Interinos: Bruselas humilla al Gobierno Sánchez

Diario Sabemos lleva meses advirtiendo del enorme coste que iba a suponer para el Estado la incapacidad del gobierno Sánchez para dar la única solución viable para resolver la cuestión de los interinos: la fijeza

15 de Mayo de 2026
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Interinos: Sanchez Obadal
Imagen generada con la herramienta de IA Grok

La advertencia llevaba meses sobre la mesa y ahora empieza a materializarse con toda su crudeza institucional, jurídica y presupuestaria. Desde hace tiempo, Diario Sabemos venía alertando de que la incapacidad del Estado para resolver el abuso de la temporalidad en las administraciones públicas terminaría desembocando en un conflicto de enormes dimensiones económicas y políticas. La reciente doctrina del Tribunal Supremo confirma que España no solo incumplió sus compromisos con Bruselas, sino que además abre la puerta a una avalancha de reclamaciones indemnizatorias contra las administraciones.

El problema ya no es únicamente laboral. Se trata de una crisis estructural y de un fracaso legislativo que amenaza con convertirse en uno de los mayores costes económicos derivados de la mala planificación administrativa de las últimas décadas.

Fracaso

Las cifras son contundentes. Pese al incremento de plantillas en el sector público durante los últimos años, la temporalidad en las administraciones públicas alcanzó el 27,4% en 2025, incluso dos puntos por encima de los niveles registrados cuando Pedro Sánchez llegó al poder. El dato desmonta el discurso oficial sobre la estabilización del empleo público y revela que buena parte del refuerzo de personal se realizó mediante contratos temporales y nombramientos interinos.

La situación adquiere una gravedad especial porque España había asumido compromisos concretos con la Comisión Europea dentro del Plan de Recuperación. Bruselas exigió reformas capaces de prevenir y sancionar el abuso de temporalidad en el sector público para desbloquear fondos europeos. Sin embargo, el Ejecutivo no logró sacar adelante una verdadera Ley de Función Pública ni tampoco desarrollar mecanismos efectivos para adaptar el sistema español a la Directiva 1999/70 de la Unión Europea.

La anterior legislatura ya evidenció la fragilidad parlamentaria del Gobierno. La prometida reforma integral quedó reducida al Real Decreto-ley 14/2021 y posteriormente a la Ley 20/2021, concebidas como soluciones parciales y urgentes. Pero ni siquiera esas medidas han logrado satisfacer las exigencias europeas ni contener el problema.

Europa desmonta el trilerismo de Sánchez

Las sentencias del Tribunal de Justicia de la Unión Europea de febrero y junio de 2024 marcaron un punto de inflexión. Luxemburgo dejó claro que el sistema español seguía sin establecer sanciones eficaces contra el abuso de temporalidad laboral en el sector público. La respuesta de Bruselas fue demoledora: retirar 626,6 millones de euros del Plan de Recuperación al considerar incumplido el denominado “hito 144”.

La reciente sentencia del TJUE de abril de 2026 profundizó todavía más en esa tesis. El tribunal europeo reiteró que medidas como convertir al trabajador en “indefinido no fijo”, pagar indemnizaciones por cese o convocar procesos de estabilización no constituyen sanciones suficientes para prevenir el abuso.

El mensaje comunitario es jurídicamente devastador porque cuestiona la arquitectura completa diseñada por el Estado español durante más de dos décadas para gestionar la interinidad en la administración pública. Durante años, miles de trabajadores encadenaron contratos o nombramientos temporales sin que existiera una sanción real para la administración incumplidora.

Tribunal Supremo

El giro más trascendental llega ahora desde el Tribunal Supremo sobre temporalidad. La nueva doctrina establece por primera vez indemnizaciones “reparatorias” individualizadas para compensar el daño moral y profesional sufrido por trabajadores víctimas de abuso de temporalidad.

Aunque el caso analizado afecta a personal laboral, el alcance jurídico de la sentencia podría extenderse mucho más allá y terminar impactando también sobre los funcionarios interinos, que constituyen el grueso de la temporalidad pública en España.

