La afirmación de que "Hitler ganó las elecciones y por eso llegó al poder" confunde tres hechos diferentes: los resultados del partido nazi, el nombramiento de Adolf Hitler como canciller y la posterior construcción de la dictadura. Los nazis fueron la primera fuerza electoral de Alemania en 1932, pero nunca consiguieron una mayoría absoluta en unas elecciones libres. Hitler fue nombrado jefe del Gobierno el 30 de enero de 1933 por el presidente Paul von Hindenburg.
La diferencia importa porque altera la explicación de cómo se destruyó la República de Weimar. Presentar aquella catástrofe como una decisión mayoritaria de los electores oculta la responsabilidad de quienes facilitaron su acceso al Gobierno. Negar que el nazismo tenía un respaldo electoral masivo también falsea lo sucedido. Ambos errores deben corregirse con independencia de que los repita alguien de izquierdas o de derechas.
Hitler perdió las elecciones presidenciales de 1932
Hitler se presentó a las elecciones presidenciales de 1932 y fue derrotado. En la segunda vuelta, celebrada el 10 de abril, Hindenburg obtuvo aproximadamente el 53 % de los votos, frente a algo menos del 37 % del dirigente nazi. La elección directa para la jefatura del Estado tuvo, por tanto, un vencedor que no fue Hitler.
Aquella votación no debe confundirse con las elecciones al Reichstag, el Parlamento alemán, celebradas en julio y noviembre del mismo año. Las presidenciales decidían quién ocuparía la jefatura del Estado; las parlamentarias distribuían los escaños entre los partidos. El nombramiento del canciller correspondía al presidente.
Decir que Hitler no fue elegido directamente canciller es correcto, pero necesita esa explicación: el sistema no contemplaba una votación popular para escogerlo. La cuestión decisiva es cómo consiguió que Hindenburg lo nombrara y quiénes contribuyeron a que lo hiciera.
El partido nazi ganó las parlamentarias, pero sin mayoría absoluta
En julio de 1932, el Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán, conocido por las siglas NSDAP, obtuvo alrededor del 37 % de los votos y 230 diputados. Fue la fuerza más votada y la que consiguió más escaños, aunque quedó lejos de disponer de una mayoría absoluta.
En noviembre, los nazis retrocedieron: perdieron unos dos millones de votos y bajaron a 196 diputados, con aproximadamente el 33 % de los sufragios. Conservaron la primera posición, pero salieron debilitados de las urnas. El nombramiento de Hitler llegó después de ese retroceso electoral.
Por eso, afirmar sin matices que «Hitler no ganó las elecciones» tampoco resuelve el problema. Si ganar significa quedar primero en votos y escaños, su partido sí ganó aquellas dos convocatorias. Si se pretende afirmar que una mayoría de los alemanes lo eligió para gobernar, se está atribuyendo a los resultados algo que no demostraron.
Por qué Hindenburg nombró canciller a Hitler
El 30 de enero de 1933, Hindenburg entregó la Cancillería a Hitler mediante el procedimiento constitucional vigente. Ese nombramiento, y no una nueva victoria electoral, fue el acto que lo convirtió en jefe del Gobierno.
La decisión estuvo precedida por una crisis política y por negociaciones en las que desempeñó un papel central el conservador Franz von Papen. Quienes promovieron aquella salida creyeron que podrían encauzar a Hitler dentro de un Gobierno con amplia presencia de políticos no nazis. Su fuerza electoral lo había convertido en un actor fundamental, pero fueron esas decisiones políticas las que le abrieron finalmente el acceso al Ejecutivo
La responsabilidad de esos dirigentes no desaparece porque el nombramiento utilizara un mecanismo legal. Tampoco puede explicarse todo como una operación de despacho: millones de electores habían apoyado a una organización abiertamente antidemocrática. La combinación de respaldo popular y colaboración conservadora permite entender lo que la frase «ganó las elecciones» deja fuera.
Las elecciones de marzo de 1933 ya se celebraron bajo represión
Cuando Alemania volvió a votar, el 5 de marzo de 1933, Hitler llevaba más de un mes al frente del Gobierno. La campaña estuvo marcada por la violencia, la intimidación y la persecución de sus adversarios. Esos comicios no pueden presentarse como una competición libre que lo llevó a la Cancillería: ya la ocupaba y estaba utilizando el poder contra la oposición.
Incluso en esas condiciones, el partido nazi obtuvo el 43,9 % de los votos. La mayoría parlamentaria dependió de la suma con sus socios nacionalistas del DNVP, que consiguieron aproximadamente el 8 %.
El paso decisivo para desmantelar el control parlamentario llegó con la Ley Habilitante de marzo. Los diputados comunistas no pudieron participar, pues estaban detenidos, huidos o en la clandestinidad. Los 94 socialdemócratas presentes votaron en contra, mientras que el Centro católico y otras fuerzas apoyaron la norma que permitió al Gobierno legislar al margen del Parlamento.
Qué falsea la frase "Hitler llegó al poder por las urnas"
La frase resulta engañosa cuando presenta el nombramiento de Hitler y la instauración de su dictadura como una consecuencia automática de una decisión electoral mayoritaria. También lo sería sostener que los votos no tuvieron ninguna importancia: sin aquella movilización de masas, su capacidad para reclamar el Gobierno habría sido muy distinta.
El rigor debe exigirse por igual a la izquierda y a la derecha, pero eso obliga a discutir afirmaciones concretas, sin atribuir una misma mentira a dos bloques políticos enteros. Ni hubo una mayoría absoluta nazi en elecciones libres ni faltó un enorme respaldo popular al nazismo.
La advertencia histórica reside en cómo se combinaron esos factores: un partido contrario a la democracia se convirtió en el más votado, unos dirigentes conservadores facilitaron su llegada al Gobierno y, desde las instituciones, Hitler destruyó las libertades necesarias para poder disputarle el poder. Reducir ese proceso a una frase sobre las urnas impide reconocer las decisiones que lo hicieron posible.
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