrales o anuales, las cuotas aumentan aunque el entorno general de tipos sea bajista. Además, según la normativa del Banco de España, el diferencial de las hipotecas IRPH debía ser negativo, algo que los bancos no hicieron. 

El mecanismo es sofisticado, pero su efecto es simple: el IRPH tiende a encarecer las hipotecas en comparación con el euríbor en fases de descenso de tipos. Para la banca, esto significa estabilidad y rentabilidad; para el cliente, menor transmisión de las rebajas monetarias.

Impacto social

El efecto acumulado de cuotas más elevadas durante años tiene consecuencias sociales palpables. Familias que no se beneficiaron de la caída histórica de los tipos vieron cómo su capacidad de ahorro se debilitaba. En términos agregados, esto implicó una transferencia de renta que afectó al consumo interno y a la percepción de equidad del sistema financiero.

El caso del IRPH muestra cómo es la arquitectura de los mercados financieros en complicidad con el poder político. Los índices de referencia no son neutrales: su diseño altera la distribución de riesgos y beneficios entre entidades y clientes. En este sentido, el IRPH actuó como estabilizador de márgenes bancarios en tiempos de crisis, pero a costa de limitar la transmisión de alivio monetario a los hogares.

Desde una perspectiva política y económica, el debate trasciende lo jurídico. Se trata de evaluar cómo decisiones técnicas aparentemente menores pueden tener efectos redistributivos significativos. La estabilidad del sistema financiero es un bien público; la transparencia y la equidad en la contratación hipotecaria también lo son.

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