Feijóo y la comodidad de las convicciones selectivas

El líder del PP asegura compartir de la primera a la última palabra el discurso del Papa, aunque algunas de sus posiciones recientes invitan a preguntarse si el entusiasmo alcanza realmente a todos los mensajes pronunciados en el Congreso

09 de Junio de 2026
Actualizado a las 10:55h
Guardar
Feijóo y la comodidad de las convicciones selectivas

Hay una tentación frecuente en política. Apropiarse de los discursos que gozan de prestigio moral sin asumir necesariamente todas sus consecuencias. Ocurre con las constituciones, con los grandes referentes históricos y también con las figuras religiosas cuando su autoridad trasciende el ámbito de la fe.

Alberto Núñez Feijóo ha asegurado que comparte "de la A a la Z" la intervención del Papa ante el Congreso. La afirmación resulta tan rotunda que casi obliga a detenerse en ella.

Porque el discurso del Pontífice fue, efectivamente, una defensa de la dignidad humana, del fortalecimiento institucional y de la convivencia democrática. Pero también incluyó apelaciones explícitas contra la descalificación permanente del adversario, contra la degradación del debate público y contra las dinámicas de confrontación que terminan convirtiendo la política en un ejercicio de demolición mutua.

Es precisamente ahí donde aparecen algunas contradicciones difíciles de ignorar.

Durante los últimos años, el Partido Popular ha construido buena parte de su estrategia política alrededor de una impugnación constante de la legitimidad del Gobierno. No se ha limitado a criticar sus decisiones o a cuestionar sus políticas. Ha instalado en numerosas ocasiones un relato según el cual España se encontraría ante una suerte de emergencia democrática permanente.

La crítica forma parte de la democracia. La deslegitimación sistemática del adversario termina debilitando la propia democracia que se dice defender.

Por eso llama la atención que Feijóo reivindique con tanto entusiasmo un discurso que contenía precisamente una llamada a rebajar la temperatura política. Sobre todo porque buena parte del lenguaje utilizado por la oposición durante esta legislatura ha transitado en dirección contraria.

Tampoco deja de resultar llamativa la referencia a las convicciones.

El líder popular lamenta que exista un déficit de respeto hacia ellas. La observación podría compartirse sin demasiadas dificultades. El problema aparece cuando se examina qué ocurre con aquellas convicciones que no encajan dentro del propio marco ideológico.

Porque el respeto a las convicciones exige una cierta coherencia. No consiste únicamente en reclamar consideración para las propias creencias. También implica reconocer la legitimidad democrática de quienes sostienen posiciones diferentes.

La misma intervención del Papa apelaba a una política capaz de integrar, dialogar y reconocer la pluralidad social. Un planteamiento que encaja con dificultad en determinados acuerdos territoriales del PP con Vox, especialmente cuando se recurre a conceptos como la "prioridad nacional" para abordar fenómenos tan complejos como la inmigración.

Las convicciones son valiosas cuando ayudan a comprender la realidad. Se convierten en un problema cuando sirven para simplificarla.

Existe además una dimensión particularmente irónica en toda esta escena. Feijóo ha querido presentar al Papa como una referencia frente a una política dominada por la crispación. Sin embargo, buena parte de quienes han contribuido a instalar esa crispación llevan años sentados en los mismos espacios políticos que ahora celebran las palabras del Pontífice.

La política española vive una situación curiosa. Prácticamente todos sus protagonistas denuncian la polarización. Son muchos menos los que parecen dispuestos a renunciar a los beneficios que obtienen de ella.

Quizá por eso el discurso del Papa fue recibido con tanto entusiasmo. Porque resulta más sencillo aplaudir una llamada a la concordia que practicarla.

La verdadera prueba no consiste en compartir una intervención solemne pronunciada desde la tribuna del Congreso. Consiste en trasladar ese mensaje a la actividad política cotidiana, a las declaraciones de cada mañana, a las campañas electorales, a las redes sociales y a la forma de relacionarse con quien piensa diferente. Ahí es donde las convicciones dejan de ser palabras y empiezan a convertirse en hechos.

Lo + leído