El Supremo fija una “indemnización presuntiva mínima” de entre 1.000 y 10.000 euros, tomando como referencia las sanciones previstas en la LISOS. Sin embargo, la cifra podría incrementarse si el afectado acredita mayores perjuicios profesionales o personales derivados de años de precariedad institucional.

La dimensión política y económica del fallo resulta potencialmente explosiva. El magistrado Rafael Antonio López, en un duro voto particular, advierte expresamente del riesgo de “reclamaciones indemnizatorias masivas” que, según sostiene, se habrían evitado mediante el reconocimiento directo de la fijeza.

Esa afirmación encierra una enorme carga política porque sitúa el foco sobre la estrategia seguida por los distintos gobiernos para evitar convertir en fijos a miles de empleados públicos temporales. El Estado optó durante años por soluciones transitorias y procesos selectivos extraordinarios en lugar de afrontar de manera estructural las exigencias del derecho europeo sobre temporalidad.

Factura millonaria

La combinación de pérdida de fondos europeos y posibles indemnizaciones masivas amenaza con convertirse en un problema presupuestario de primer orden.

El propio voto particular del Supremo apunta a que podrían reclamar trabajadores afectados desde el 10 de julio de 2001, fecha límite para la correcta transposición de la Directiva 1999/70 al ordenamiento jurídico español. Si esa interpretación termina consolidándose, el volumen de litigios podría saturar los juzgados de toda España y provocar una factura multimillonaria para comunidades autónomas, ayuntamientos y organismos públicos.

El escenario resulta especialmente delicado para las autonomías, responsables de los grandes servicios públicos esenciales como sanidad, educación o servicios sociales. Son precisamente esos sectores los que acumulan mayores tasas de empleo temporal en el sector público.

Choque político

Tras la sentencia, el Ministerio de Función Pública trató de desplazar parte de la responsabilidad hacia las comunidades autónomas, recordando que la Administración General del Estado mantiene una temporalidad inferior al 5%, mientras que algunas regiones alcanzan cifras cercanas al 40%.

Sin embargo, el argumento presenta importantes contradicciones políticas y administrativas. Las autonomías llevan años denunciando que la tasa de reposición impuesta desde los Presupuestos Generales del Estado limitó severamente la capacidad para convocar plazas estructurales. Esa restricción, congelada desde 2023 por la ausencia de nuevos presupuestos, obligó a cubrir necesidades permanentes mediante fórmulas temporales.

Paradójicamente, el exministro José Luis Escrivá, ahora gobernador del Banco de España, había reconocido anteriormente que la tasa de reposición imponía una planificación “a corto plazo” incompatible con las necesidades reales de las administraciones.

El conflicto revela una responsabilidad compartida entre gobiernos centrales y autonómicos, pero también expone la incapacidad del sistema político español para alcanzar consensos estables sobre la reforma de la función pública.

Bruselas mantiene abierta la amenaza contra España

Lejos de cerrarse, el conflicto puede agravarse aún más en los próximos meses. La Comisión Europea contra España mantiene abierto desde 2014 un procedimiento de infracción por incumplir la Directiva europea sobre empleo temporal.

El Dictamen Motivado emitido por Bruselas en abril vuelve a insistir en que las reformas aprobadas en 2021 son insuficientes para sancionar adecuadamente el abuso de temporalidad. La posición europea coincide plenamente tanto con el TJUE como con la nueva doctrina del Supremo.

La consecuencia puede ser devastadora para el Estado español: sanciones millonarias adicionales y la obligación de acometer reformas legislativas profundas bajo presión europea.

En términos políticos, el caso representa también el retrato de una legislatura marcada por el bloqueo parlamentario. Ni la reforma de la carrera judicial y fiscal ni la nueva Ley de Función Pública han logrado avanzar en el Congreso. Mientras tanto, el problema sigue creciendo.

Diario Sabemos venía advirtiendo desde hace meses que la combinación de incumplimientos europeos, precariedad estructural y ausencia de reformas acabaría generando un choque judicial de grandes dimensiones. La realidad empieza ahora a confirmar aquel diagnóstico: España no solo afronta una crisis laboral en el sector público, sino un serio problema de seguridad jurídica, credibilidad institucional y sostenibilidad presupuestaria.

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