Interinos: no conceder la fijeza le costará al Gobierno más de 40.000 millones de euros

Tras la sentencia Obadal, distintos juzgados han condenado a las administraciones con cuantiosas indemnizaciones a las que habría que sumar las sanciones que la Comisión Europea impondrá en breve a España

24 de Abril de 2026
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Sanchez interinos fijeza
Pedro Sánchez, en una imagen de archivo | Foto: PSOE

La reciente evolución de la jurisprudencia europea y su impacto en el ordenamiento español abre un escenario de enorme trascendencia económica y política: el coste potencial de no conceder la fijeza a los trabajadores interinos en la Administración pública podría superar los 40.000 millones de euros. Esta cifra, que comienza a perfilarse a partir de resoluciones judiciales concretas como la dictada en Vigo, transforma lo que hasta ahora era un debate jurídico en un problema estructural de primer orden para las cuentas públicas.

El punto de inflexión se sitúa en la última sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, que cuestiona de manera directa la eficacia de las medidas adoptadas por España para sancionar el abuso de la temporalidad en el sector público. El tribunal europeo ha considerado insuficientes tanto la normativa vigente como la interpretación realizada por el Tribunal Supremo, dejando en evidencia un vacío sancionador que obliga a replantear las soluciones jurídicas aplicables a cientos de miles de trabajadores.

En este contexto, la resolución del Juzgado de lo Social de Vigo marca un precedente especialmente relevante. La indemnización reconocida (superior a 52.000 euros) a una trabajadora vinculada al Consejo Superior de Investigaciones Científicas introduce un elemento disruptivo: incluso en casos donde el empleado ha accedido posteriormente a una plaza estable, la justicia comienza a reconocer el perjuicio derivado de años de abuso en la contratación temporal. Este criterio abre la puerta a una avalancha de reclamaciones que podría tener un impacto presupuestario sin precedentes.

El elemento clave del análisis reside en la extrapolación de este tipo de indemnizaciones al conjunto del sector público. España cuenta con una bolsa estructural de interinos que, durante años, han encadenado contratos temporales en condiciones que ahora están siendo cuestionadas por la justicia europea. Si cada caso derivara en compensaciones similares a las fijadas en Vigo, el cálculo agregado supera con facilidad los 40.000 millones de euros, una cifra que situaría este problema al nivel de las grandes crisis fiscales recientes.

Desde una perspectiva jurídica, la disyuntiva es clara: o bien se avanza hacia la fijeza como medida sancionadora del abuso, o bien se asume un coste económico masivo en forma de indemnizaciones. La primera opción plantea resistencias políticas y doctrinales, al chocar con principios tradicionales del acceso al empleo público basados en mérito y capacidad. La segunda, sin embargo, introduce un riesgo fiscal difícilmente asumible sin afectar a la sostenibilidad presupuestaria.

El problema trasciende el ámbito técnico y se proyecta de lleno en la arena política. La falta de una respuesta legislativa clara tras los pronunciamientos europeos está generando un escenario de inseguridad jurídica en el que son los tribunales de instancia los que están marcando el camino. La sentencia de Vigo no es un hecho aislado, sino el indicio de un cambio de tendencia que podría multiplicarse en los próximos meses.

A ello se suma un factor adicional: el reconocimiento de la figura del “indefinido no fijo” como solución intermedia queda cada vez más cuestionado. La decisión del tribunal vigués sugiere que esta categoría no neutraliza el daño causado por la temporalidad abusiva, lo que refuerza la idea de que las administraciones podrían enfrentarse a responsabilidades acumuladas incluso en procesos de estabilización ya resueltos.

En términos económicos, el impacto de un escenario de indemnizaciones masivas obligaría a redefinir prioridades presupuestarias, comprometiendo partidas esenciales o incrementando el endeudamiento público. El coste de no actuar o de hacerlo de forma insuficiente podría ser muy superior al de adoptar soluciones estructurales como la consolidación de plazas a través de la fijeza.

La combinación de la doctrina del Tribunal de Justicia de la Unión Europea y las primeras resoluciones de los tribunales españoles dibuja un horizonte en el que la inacción tiene un precio cuantificable y elevado. La cuestión ya no es únicamente cómo corregir el abuso de la temporalidad, sino cuánto está dispuesto a pagar el Gobierno por no reconocer la fijeza.

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