Las grandes empresas utilizan la ingeniería financiera para sacrificar a sus trabajadores

Las recompras de acciones de las grandes empresas dispara los precios bursátiles mientras los trabajadores pierden salarios y empleos. Descubre cómo el sistema financiero sacrifica a millones y qué consecuencias traerá para tu bolsillo

29 de Diciembre de 2025
Actualizado a las 12:13h
Guardar
Grandes Empresas Recompra
Foto: FreePik

En la última década, las grandes empresas estadounidenses y europeas han incrementado de forma exponencial la recompra de acciones propias, una práctica que, aunque legal y perfectamente justificada desde el punto de vista financiero, plantea serias cuestiones sociales y económicas. Lo que comenzó como un mecanismo para ajustar la estructura de capital y mejorar los ratios de rentabilidad se ha convertido en una estrategia que prioriza los intereses de los accionistas por encima de la inversión productiva y el bienestar de los trabajadores.

Según datos de la Reserva Federal y de la Comisión Europea, las recompras de acciones en Estados Unidos superaron los 800.000 millones de dólares en 2024, mientras que en Europa, los principales grupos cotizados incrementaron su gasto en esta partida en más del 50% en los últimos cinco años. A simple vista, estas cifras reflejan un aumento del valor para los accionistas, pero el precio social y económico es mucho más profundo.

Destrucción de la inversión productiva

El primer efecto negativo se observa en la reducción de la inversión en capital humano y tecnológico. Las empresas que destinan recursos millonarios a recomprar acciones tienen menos margen para incrementar salarios, mejorar condiciones laborales o financiar investigación y desarrollo. Un informe del Economic Policy Institute indica que, en promedio, por cada 10.000 millones de dólares destinados a recompra de acciones, se dejan de crear aproximadamente 20.000 puestos de trabajo bien remunerados en sectores estratégicos.

El resultado es un círculo vicioso: la recompra aumenta artificialmente el precio de las acciones y mejora indicadores como el beneficio por acción (EPS), lo que genera un atractivo adicional para los inversores, mientras los trabajadores no participan de manera proporcional en la riqueza que ayudan a generar. Así, las recompensas se concentran en la cúspide corporativa y entre los accionistas, mientras la clase media y los empleados de base enfrentan estancamiento salarial y precarización laboral.

Impacto en la desigualdad

Las recompras de acciones contribuyen directamente al incremento de la desigualdad económica. Según un estudio del Institute for Policy Studies, el 90% del valor generado por recompras beneficia al 10% más rico de la población, consolidando la concentración de riqueza y debilitando la capacidad de consumo de la clase media. Este fenómeno no es inocuo: la menor capacidad adquisitiva se traduce en menor demanda agregada, afectando al crecimiento económico y potenciando tensiones sociales.

Además, las recompras generan expectativas cortoplacistas en los mercados. Las empresas priorizan el incremento inmediato del valor bursátil sobre la sostenibilidad a largo plazo, lo que puede aumentar la volatilidad financiera y reducir la resiliencia de los negocios frente a crisis económicas. Este patrón, observado antes de la crisis de 2008, vuelve a cobrar relevancia, ahora en un contexto de inflación elevada y aumento del endeudamiento corporativo.

Gobernanza corporativa

Las recompras también revelan un conflicto estructural en la gobernanza corporativa: los directivos son incentivados a maximizar el valor de las acciones, muchas veces mediante esquemas de bonos vinculados al precio bursátil, en lugar de priorizar la inversión productiva o la sostenibilidad laboral. Esta lógica financiera contrasta con la función social de las empresas en la economía moderna, que debería incluir la protección del empleo, la inversión en innovación y el desarrollo económico local.

El coste social de la valorización bursátil

Si bien las recompras de acciones pueden interpretarse como un instrumento financiero legítimo, su proliferación sin límites plantea riesgos sociales y económicos significativos. La práctica incrementa la desigualdad, desincentiva la inversión productiva, y prioriza el beneficio inmediato de los accionistas sobre el bienestar de los trabajadores. A medida que los precios bursátiles suben gracias a estas operaciones, las economías de familias de clase media y trabajadora se enfrentan a salarios estancados, menor seguridad laboral y menor capacidad de consumo.

La recompra de acciones, entonces, deja de ser un simple mecanismo contable y se transforma en un síntoma de un sistema corporativo que favorece la riqueza concentrada sobre la prosperidad general. En última instancia, si no se acompaña de políticas regulatorias y fiscales que incentiven la inversión real y protejan a los trabajadores, la práctica amenaza con profundizar la desigualdad y la tensión social en los próximos años.

Lo + leído